Sintra siempre apetece

Esta villa de cuento está ubicada a treinta kilómetros de Lisboa y os puedo asegurar que enamora en cuanto la pisas. La mezcla de estilos arquitectónicos, la paleta de colores que irradia, su tranquilidad y los bancos de niebla que se ciernen sobre sus alrededores, hacen de este destino uno de los más románticos de Portugal. ¿Queréis conocer algunas de las las mejores pistas? ¡Allá vamos!

Pasear por el centro de Sintra es como trasladarse hasta un mundo de fantasía. La magia empieza en el Palacio Nacional de Sintra, la antigua estancia de los reyes portugueses que ahora utilizan para organizar conciertos de música clásica y recepciones oficiales.  Fuera del casco urbano os espera otra visita imprescindible, el Palacio de Monserrate, que combina influencias góticas, indias y mudéjares. Lo más singular son sus diversos jardines por la que serpentean incontables senderos en los que podréis contemplar sus más de cinco mil especies de flora.

Gobernando la sierra cercana se erige el colorido -y completamente instagrameablePalacio da Pena, uno de los monumentos más famosos del país y máximo exponente del romanticismo del siglo XIX. Esta imponente construcción se encuentra rodeada de exuberantes jardines que acogen quinientas especies de árboles de todo el mundo. Dentro del Parque da Pena, en la zona occidental, no hay que perderse la villa de la Condesa d’Edla. Desde su balcón se puede admirar el mar y en su jardín se encuentran exóticas colecciones botánicas. Otra de las principales atracciones que no os debéis perder es el Castillo de los Moros. Se trata de una fortificación militar situada en una de las cimas de la sierra de Sintra, construida alrededor del siglo X tras las invasiones musulmanas a la Península Ibérica.

Desde siempre y debido a su encanto Sintra ha atraído a numerosos artistas procedentes de todas partes del mundo, inspirando obras de ilustres tales como Eça de Queirós y Vergílio Ferreira. Si sois amantes del misticismo este enclave os va a encandilar. La Quinta da Regaleira es uno de esos lugares que despiertan gran interés siendo uno de los monumentos más sorprendentes y enigmáticos de la región. Inmersa en una frondosa vegetación y a escasos metros del centro de la ciudad, engloba una fabulosa colección de estilos y construcciones: jardines, pozos, torres, lagos, estatuas, grutas… El enorme jardín de esta quinta se compone de una sucesión de lugares impregnados de magia y misterio en el que se encuentran referencias a la mitología, al Olimpo, a Virgilio, Dante, Milton, a la misión templaria de la Orden de Cristo y a la Magna Obra Alquímica, entre otros. Destacan su pozo iniciático, una galería subterránea en espiral que desciende hacia el interior de la tierra y la capilla, guardiana de una cruz perteneciente a los legendarios templarios. Otro lugar de interés para conocer a fondo todas las fábulas que sobrevuelan Sintra es el Centro Interpretativo Mitos y Leyendas, que abre las puertas a un viaje gracias a su escenografía y experiencias sensoriales que consiguen que podamos trasladarnos en el tiempo.

Una última recomendación pensando en las más foodies: no hay que marcharse de Sintra sin probar sus quesadas y los travesseiros, hechos de hojaldre, rellenos de dulce de huevos y almendra y espolvoreados con azúcar. Hay que probarlos calientes, ya que todavía están más ricos…

Ibiza es también para el invierno

Si eres de las que prefieres viajar fuera de temporada, buscando escapadas poco masificadas, ideales para relajarse y disfrutar de unas vacaciones tranquilas y en calma, estás de enhorabuena: ¡Ibiza puede ser tu destino! Hoy te voy a descubrir todos los encantos que esta isla puede ofrecer durante la temporada invernal en un ambiente alejado del bullicio, la fiesta y las discotecas. ¿Comenzamos?

Un buen punto de partida es Dalt Vila. Aquí se encuentra el rincón perfecto para las que apreciáis la soledad y tranquilidad de los pueblos pesqueros mediterráneos. A partir de época del año podrás perderte por las calles empedradas del casco antiguo, rodeado por su fortaleza, disfrutar del silencio, hacer fotos a sus fachadas blancas con puertas azules sin que nadie te estropee la instantánea o sentarte en una de las terrazas de la plaza de la Vila a saborear un buen vino o un cóctel. Y apunta que desde finales de enero y durante febrero, al paisaje que han dejado las lluvias y el sol del otoño se le suma la floración de los almendros en Pla de Corona en Santa Agnès, uno de los pueblos más conocidos de San Antonio. Estos árboles florecidos crean un manto blanco tan brillante como la nieve, componiendo un paisaje tan hermoso que no podrás dejar de inmortalizar.

¿Otro plan irresistible? Observar a los flamencos. Sí, has leído bien, flamencos ibicencos. La isla blanca alberga paisajes naturales con una fauna y flora que solo se encuentran aquí. Debido a su clima mediterráneo, Ibiza y Formentera son elegidas como el hogar de cientos de flamencos que viajan a las islas cada temporada. El Parque Natural de Las Salinas es una visita imprescindible sobre todo al atardecer, porque podrás observar cómo estas coloridas aves pasan el tiempo tranquilamente en los estanques.

En la costa suroeste, frente a Cala D’Hort, se encuentra el famoso islote de Es Vedrá, que antiguamente formaba parte de la isla de la cual se fue separando progresivamente. Según cuenta la leyenda es uno de los puntos más energéticos del planeta y junto con el Peñón de Ifach, en Alicante, y el suroeste de Mallorca conforma el denominado triángulo del silencio. Si eres un amante de la hora mágica del ocaso, tienes que visitar este enclave.

