Una escapada presidencial (y cercana a Madrid)

 

Un destino otoñal perfecto si resides en la capital o en sus alrededores es la ciudad de Ávila. Centro histórico monumental, paseos alrededor de la muralla, el museo de Santa Teresa, sus legendarias yemas y una gastronomía contundente pero deliciosa: patatas revolconas con torreznos, judías del Barco, sopa castellana y, por supuesto, la jugosa y tierna carne de los chuletones abulenses. Desde hace poco, además, este destino castellano cuenta con un aliciente más: un alojamiento de lujo y con una carga histórica única. Alojarte en La Casa del Presidente supone revivir nuestro pasado más reciente desde una perspectiva muy personal.

La cadena Fontecruz ha rehabilitado la que fue la casa del presidente Adolfo Suárez. Y lo ha hecho a lo grande, sin escatimar en detalles y mimando cada rincón. La residencia únicamente cuenta con diez habitaciones (elige la suite Felicidad, abuhardillada y con un baño precioso), pero ese es precisamente uno de sus principales encantos. Te olvidas de que estás en un hotel porque parece que estás en tu propia casa durante tu estancia. Es una escapada perfecta para pasar un fin de semana relajado o romántico. El check in se realiza en el que fue el despacho de Suárez. Conserva su biblioteca y además ofrece una sorpresa inesperada, una puerta secreta que se construyó para facilitar su huida en caso de alguna emergencia o peligro. Aunque no está contrastado se afirma que en dicho despachó cerró con Carrillo el acuerdo que legalizaba la Partido Comunista y que la puerta secreta la utilizaba el emérito Juan Carlos I para entrar en la residencia del presidente.

Los salones y estancias comunes están decorados con auténtico lujo, pero sin perder el encanto y la esencia de un hogar familiar. En el porche puedes pasar horas leyendo y escribiendo mientras escuchas el canto de los pájaros y disfrutas de un té calentito, un café con una tarta casera o una buena copa de champán. Los jardines son una maravilla y la piscina, en contacto directo con la muralla, una verdadera joya. En verano se organizan allí barbacoas al aire libre.

Uno de los aspectos que más han cuidado es el desayuno que se sirve en la que antaño fue la cocina. Trabajan con productos de altísima calidad, todos de cercanía. Los panes y croissants llegan desde la centenaria Tahona del Sotillo y están buenísimos, las mermeladas y la miel (excelente) son del Barco de Ávila, los quesos de El Barraco de Elvira García, los yogures están elaborados con leche de vacas abulenses y se acompañan de semillas y frutas de Gredos. También te preparan al gusto huevos variados (fritos, revueltos o escalfados) y tortillas. No dejes de probar (si te queda hueco) el bizcocho casero de zanahoria. Por supuesto no faltan el jamón ibérico de bellota, la fruta del día recién cortada, el zumo de naranja natural o el tomate para las tostadas.

Por la noche debes visitar restaurantes como Los Candiles (uno de los mejores chuletones), La Bruja, Siglo Doce (uno de los más antiguos de la ciudad), Las Cancelas o el Almacén. Si eres de las que prefieres tapear acércate hasta la zona de terrazas (en la calle de San Segundo, frente a la muralla) y disfruta de los bocados de El buen yantar o El rincón del Jabugo, muy frecuentados por los locales.

Cayo Hueso: una isla de cuento

Los estadounidenses la conocen como Key West y es un destino que te sorprende y del que te enamoras nada más acercarte. Posiblemente porque en España no es muy conocido y tampoco cuentas con expectativas previas. Pero en cuanto la pisas, descubres que has llegado a una isla de cuento: palmerales, vegetación exuberante, fachadas de estilo victoriano, trenecitos de época, flores multicolores, tiendas y hoteles con encanto, bullicio callejero y un ambiente tropical y alegre.