¿Dónde alojarte? Toma nota de dos de mis hoteles favoritos de la isla. Comienzo por El Gran Hotel Montesol Ibiza, un clásico atemporal que siempre está de moda desde los años 50 del siglo pasado y que ha acogido entre sus muros a todo tipo de celebridades, incluida la mismísima Carolina de Mónaco.  Si prefieres alejarte de todo y de todos, Hacienda Na Xamena es tu sitio. Se trata de uno de los remansos de paz y naturaleza mejor preservados de la isla. Levantado sobre un acantilado de 180 metros de altura y con unas vistas esplendorosas, no hay una puesta de sol más inolvidable. Sus piscinas en cascada son de las más bonitas que vayas a disfrutar en un hotel.

Todo sobre Ciudad de México  

Es uno de los destinos más fascinantes en el mundo. La Ciudad de México con sus más de veinte millones de habitantes, es casi un país en sí mismo. Diversa, heterogénea y animada, esta urbe enamora a todo tipo de visitantes por su historia, cultura, arte y la hermosa arquitectura que lo adorna. Calles cubiertas de tradición y una oferta gastronómica a la altura de las grandes capitales, la convierten en un destino repleto de encantos. Su extensión da para muchos días, pero si solo dispones de dos o tres, te aconsejo las paradas obligatorias.

Bosque de Chapultepec. Premiado como el mejor parque urbano del mundo (para que os hagáis una idea, su extensión es siete veces superior al Retiro). Con sus inmensos espacios verdes, su vegetación frondosa, sus lagos y los animales que deambulan con libertad, realmente crees estar sumergida en un bosque. Ofrece estupendas panorámicas de la ciudad. En su interior se encuentra un zoológico, numerosos puestos de comida y de souvenirs a precios muy económicos, el castillo del mismo nombre donde se pueden contemplar los hermosos murales de Siqueiros, el Museo Nacional de Historia o las habitaciones donde vivió el presidente Porfirio Díaz.

El centro histórico y el Zócalo capitalino. Declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por parte de la UNESCO, el centro histórico alberga miles de actividades y sitios turísticos que no debes dejar de visitar. Alrededor de lo que se conoce como plaza del Zócalo está la plaza de la Constitución, los impresionantes edificios virreinales que la rodean y la catedral más grande de América, conocida como catedral Metropolitana con los vestigios de la ciudad prehispánica sobre la que se construyó la ciudad: el Templo Mayor. Imprescindible acercarse hasta el palacio de Bellas Artes, posiblemente el edificio más bello de esta urbe infinita. Aunque no te alojes, pasa a tomar un café en el Gran Hotel: su estilo vintage, ese toque afrancesado y su techo acristalado Tiffany, encandilan.

Barrio de Polanco y paseo de la Reforma. Tienes que dedicar al menos una tarde (si puedes incluso más) a pasear por Polanco. En su famosa avenida Presidente Masaryk se encuentran las mejores tiendas, las firmas internacionales, las boutiques más exclusivas, las sedes diplomáticas y los mejores restaurantes. También hay que caminar a lo largo del bulevar más emblemático de la ciudad, el paseo de la Reforma (¡con sus casi 15 kilómetros de recorrido!), fotografiar el Ángel de la Independencia y el monumento a la Diana Cazadora.

El legado del pasado. Con una extensión de 264 hectáreas, Teotihuacán -a tan solo sesenta kilómetros del centro- es una de las principales atracciones turísticas del país y una de las zonas arqueológicas más importantes. Sus estructuras principales son las pirámides del Sol y la Luna y el Templo de Quetzalcóatl, que datan del primer siglo A.C. Si dispones de más días desplazarte hasta el volcán Nevado de Toluca es todo un acierto.

Xochimilco. Los locales lo visitan a menudo, las parejas lo adoran y no pocas pedidas de mano han tenido lugar entre sus canales. Es un lugar pintoresco en el que hay que caminar por sus mercados llenos de flores o navegar a través de los canales amurallados con jardines a bordo de sus coloridas trajineras, unas embarcaciones típicas.

¿Dónde alojarse? La oferta hotelera es tan extensa como la ciudad, pero por su perfecta ubicación y las fabulosas panorámicas que ofrecen sus habitaciones, una opción ideal si te quieres alojar en la mejor zona, es el hotel Presidente InterContinental Mexico City. Cuidan al máximo la seguridad de sus huéspedes y se sitúa en pleno corazón de Polanco, a pocos pasos del bosque de Chapultepec. Es pet-friendly y cuenta con numerosos restaurantes de diferentes estilos: italiano, francés, neoyorquino, inglés donde sirven el té de la tarde… Pero mi favorito e imprescindible es Chapulín, rodeado de cristaleras y vegetación; ofrece muy buenos platillos tradicionales mexicanos y es frecuentado por los locales. ¡No te pierdas sus sopas y su chile de Nogada en temporada! Otros dos pluses: entra a su tienda La Clásica donde podrás comprar artesanía, bisutería y moda de calidad a precios razonables, y sube al lounge de la planta 39 para disfrutar de unas vistas que cortan la respiración mientras disfrutas de un café o un tentempié.