Es la isla estadounidense ubicada más al sur del país y regala las aguas color esmeralda del golfo de México por un lado y el océano Atlántico por el otro. Este rincón ha acogido a conquistadores, piratas, exploradores submarinos… pero también ha sido el refugio de personajes tan célebres como el presidente Truman o los escritores Ernest Hemingway y Tennessee Williams. ¿Qué tienes que ver? ¡Todo! Es una isla pequeña, ideal para pasear, callejear, descansar en sus terrazas, hacer shopping en sus coquetas tiendas… Aquí os enumero las visitas turísticas imprescindibles.

Duval Street. Es la calle principal donde ir de compras -todas las tiendas están decoradas al detalle-, probar restaurantes, tomarte unas cervezas bien fresquitas o disfrutar de la vida nocturna mientras ves pasar los trenecitos tradicionales. Además, está rodeada de preciosos edificios de arquitectura colonial pintados en colores pastel: rosas, azules, violetas o verde manzana.

El faro de Key West. Fue durante muchos años un lugar de vigilancia de la Marina. Ahora es un museo y lo mejor es subir sus 88 escalones para admirar una panorámica impresionante. Muy cerca se encuentra la casa de Hemingway. El premio Nobel vivió aquí durante una década. La mansión es preciosa: dos plantas, estancias luminosas y amplias, porche, terrazas, un frondoso jardín, casa de invitados y una espectacular piscina rodeada de palmeras y de vegetación. Todos los muebles que se conservan fueron los que utilizó el escritor y muchos son de estilo español. Si sois amantes de la literatura os van a emocionar sus numerosas fotografías personales, su máquina de escribir, su biblioteca…  También a pocas manzanas se ubica Little White House. El presidente Truman residió en esta casa durante su mandato de 1945 a 1953 y fue la sede de su gabinete en acontecimientos presidenciales de relevancia.

La parada más instagrameable. En Cayo Hueso se encuentra el último punto terrestre de Estados Unidos, un lugar donde la distancia a Cuba son tan solo 90 millas (150 a Miami). Está señalado con un colorido barril gigante siempre rodeado de visitantes tomando fotografías.

La mejor gastronomía. Bahama Village es un barrio que originalmente fue habitado por los afroamericanos de la isla. Hoy en día acoge un mercado al aire libre y algunos de los restaurantes más interesantes de la isla. La Casa de la Langosta es muy famosa. Sobre el muelle del histórico Key West Bight se ubica una construcción de madera al estilo marinero con buenas vistas. Tenéis que elegir una mesa del porche o frente al puerto para disfrutar de sus excelentes pescados y, por supuesto, pedir langosta.

El malecón y su puesta de sol. Al caer la tarde todos se dirigen hacia el malecón para disfrutar del ocaso mientras los artistas amenizan el momento con su música y sus bailes. Os recomiendo una preciosa terraza sobre el agua llamada Sunset Point, decorada con mobiliario y sombrillas de vivos colores, que elabora unos cócteles estupendos y anima las veladas con música en vivo.

¿Cómo llegar? Por tierra, mar o aire. Pero si sois aventureras debéis elegir la carretera. Los Cayos de Florida están formados por 200 islas de coral unidas por 43 puentes. Desde Miami se llega a Cayo Hueso tras casi 300 kilómetros de un viaje en el que vas a ir cruzando las sucesivas islas y todos los puentes mientras disfrutas de rincones mágicos, aguas turquesas y unas vistas espectaculares.

 

Consejos para conocer la Venecia más cool  

 

Venecia es la ciudad a la que siempre quiero volver. Y allá regreso siempre que puedo porque cuando me alejo tengo la sensación de que me ha quedado todo por ver, que lo que ella me muestra es una primera capa superficial, que lo espléndido está camuflado tras esa primera versión permitida. La ciudad de las máscaras es el laberinto de las mil caras: siempre descubres detalles, rincones, canales, pasajes, puentes o perspectivas hasta entonces desconocidos para tu memoria. Para una primera visita, sin duda, resultan imprescindibles los clásicos: San Marcos, el Campanile, el Gran Canal, Santa Maria della Salute, el Palazzo Cantarini del Bobolo, el Palacio Ducal, Ca d´Oro, el Casino, la Bienal, el puente de Rialto, el Harry´s o el Danieli.