Anota estos otros rincones con encanto de CDMX:

  • Plaza Garibaldi. Rodeada de cafés y terrazas donde se escucha en vivo la música de mariachi, veracruzana y grupos norteños. Además, puedes pedir tu tema favorito y lo interpretan especialmente para ti.
  • Los mejores churros. Aquí les gusta tanto los churros con chocolate como a nosotros. Haz una parada en El Moro que lleva elaborando esta exquisitez desde 1935 y se los ha servido al mismo Cantinflas.
  • Al rico taco. No has estado en CDMX si no te has comida un taco de pie en un local modesto a altas horas de la noche… En las taquerías del Charro Ugalde prueba los tacos de carnita asada con queso asadero. Los tacos al pastor en Los Güeros de Boturini, considerados los mejores de la capital. En Turix (zona de Polanco) tienes que comer los de cochinita pibil, con carne de cerdo asada lentamente, achiote y salsa de adobo de naranja agria.
  • Un sabor autóctono e irresistible. Los esquites con tuétano de Don Josué. Hay cola para probar este bocado único que lleva vendiendo en su puesto desde hace más de cuarenta años.
  • El barrio Condesa y la zona Rosa. Aquí encontrarás un animado ocio nocturno y un cierto estilo hípster que gobierna estas calles salpicadas de cafés con encanto, shopping, galerías, hoteles boutique, etc.
  • La Casa Azul. Las fanáticas de Frida Kahlo y Diego Rivera, de sus pasiones desbocadas y su arte inmortal, tenéis una parada obligada en Coyoacán y sus edificaciones coloniales. Aquí está la casa en la que vivió la artista; todo se encuentra como ella lo dejó al morir. Cerca se encuentra el Mercado Artesanal, ideal para comprar recuerdos típicos.

Redescubre el mejor Cancún

Cancún es uno de los lugares del mundo donde el mar despliega todos sus tonos de azul turquesa; un agua que acaricia una arena tan blanca y fina como la harina y a lo largo de sus más de 22 kilómetros de playas, todas ellas ubicadas bordeando el Boulevard Kukulcán, en la zona hotelera. ¿Cuál es uno de sus grandes encantos? Poder disfrutar del Caribe por un lado y de la laguna de Nichupté -compuesta por siete cuerpos de agua- por el otro. Pero, además, cuenta una insuperable diversidad de hoteles, gastronomía internacional de primer nivel, vestigios de la cultura maya, campos de golf, mercados típicos de artesanías, así como espectáculos, bares y discotecas que dan fama a su animada y divertida vida nocturna. En Cancún y sus alrededores destacan también los el entorno natural con los majestuosos manglares, la selva exuberante y los cenotes, unas lagunas subterráneas, abiertas y semiabiertas -sagradas para los mayas- de aguas prístinas rodeadas de vegetación virgen.  Hoy os descubro mis imprescindibles de este enclave único.

De isla en isla. La escapada a isla Mujeres es obligatoria para nadar en aguas cristalinas, entre tortugas y delfines, puesto que se sitúa frente a Cancún y hay varios ferris a diario (unos quince/veinte minutos). No te pierdas playa Norte, la más chic de toda la isla. ¡Y no dejes de probar el arroz caribeño o los ceviches del restaurante Mar Bella! Casa Rolandi es otra excelente opción. Ixchel Beach y hotel Secreto son mis alojamientos favoritos. Si dispones de más días debes viajar a Cozumel, una isla privilegiada para los fanáticos del buceo porque es la segunda barrera coralina del mundo, tras la australiana. Aunque los expertos afirman que el colorido que ofrece el mundo submarino de este rincón mexicano es inigualable. Cozumel está rodeada por formaciones de arrecifes en aguas tan claras que se alcanza una visibilidad de hasta 70 metros. A mí me encanta la zona de la isla del lado contrario a las costas de Cancún; allí el oleaje del Atlántico es más fuerte por tratarse de mar abierto, pero la majestuosidad de las panorámicas merece la pena. Además, la vegetación en esta zona es virgen y está salpicada de pintorescos chiringuitos playeros -como el imprescindible Coconuts.

¿Cuál ha sido mi último descubrimiento hotelero? Un solo para adultos de lujo que te va a enamorar, Live Aqua Beach Resort Cancún. Con todo incluido -pero con mucha calidad- es un complejo con unas vistas excepcionales y unas suites amplias y luminosas con vistas al mar. Además, está junto a La Isla, el mall más famoso de la zona hotelera. Su infinity pool es perfecta para relajarse y hacer unas fotos estupendas, y sus cabañas de playa están rozando la orilla el mar Caribe. Uno de sus puntos fuertes es la amplia variedad gastronómica que ofrece: cuenta con varios restaurantes (cocina japonesa, asiática, italiana, mediterránea …), pero la parada obligada es el restaurante MB de cocina de autor; ¡es perfecto para una cena especial! En sus instalaciones vas a sentirte plenamente segura puesto que han implementado un protocolo que aúna más de 700 medidas de seguridad para prevenir el COVID-19. ¿Un plus adicional? El excelente trato que recibes, los detalles con los que te agasajan y el servicio de Concierge.

Gastronomía. La oferta gastro es infinita y para todos los bolsillos, pero te recomiendo que visites Puerto Cancún, el sitio de moda frecuentado por los locales. Allí, además de hacer shopping, tienes que parar a comer en el elegante Montemar -excelente cocina y con estupendas vistas- o a cenar en Cao con un ambiente más canalla y una carta de platos mexicanos.  También es imprescindible acudir mientras cae el sol a alguno de los restaurantes de la laguna -como Puerto Madero o el japonés Tora-. Además de disfrutar de un entorno genuino, puedes llegar a ver alguno de los dos mil cocodrilos que la habitan.