Pero hoy os descubro una Venecia más chic y cosmopolita, ideal para una segunda o sucesivas visitas a esta urbe mágica. Una Serenissima menos transitada de turistas, con campos repletos de terrazas y edificaciones encantadoras (aquí no hay plazas, solo San Marcos se denomina como tal) ideales para disfrutar de un delicioso café o un Martini al atardecer, boutiques vintage y las mejores colecciones de arte. Me refiero al distrito de Dorsoduro (si te ubicas en el centro del Gran Canal, es el lado en que se encuentra Santa Maria della Salute). Aquí tienes que disfrutar de Punta della Dogana, el triángulo que te regala algunas de las mejores vistas de toda la ciudad: si lo rodeas por la parte contraria a la basílica, encontrarás restaurantes con terrazas a pie de agua perfectos para una cena especial (como Linea Dombra o el restaurante de Pensione Calcina). Aquí el arte es el protagonista con la Galería de La Academia -la mayor colección de arte veneciano del mundo que contiene obras maestras de pintores como Tiziano, Veronés, Canaletto o Bellini- y la imperdible colección de Peggy Guggenheim -una de las más importantes de Europa de arte europeo y americano de la primera mitad del siglo XX-. Debes acercarte hasta Ca’ Rezzonico, uno de los pocos palacios de Venecia que se pueden visitar y que actualmente alberga el museo del Settecento Veneziano. Por supuesto también resulta imprescindible una parada en el Campo Santa Margherita, posiblemente el más animado de toda Venecia. Mientras caminas por esta zona te sorprenderá su torre inclinada: es el campanario de la iglesia de San Esteban. Las mejores puestas de sol se observan desde la Giudecca. Os podéis acercar hasta el Bauer, un convento restaurado del siglo XVI con vistas fabulosas a San Marcos. Pero el atardecer inolvidable se sitúa entre las impresionantes balconadas del Cipriani.

Si eres una apasionada de Mariano Fortuny y te quieres dar un capricho, tu sitio es Venetia Studium: este estudio es una oda al buen gusto, al diseño y a la obra del maestro.

¿Dónde alojarse? No lo dudes, elige el Centurion Palace, perteneciente a Small Luxury Hotels of the World. Es un hotel boutique de lujo ubicado en el corazón del Gran Canal con impresionantes vistas al mismo, situado frente al mítico Gritti y repleto de detalles, especialmente en su colección de suites. Si es posible, reserva alguna de las que cuentan con vistas al canal porque ofrecen unas panorámicas memorables. Y entre ellas elige una de estilo loft, con doble altura, techos de más de cinco metros y unas inmensas ventanas venecianas que te obligan a fotografiar sus panorámicas y sus balconadas una y otra vez. También cuenta con un muelle privado para las llegadas y salidas en taxi acuático, aunque lo que más vas a apreciar es disfrutar del desayuno en el epicentro del Gran Canal, una experiencia al alcance de muy pocos establecimientos en la ciudad. Otro de los aspectos que más sorprende es la combinación entre la fachada de inspiración gótica del antiguo edificio (el Palazzo Genovese, construido en 1892) y el acertado diseño contemporáneo de sus interiores. En el Centurion no hay espejo, lámpara, escultura o cuadro que no sea una pequeña obra de arte.

Lo mejor de Singapur

Cuando conoces Singapur te invade una sensación de vértigo. Impresionantes rascacielos, arquitectura de máxima vanguardia, parques temáticos, reminiscencias del colonialismo, eclécticos centros comerciales, decenas de hoteles de lujo, hiperactividad callejera… Esta isla-estado de cinco millones de habitantes fundada hace apenas cincuenta años y convertida en un gigante, te atrapa.