La vida nocturna. La noche de Cancún dura 24 horas gracias a la intensa fiesta y marcha que se vive en las discotecas, bares y restaurantes que abundan en la zona hotelera. Coco Bongo es el establecimiento más célebre -al menos una noche hay que bailar al ritmo de sus animadores-, pero alrededor hay múltiples opciones de ocio para todos los gustos: bares, salas de fiestas, terrazas, restaurantes, shopping… Y no resulta extraño terminar la fiesta viendo amanecer en la orilla del mar Caribe, que se encuentra a pocos metros de esta zona de ocio ideal para noctámbulas.

Golf. Pok-ta-pok es un campo de golf ubicado entre la laguna y el mar, con dieciocho hoyos, entre los que se ocultan algunas ruinas mayas. Pero en la actualidad no hay que dejar de conocer los campos de playa Mujeres y Puerto Cancún.

Apunta estos consejos.

  • Explora todos los cenotes y ríos subterráneos que puedas.
  • Si buscas una playa más tranquila Xcacel puede ser una buena opción.
  • Si viajas con niños no dejes de visitar los parques temáticos de Xcaret, Xplor, Xel-Ha.
  • Adéntrate en el D-Lounge del Ritz Carlton para degustar alguna de las etiquetas de su colección de más de cien tequilas en un marco incomparable.
  • ¿El paraje definitivo e inexplorado? El paraíso de isla Blanca.

¡Cómete (y disfruta) Valencia!

Este agosto el Mediterráneo apetece más que nunca. Por eso hoy te desvelo alguno de mis rincones favoritos de Valencia. La ciudad se ha convertido en un referente gastro con todo el encanto que atesoran las capitales situadas a orillas del mar. ¡Apunta estas direcciones! Te encantarán.

Alta cocina creativa. Ricard Camarena es una parada imprescindible. El establecimiento que lleva su nombre está ubicado en un espacio espectacular, fue una antigua fábrica de bombas hidráulicas. En sus platos se aprecia el respeto a las raíces de su tierra y unas presentaciones cuidadas al detalle. No te pierdas las alcachofas con anguila o a la ostra valenciana. Camarena tiene también un restaurante informal, Canalla Bistró, con un buen nivel en la mayoría de los platos, pero a precios mucho más asequibles.

Estrenando estrella. La Salita, de Begoña Rodrigo, es perfecta para una cena estupenda. Su tratamiento de las verduras te va a emocionar. Los precios de los menús son moderados pese a estar galardonada por Michelin. Hay algunos pases para aplaudir, como el falso risotto de all i pebre o el huevo, guisantes y manitas con mantequilla de cigalas (la chef elabora unas mantequillas riquísimas y originales). Buen servicio y gran puesta en escena que convierten esta visita en una experiencia sensorial.

Muy buenas vistas. En la última planta del icónico edificio Veles e Vents, en pleno puerto, se encuentra La Sucursal, perfecto para visitarlo al mediodía para disfrutar de su luminosidad, su terraza, y las vistas a la ciudad y mar. Destaca la cocina abierta, corazón de la sala. La propuesta se centra en menús degustación a base de productos de temporada. Estupendos los aperitivos que abren el menú, como el dentell de gamba blanca, la corteza de mar, el tomate de rama en tempura relleno de jabugo y kimchi o el pepito de Titaina.

 La paella. En Valencia se come buen arroz en casi todas partes. Pero yo elijo Casa Carmela toda una institución en la ciudad. Un restaurante de los de toda la vida, decorado con azulejos tradicionales y ubicado en la playa de la Malvarrosa. Elaboran la paella a fuego de leña de naranjo, con ingredientes de calidad -conejo, pollo, caracol, alcachofa fresca, garrofó de vaina y el bajocó de ferradura-, el punto justo de socarrat y respetando la receta… ¡de su bisabuela!

El beach club. Imprescindible la visita a La Marina ubicado en la playa de Las Arenas, uno de los mejores complejos de ocio y gastronomía más cool del Mediterráneo, que engloba diferentes espacios conectados entre sí. Su restaurante ofrece una cocina que fusiona tradición y vanguardia, con buenos arroces y pescados. Pero lo mejor es pasar el día en sus piscinas sobre la arena del mar o tomar unas copas por la noche en sus siempre animadísimas terrazas.

El mejor alojamiento. Las Arenas es un balneario de lujo ubicado sobre la arena del Mediterráneo, un establecimiento ideal para disfrutar de un fin de semana de alto standing junto al mar. Cuentan con una oferta culinaria de altura y un área chill out para disfrutar de un atardecer tranquilo en un ambiente elegante. Al lado hay bastantes chiringuitos a pie de playa donde tienes que probar el mítico -y único- arroz rojo del restaurante Neptuno.

La escapada. Cerca de la ciudad no os perdáis esta joya gastronómica y su entorno bucólico. La Alquería de brosquil está situada en un gran caserío con techos de madera y amplios ventanales. Es un lugar de referencia para los valencianos. Atención a su arroz al horno y al meloso de pato, son brutales. Dentro del parque natural de la Albufera puedes elegir la arrocería Duna, a pocos metros del mar y en el interior de una finca de naranjos. Pide la fideuà de fideo fino  y el arroz de cigala con alcachofas. Termina con un gin-tonic para disfrutar de una sobremesa inolvidable rodeada de naturaleza.

Especial golosas. Visita la confitería-bombonería Rosa de Jericó y llévate unas naranjas confitadas, los florentinos y el pan quemado. Y, por supuesto, no puedes marcharte de Valencia sin probar la horchata de chufa. Daniel Alboraya es posiblemente la horchatería más emblemática de la ciudad. En El Tendre la elaboran artesanalmente desde 1949 y otro que nunca defrauda es Agustí; toma nota: allí también tienes que disfrutar de sus helados de leche merengada.