 

Para mí es uno de los tres estandartes asiáticos, junto con Shanghái y Hong-Kong. Será por su fusión de culturas, religiones, etnias, por su variedad gastronómica, intensa vida o la sensación permanente de internacionalidad. Todo en Singapur es hiperbólico y multicolor. La isla ofrece infinitas propuestas, pero os detallaré las imprescindibles para conseguir una visión icónica. Por cierto, la primera buena impresión te la llevas desde el aeropuerto: uno de los mejores del continente.

Comenzad la inmersión por los Jardines de la Bahía. Por un momento vais a pensar que te has trasladado a un escenario de cuento de hadas.  Árboles-botella, baobabs o más de medio millón de especies de plantas y flora en un entorno tan idílico y colorista que pareces haber viajado al planeta de Avatar.

Pasea por Orchid Street, la avenida de las tiendas y los hoteles más exclusivos. Luego dedica al menos dos horas a disfrutar del parque de Merlion: mitad pez y mitad león, es la imagen de la ciudad. En el centro encontrarás dos estatuas suyas. La grande escupe agua a la bahía y es la más famosa. Un consejo: visítalo mejor de noche sin apenas turistas. Es el momento idóneo para conseguir las mejores instantáneas con la imagen de los rascacielos iluminados, la que aparece en las postales. Desde aquí también salen barquitos que navegan por la desembocadura del río. Merece la pena el paseo al atardecer. Este parque proporciona unas panorámicas inmejorables del dowtown y las mejores fotografías del mítico Marina Bay Sand: sí, hay que subir a su planta 57 para observar el skyline singapurense y conocer su piscina, la más alta del mundo.

Para los más sibaritas resulta obligado visitar el Raffles, símbolo del lujo y el glamour colonial; un establecimiento de fama mundial. La grandiosidad de su fachada solamente es comparable a sus fascinantes patios, salones y galerías interiores. Si no puedes alojarte en una de sus 103 suites, acude al Long Bar para probar el Singapur Sling: se inventó aquí. Su tienda de recuerdos ofrece virguerías para mitómanos de los hoteles con historia.

Chinatown es otra visita imprescindible. La arquitectura, el ambiente, los restaurantes y las tiendas son uno de los mejores recuerdos de la ciudad. Te vas a volver loco con los souvenirs de esta zona. Y, sin duda, aquí se come muy bien a precios estupendos. Como curiosidad: en pleno corazón del barrio chino hay dos mezquitas árabes y un templo hindú. También Little India merece una visita. Aunque este barrio es más pequeño que Chinatown, el olor a incienso, especias y las coloridas ropas tradicionales que lucen sus vecinos lo hacen especial. Imperdible visitar alguno de sus coloridos templos: os recomiendo el de Sri Veeramakaliamman.

Cuatro consejos útiles:

  • Salida nocturna. Debes dedicar una noche a disfrutar Clarke Quay. Durante el siglo XIX fue el centro comercial de la ciudad y ahora abarca varias manzanas de antiguos almacenes rehabilitados en animados restaurantes y bares de copas.
  • Parques temáticos. Si dispones de poco tiempo hay opciones mejores en Singapur. Pero Haw Par Villa es quizá el más interesante: sus más de mil estatuas muestran escenas de la historia, leyendas y el folclore chino.
  • La isla artificial. Los cinéfilos encuentran atractivo visitar Sentosa, el mini Disney asiático que acoge unos estudios de la Universal.
  • Saborea el street food. La fusión de la cocina malaya, india y china es brutal. Riquísimos los noodles, los rotis (una especie de crepés), el ramen y cualquier variedad de plato al curry. Visita un hawker centre (os recomiendo Gluttons Bay). Y no te marches de Singapur sin saborear el típico chili crab: cangrejos autóctonos en salsa de chiles (probadlos en Roland Restaurant).