 

¿Escapada a Roma? Apunta estas seis paradas con encanto

Este año, seguramente, vamos a tener que dejar atrás nuestros sueños de viajes lejanos y exóticos. Pero que no cunda el desánimo: además de los inigualables rincones de España las principales capitales europeas son una maravilla. Una escapada para visitarlas es un plan tan bienvenido como apetecible. Hoy os descubro algunas de mis paradas obligatorias en Roma. ¡Toma nota!

Un desayuno con vistas. Lo confieso: el majestuoso edificio del Panteón es uno de mis favoritos del mundo entero. Siento absoluta fascinación por su arquitectura, pero… ¿quién no? Junto con el castillo del Ángel y la plaza Navona son mis tres visitas imprescindibles siempre que visito la ciudad: jamás me cansaré de contemplar su belleza. A pocos pasos se encuentra La Casa del Caffe muy popular y que, además, tiene unos precios por debajo de los habituales en la ciudad. Es un pequeño café con encanto, siempre animado y muchos romanos paran aquí para saborear su taza matutina.

El café legendario. Otro de los lugares a los que vuelvo en cada ocasión. Inaugurado en 1760, el Caffè Greco está considerado el café más antiguo de la ciudad y el segundo más antiguo de Italia (detrás del veneciano Florian, que abrió sus puertas en 1720). Se encuentra en plena Via Condotti -atención a sus tiendas y escaparates-, junto a la plaza de España. En cuanto lo pisas retrocedes en el tiempo. Su decoración es una oda a los detalles vintage y a las pequeñas de obras de arte. Un consejo: pide su vermut porque lo acompañan de una torre de aperitivos.

 

Las encantadoras tabernas romanas. Cuando viajas a la capital italiana tienes que conocer sus osterias; locales en los que se prueba comida rica y casera a precios populares. Casi ninguna defrauda, pero os recomiendo dos:

  • Margutta, cerca de la Vía del Corso con su ambiente romántico y vintage. Es ideal para una cena.
  • La Carbonara lleva abierta más de un siglo. ¡No te marches sin escribir un mensaje en sus paredes! Es su seña de identidad.

Los ultramarinos (o salumerias). Si te gustan las delicatessen y productos tradicionales, este es tu sitio. Son establecimientos similares a nuestros ultramarinos en los que se sirven bocados típicos de calidad. En un entorno auténtico se prueban los mejores quesos, panes recién horneados, embutidos, aceites, conservas o vinos. Acude a Salumeria Roscioli, inaugurada en 1824. En sus tres espacios podrás disfrutar de más de trescientos tipos de quesos, cien tipos de embutidos o la extensa bodega que alberga más de tres mil etiquetas.

 

La cocina de la mamma. El Quadraro Vecchio merece una parada: este barrio es una joya. Aquí se ubica Grandma Bistrot una osteria coqueta, con flores frescas en las mesas, pan casero y una carta que incluye recetas de toda la vida con un toque contemporáneo. No faltan las propuestas veganas y una interesante selección de cervezas artesanales y vinos. Los domingos sirven un brunch que merece la pena.

Al rico helado. En Il Gelato di San Crispino serás feliz: copas, tarrinas, bolas, sorbetes, merengues… Todos se elaboran con productos naturales y la variedad de sabores es interminable: melón, uva, frutos rojos, Marsala, café, nata, bergamota, cítricos, cacao, gorgonzola, Amaretto, caramelo, Armañac… La estrella es el helado gourmet de San Crispino con crema de miel.

Un cóctel al caer la tarde. Imperdibles estas dos direcciones. ¡Sus panorámicas son ideales para subir a Instagram!

  • Hotel Raphaël. Un Relais&Châteaux de lujo situado cerca de la plaza Navona. Tiene un jardín interior precioso y una terraza para disfrutar de la puesta de sol mientras contemplas las cúpulas y tejados de la Ciudad Eterna. Si quieres organizar una cena romántica, su restaurante es ideal.
  • Atlante Roof Garden. Es una de las terrazas más bonitas de Roma, no solamente por sus espléndidas vistas sino por su decoración elegante, cuidada al detalle y cuajada de flores y vegetación. Muy recomendable también el brunch dominical.

¡SORTEO! ¿Estás buscando lectura para este verano! Marie Claire sortea ocho ejemplares de Tú llevas su nombre. Os va a entretener muchísimo y participar es muy sencillo. ¡Pincha aquí!

¡Apunta lo mejor de Menorca!

Sin duda, Menorca es una de mis islas favoritas no solo de España sino de Europa. Es una pequeña, pero llena de historia y misterios: la isla del viento y la tramontana. Tranquilidad, paisajes únicos, aguas cristalinas y una estupenda gastronomía la convierten en un destino privilegiado. ¿Qué hacer en esta isla balear, una de las más paradisíacas del Mediterráneo? Hoy os doy las mejores pistas.

Las calas. Son uno de sus principales encantos. La mayoría solo son accesibles por mar o caminando a través de senderos agrestes y atravesando bosques de pinos. Algunas de las imprescindibles:

  • Trebalúger. De arena blanca, con dunas y un pequeño manantial flanqueado por un bosque de pinos.
  • Cala Pregonda. Un rincón mítico por los contrastes del azul del agua, el dorado de la arena, el rojizo de las rocas y el verde de los pinares.
  • Cala Galdana. Es una de las playas más grandes de la isla. Rodeada de hoteles, restaurantes (como El Mirador con unas panorámicas sublimes) y cafeterías.
  • Una de mis favoritas; una cala virgen de aguas turquesas que me recuerdan al mar Caribe.
  • Cala Font. ¡Aquí se viene a comer! Es una pintoresca cala de pescadores ubicada en Es Castell repleta de restaurantes cerca del agua.
  • Macarella y Macareta. Macarella es la cala más conocida de Menorca, al menos su imagen es la habitual en las postales. Está junto a Macarelleta, su hermana pequeña y nudista, situada en la misma bahía.
  • Cala en Porter. Su agua azul, su arena blanca y su geografía, con grandes acantilados a ambos lados, la convierten en una de las más fascinantes. Recomendable comer Club Menorca, literalmente suspendido sobre las rocas del acantilado. Y se puede ir caminando a un imprescindible: Cova de´n Xoroi, una cueva situada en un enorme acantilado que cuenta con diversas terrazas y miradores a distintas alturas.

Los restaurantes de obligada visita.

  • Sa Pedrera d’es Pujol. Para mí el número uno de la isla. Tradición payesa, excelentes materias primas locales y una apuesta por el sabor.
  • Jágaro. Parada obligada en el puerto de Mahón. Ricos pescados, arroces, pero sobre todo hay que probar su creación exclusiva: la langosta frita con huevo y patatas fritas.
  • Es Molí de Foc. Obligatorio para las más arroceras. También deliciosos el atún, el conejo, y la fideuá negra de níscalos, rape y calamar.

Mis tres alojamientos preferidos (y con distintos estilos).

  • San Ignasi. Semilujo en un entorno idílico. Ocupa una casona restaurada del siglo XVIII en las inmediaciones de Ciudadela. Cuenta con ese encanto irresistible que mezcla lo rural con lo más chic.
  • Barceló Hamilton. ¡Solo para adultos! Cuenta con una privilegiada ubicación sobre acantilados que dan a la bocana del puerto de Mahón. Desde su fabulosa azotea, se disfruta de una de las vistas más espectaculares de la entrada a la capital menorquina.
  • Insotel Punta Prima. Suites de lujo en primera línea de playa. Con un estilo típicamente menorquín, cuenta con 52 espaciosas prestige suites.

¡De shopping! Imposible no llevarse el delicioso queso autóctono de Mahón, las ensaimadas tradicionales (sin relleno o de chocolate, sobrasada, cabello de ángel, dulce de leche…). Y por supuesto las comodísimas y artesanales abarcas: de piel, bordadas, de fantasía, animal print… Lo confieso: soy una fan devota de este calzado. ¡Las colecciono!

Un plus, sus faros. A pesar de su tamaño, Menorca tiene cinco faros. El de la isla del Aire, ubicado al sudeste de la isla; el de Punta Nati; el del cabo de Artrutx, muy cerca de Ciudadela, de gran altura, y que en los días claros ofrece espléndidas vistas de Mallorca; el de Favaritx, dentro del único parque natural. Pero el más peculiar y visita obligada, es el faro de Cavallería, en la parte más septentrional de la isla, sobre el cabo de igual nombre, reposando en un acantilado de casi cien metros. Al atractivo del espectáculo del entorno natural y de unas inolvidables puestas de sol, se añade la belleza del camino.

Mis imprescindibles de Santander

 

Santander es una de mis ciudades favoritas de España. Lo tiene casi todo excepto un clima excepcional; eso sí, sus días despejados y soleados son inolvidables. Un fabuloso paseo marítimo, la playa casi virgen de El Puntal, el surf en Somo, moda estupenda, la tradición del vermut, unos alrededores de ensueño y una gastronomía -tanto de tapeo como de mesa y mantel- increíble. Si elegís la capital cántabra este verano (absolutamente recomendable) comparto con vosotras algunas visitas que nunca me pierdo. ¡Tomad nota!

Oda al pescado. Mejor acudir después del desayuno, cuando los más de 80 puestos están repletos de género. Vais a contemplar los mejores frutos del Cantábrico recién pescados. Pasear por los pasillos del mercado de la Esperanza es un placer. Encontraréis un festival de merluzas, rodaballos, lenguados, rapes, bocartes, atunes, bonito, machotes, percebes, cigalas, zamburiñas, centollas, bogavante, caracolillos, almejas…

El tapeo. En la zona del Cañadío, Puerto Chico y en Río de la Pila, hay decenas de locales para tapear. Acude a El Diluvio para disfrutar su tortilla de patatas con callos, el pincho de mollejas con setas, el de pisto con patatas o el de filete ruso con salsa de queso. Tampoco hay que perderse los mejillones y los arroces del Machi. Y otra parada imprescindible para las tapas: Casa Lita. Su barra es un paraíso de los pinchos.

El vermut. A mí me encanta. Y en Santander existe tradición de salir a tomarlo al mediodía, así que yo feliz de mimetizarme con las costumbres locales…  Lo preparan fenomenal y lo acompañan de gildas, rabas recién hechas, gambas… El Solorzano (la vermutería por excelencia de la ciudad), bodega La Montaña o La Gilda (y sus deliciosos mejillones) son mis recomendaciones.

Para todos los bolsillos. El Puerto Pesquero cuenta con una zona de restaurantes para pedir platos de cuchara, pescado y marisco a precios más que aceptables. Los Peñucas es el restaurante más popular y su arroz marinero, la parrillada o su marmita de temporada son indispensables.

Al rico marisco. Marucho siempre es una garantía. Excelentes almejas -su salsa verde es magnífica-, maseras, cigalas, percebes, besugos o rodaballos. El inconveniente es que el local cuenta con muy pocas mesas y conseguir una es complicado.