¿Qué hacer en Florencia un fin de semana?

Una de las capitales europeas por excelencia es Florencia. ¿A quién de nosotras no le apetece darse el capricho de escaparse un fin de semana a una ciudad tan romántica como monumental? Y si disponemos de más días, profundizar en la bucólica región de la Toscana: si este es vuestro caso, no dejéis de visitar Siena, una ciudad medieval que os va a enamorar a cada paso que deis.  

El centro histórico de Florencia no es muy grande, así que lo más adecuado es caminar por sus calles y sus agradables plazas para ir descubriendo sus infinitos rincones mágicos. Para disfrutar aún más intensamente la experiencia y trasladarse a épocas cercanas a las del Renacimiento italiano, un buen comienzo puede ser pasear por corredor de Vasari que conecta el palacio Vecchio con el palacio Pitti, pasando por la Galería de los Oficios y llegando al baptisterio de San Juan. Haz tu siguiente parada en el Palazzo Vecchio, el edificio que se alza en la emblemática plaza de la Signoria y que en la actualidad es la sede del ayuntamiento.

Cuando llegues al Ponte Veccio, además de fotografiar el entorno, debes pararte a escuchar y contemplar a los músicos y artistas callejeros que animan sus alrededores. Es una de las zonas más alegres de toda la ciudad en la que seguro acabarás comprando alguna pieza de joyería. Si eres una mitómana empedernida, tienes que visitar los sepulcros de la iglesia de la Santa Croce. Entre otros, aquí se encuentran los mausoleos de Dante, Galileo o Maquiavelo y Miguel Ángel.

Si tus preferencias tiran hacia lo gastro y gourmet, acude a Enoteca Pinchiorri. Cuenta con tres estrellas Michelin y además su sala es preciosa, repleta de elegancia clásica. Si sucumbes a sus platos, posiblemente sea el capricho de tu viaje (los menús superan los 200 euros), pero la experiencia gastronómica merece mucho la pena.

Yo soy una fanática de los mercadillos y de los mercados tradicionales, así que disfruté muchísimo en el Mercato Centrale. Además de los puestos habituales de frutas, verduras, productos típicos, flores… hay una zona donde puedes degustar la gastronomía de la zona. ¿El bocado que no te puedes perder? Una fabulosa tabla de embutidos toscanos acompañada por un buen vino de la región, con especial atención a los bocadillos de auténtica mortadela regados con aceite de trufa blanca. Una delicia.

Más allá de volverte loca con los escaparates de las firmas internacionales cuyas tiendan copan las calles principales, vas a traer en tu maleta algún artículo de piel (hay cazadoras de cuero y bolsos de altísima calidad a precios estupendos en los puestos callejeros). Y tienes que conocer la Farmaceutica di Santa Maria Novella que lleva abierta desde el siglo XVII; su entorno de época y los frascos de antaño son una maravilla y además es imposible resistirse a sus velas, esencias, aceites aromáticos, perfumes…

Cuando comienza a caer el sol las mejores vistas de Florencia se disfrutan desde el Piazza le Michelangelo. En la ladera de la colina Montecuccoli y con el río Arno a tus pies, podrás disfrutar de un ocaso inolvidable (aunque muy concurrido). Más arriba se encuentra la abadía de San Miniato al Monte, con panorámicas igual de estupendas, pero usualmente vas a encontrar menos gente alrededor.

Desde la impresionante terraza de Il Salviatino (una lujosa villa italiana del siglo XV, que fue la residencia de verano de la conocida familia Salviati) también se obtiene una vista de postal sobre la majestuosa y mítica catedral del Duomo con su fachada neogótica (no dejes de subir a su cúpula). Aquí podrás disfrutar del sunset en un ambiente distinguido, saborear un delicioso cóctel elaborado al momento o compartir una entretenida velada al atardecer. Magníficamente ubicado sobre las colinas de Fiesole, es considerado uno de los hoteles más cool del mundo. ¿Cuándo comienzas a planear tu escapada a Florencia?