De chiringuitos. Imprescindible conocer la playa de El Puntal, solo accesible por barco. Salen lanchas diarias a todas horas en verano desde el paseo de Pereda. Hay un chiringuito a poco más de diez metros de la orilla y del embarcadero, que ofrece todo tipo de buenas raciones y de pescado fresco. Hay otro segundo chiringuito (su bonito es gloria bendita) más tranquilo al que se llega después de un paseo de una media hora.

De tiros largos. Imprescindible El Serbal con estrella Michelin. Elaboran platos de alta cocina basados en la materia prima de la tierra (buenísimo el arroz con canetón). Para los amantes de la cocina especializada en marisco, recetas caseras y pescado fresquísimo, El Puerto y La Mulata son excelentes opciones.

¡Al rico cocido montañés! Imperdible probar este contundente plato de cuchara -o el lebaniego-, servido en casi todos los restaurantes santanderinos y a puchero completo.  En Fuente De cuesta menos de diez euros.  Las raciones de este local como el queso picón, los pimientos del piquillo, el lacón o las croquetas caseras, son abundantes y baratas. Un consejo: hay que terminar con su “digestivo” té del puerto…

La escapada romántica. Una casa señorial del siglo XVII en un entorno montañés con ambientación de cuento. Así es Camino Real de Selores, un hotelito ubicado en una aldea del valle de Cabuérniga (el lugar merece una visita) donde se disfruta de pura naturaleza. Su restaurante ofrece un entorno íntimo, con velas en las mesas y buena cocina con productos de la tierra.

Las excursiones gastro. Una de las más reconocidas marisquerías está en la playa de Somo, punto de encuentro de surferos. En El Galeón no dejes de pedir las almejas gordas a la sartén, el salpicón, las cigalitas vivas fritas, el tartar de atún rojo de Balfegó, el arroz con bogavante, los judiones con changurro, el bonito en temporada o la lubina del Cantábrico. La langosta la preparan sobresaliente. Los amantes de conocer estrellas Michelin tienen una parada obligada en El Cenador de Amós. Ubicado en una preciosa casona-palacio del siglo XVIII de Villaverde de Pontones, solamente por el entorno ya merece la pena el desplazamiento.

Una cena especial. Para una velada para dos elige Deluz. Está a cinco minutos de El Sardinero, en un coqueto chalet de los años 50 rodeado de un jardín inglés que fue la residencia de los abuelos de los propietarios. Todavía conserva muchos detalles de la decoración original. Una atmosfera íntima, ideal para celebrar.

Este verano me quedo en nuestras islas

¡Por fin empezamos a ver la luz! Han sido unas semanas durísimas para todos y somos conscientes de que este año el verano será diferente y tendremos que planificar escapadas a destinos cercanos. Pero, afortunadamente, España es uno de los mejores países del mundo para viajar. Contamos con rincones maravillosos en cada provincia. Por eso hoy os recomiendo tres de nuestras islas. Espero que os puedan inspirar para vuestras vacaciones. ¡Allá vamos!

 

Diversidad tropical. Desde la primera vez que pisé las Islas Canarias me enamoraron. Buscamos destinos lejanos, pero nuestro archipiélago tiene casi todo lo que soñamos de un paraíso tropical. Y un clima increíble durante todo el año. Gran Canaria se está preparando ya para el regreso del turismo. Las más urbanitas podrán disfrutar de su capital de vanguardia, Las Palmas. Pero no os perdáis sus playas del sur y la Reserva Natural de Maspalomas, con sus kilómetros de arenas, las dunas y sus pequeños oasis de palmeras. Durante los últimos días acapara titulares porque han recuperado su esplendor debido a la ausencia de pisadas y vuelve a lucir sus ondulaciones naturales. Toda la zona de la Reserva es un valioso espacio natural. Muy cerca, la Playa del Inglés es una de las más animadas. No os perdáis el pueblecito marinero de Arguineguín; Patalavaca, Puerto Rico, urbanización pionera en la oferta náutica y Mogán, una encantadora villa marinera con su puerto pesquero y deportivo; a mí me encanta y siempre me reservo una mañana o una tarde para visitarlo. Aunque soy adepta al mar, reconozco que el interior es sorprendente con sus barrancos, desfiladeros, bosques, cráteres, fincas de plataneras, sus más de cien especies de flora y fauna local. Una de las fotos obligatorias la vais a encontrar en la Caldera de Tejeda: allí contemplaréis el Roque Nublo, una roca basáltica en forma de monolito de gran altura surgida como consecuencia de la actividad volcánica y la erosión. Y un aviso: su gastronomía os va a encantar.

Especial senderistas. Permanecemos en las Canarias, aunque ahora me centro en un destino que hará las delicias de las que vayáis buscando naturaleza pura. La Palma, Reserva de la Biosfera, es abrupta, semivirgen, bella, sorprendente… Cuenta con una amplia diversidad paisajística y climática que hacen de ella una isla fascinante. Sus paisajes, y fauna y flora autóctona resultan inolvidables. Es un destino maravilloso para las que busquéis rutas de senderismo. Os recomiendo la ruta de Marcos y Cordero (aunque es para expertos) por sus caminos de laurisilva, túneles con agua, barrancos vistas asombrosas y los trece túneles que hay que atravesar. Imprescindible el Parque Nacional de la Caldera con sus extraordinarios paisajes cuajados de cumbres, arroyos y cascadas. Existen diversos senderos en su interior, pero uno de los mejores es el que empieza en Los Brecitos. Otra caminata imprescindible empieza en el Roque de Los Muchachos, el punto más alto de la isla. Es un sendero exigente que regala unas panorámicas espectaculares.

La Mallorca más auténtica. Sabéis de mi preferencia por esta isla de la que ya os he hablado en alguna ocasión. Adoro su interior: la Tramontana, Deià y, sobre todo, Valldemossa, cuya visita no me cansaré de recomendar, así como mi alojamiento favorito: el que lleva el nombre del municipio, el hotel Valldemossa. Si pernoctáis en Palma, la capital, os recomiendo que visitéis comercios genuinos, familiares, que reflejan la historia y la identidad de la ciudad. Como, por ejemplo, el Horno Santo Cristo. Fundado en 1910 aquí se pueden encontrar los más auténticos productos típicos de la isla, elaborados de forma artesanal, con fidelidad a las recetas tradicionales. Además de las ensaimadas (lisas, con cabello de ángel, crema, sobrasada, chocolate, mazapán, crema quemada, albaricoque, sobrasada con miel, dulce de leche…) podéis probar empanadas, robiols, cocas, mini cremadillos o la deliciosa sobrasada de cerdo negro mallorquín. Si queréis disfrutas de la artesanía del vidrio, tenéis que acudir a Vitrales Fiol. Esta empresa familiar ha diseñado más de 10.000 obras artísticas únicas. Especializados en emplomados y técnicas como el Tiffany, fusing y las grisallas, fabrican figuras típicas mallorquinas, lámparas, joyas, platos decorativos y bandejas ideales para decorar nuestras casas. ¡Y ayudamos al comercio local!

Una escapada invernal con sol muy TOP

 

Todavía nos quedan unas cuantas semanas de frío antes de que llegue la primavera. Por suerte, en España tenemos localidades donde brilla el sol casi todo el año y su microclima nos invita a quitarnos el abrigo. Marbella me gusta más en verano que en invierno. Algunos días de febrero el termómetro pasa de los 20 grados. Además, acabo de descubrir un refugio de lujo y relax perfecto para reponernos del ajetreo y los excesos navideños e incluso ideal para organizar un fin de semana de enamorados. Os hablo de Anantara Villa Padierna.

Entre sus muros se han alojado celebrities nacionales e internacionales, la exprimera dama estadounidense y numerosos miembros de casas reales. Es un enclave rodeado de colinas, cipreses, jacarandas y alcornocales, se encuentra este oasis de tranquilidad junto al Mediterráneo que nos incita a disfrutar del clima primaveral. Me ha llamado la atención su arquitectura que recuerda a los palacetes toscanos; también que sus instalaciones son como un pequeño museo: albergan más de mil obras de arte originales entre pinturas, esculturas, ánforas, espejos, cerámicas, tapices… Cuantos más rincones descubres, más te enamoras del lugar. Es uno de esos sitios que en cuanto los pisas sabes que vas a volver. Mención especial para el personal y su sobresaliente servicio: os van a hacer sentir como una reina en todo momento.

Sus habitaciones y suites ofrecen un diseño personalizado (no hay dos iguales) y repleto de detalles en la decoración, con piezas procedentes de todo el mundo. También tiene amplias villas independientes para los que buscan mayor privacidad, gracias a una atención exclusiva con servicio de mayordomo y piscina propia. Estas villas son un auténtico lujo.  Si como a mí os apasiona la gastronomía, estáis de suerte. En Villa Padierna se han esmerado en crear una oferta gastronómica de altura y para todos los gustos. Aquí vais a encontrar:

  • Un 99 Sushi Bar, como sabéis, uno de los mejores japoneses de España. Imprescindibles sus niguiri, langostinos tigre y cualquier opción de wagyu.
  • Paco Roncero, dos estrellas Michelin, tiene su propio restaurante llamado ‘O’ que se inspira en la cocina mediterránea.
  • Diego Cabrera, un bartender de prestigio internacional (no os perdáis en Madrid su Salmón Gurú) es el encargado de la coctelería en Eddy’s Bar.
  • A pie de playa, en el Club de Mar, rodeado de altas palmeras, se puede comer también estupendamente. Muy buenos sus arroces, sus tapas del día o su lubina a la sal.
  • Y lo mejor… Reservad la experiencia Dining by Design para una velada inolvidable. Podéis diseñar una cena completamente personalizada: bajo una pérgola de glicinias en un patio privado, a la luz de las estrellas en un anfiteatro clásico, en una de las terrazas de las villas… Y eligiendo a medida el menú, las flores, colores, decoración, música…

Imprescindible pasar por su spa para disfrutar de sus tratamientos exclusivos. El circuito de hidroterapia, inspirado en los baños romanos, cuenta con tres salas para Aqua Tub Detox Massage y Slimming Jet Shower, y tres para aromaterapia y baños de vapor Hammam, Indian Bath y Bali. El programa de bienestar incluye sesiones privadas de meditación. Y no dejéis de probar algunos de sus masajes, te dejan como nueva.

Si sois amantes del golf Villa Padierna cuenta con tres campos de 18 hoyos: Flamingos, Alferini y Tramores. El complejo tiene también con un espacio conocido como el Racquet Club que ofrece más de 22.000 metros cuadrados para practicar actividades deportivas, incluyendo dos pistas de tenis, once de pádel y un campo de croquet.

Ideas para exprimir vuestra estancia (y los alrededores).

  • Sobrevolar en helicóptero la ciudad de Sevilla o la mágica
  • Hacer la ruta por los Pueblos Blancos en un coche de época descapotable, mientras se contempla la belleza del paisaje de la sierra de Grazalema y los campos de naranjos que rodean el camino.
  • En la ciudad morisca de Casares, el hotel propone una visita donde los huéspedes pueden participar en un taller de acuarela dirigido por un artista local que finaliza con un picnic al atardecer.