Cuatro paradas obligatorias en Marbella

Como todos los veranos hay que dejarse caer unos días por este destino de clima privilegiado, alojamientos de lujo, beach clubs animadísimos, ambientazo internacional y una gastronomía cada vez más TOP. Hoy os descubro cuatro paradas imprescindibles esta temporada.

Un clásico e imprescindible: El Chiringuito. Desde hace tres años Puente Romano (recién galardonado por Conde Nast Traveler como el Mejor Hotel Gastronómico de España) cuenta con el club más cool a pie de playa: bautizado como El Chiringuito es un espacio es precioso y está ubicado sobre la misma orilla del Mediterráneo. Cuenta tanto con terraza como con restaurante interior. Y si lo prefieres, puedes relajarte en una tumbona junto al mar mientras disfrutas de un cóctel. ¡También ofrecen todas las tardes sunset hour con DJ! Durante este mes organizan tres parties nocturnas de lo más animadas, repletas de sorpresas, gente guapa y que merecen mucho la pena: la fiesta de Luna Llena, San Juan (con hogueras incluidas) y la gran inauguración del verano que se ha convertido ya en todo un clásico de la zona.¿Una recomendación? Acude a cenar a El Chiringuito y luego acércate hasta La Plaza de Puente Romano para tomarte unas copas. Es difícil encontrar mejor ambiente nocturno en todo Marbella… Y si quieres trasnochar puede quedarte en Suite, el night club ideal para las copas de última hora.

Un gin-tonic al caer la tarde en Diblu. En pleno paseo marítimo y recientemente inaugurado, es un establecimiento perfecto para tomar unos deliciosos cafés a media mañana en un ambiente tranquilo (pide el capuchino de tiramisú) o una copa relajada cuando comienza a caer el sol. Su situación es inmejorable y vas a brindar casi con los pies en la arena en un ambiente cosmopolita. Además de la terraza a pie de mar cuentan con un precioso salón acristalado para un almuerzo (pide sus pescados o arroces) con buenas vistas. Y también disponen de tumbonas para pasar el día al precio de 18 euros.

El tapeo más divertido en Back Tapas. Es la última sensación de la ciudad. Ingenio, buen producto, elaboraciones excelentes, combinaciones originales y presentaciones que no dejan indiferente a nadie. Un local divertido e informal en el que la barra tiene tanta importancia como el salón o la terraza. El cruasán de centolla es una de sus especialidades estrella, pero no os perdáis el carabinero con su croqueta, el tartar de quisquillas de Motril, el gazpacho verde, los buñuelos de queso Payoyo con pisto de verduritas y yema de huevo o el cochifrito de cerdo de castañas, gazpachuelo de chirlas y camarones.

La gastronomía gourmet en La Milla. Lo recomiendo para los paladares más sibaritas puesto que ofrece la mejor gastronomía de playa. Situado entre el hotel Marbella Club y Puente Romano, el año pasado despuntó y este se ha consolidado como el mejor gastro beach. Aquí se viene a probar su excelente producto, especialmente los pescados (al carbón y a la sal), frituras malagueñas, espetos y arroces (están bien ricos). Tienen un apartado dedicado a los crudos (estupendas las ostras, aunque no os perdáis el ceviche de carabineros y el tartar de lubina). Pero lo mejor es pedir las sugerencias del día. Las ortiguillas, los berberechos, las almejas, las vieras, el salmonete, la gallineta, el salpicón, el gazpacho de centollo… Además, podrás disfrutar de una amplia carta de vinos, cócteles y espumosos.

 

 

Rincones secretos de Mallorca que tienes que conocer

Mallorca es una de las islas más bonitas de Europa. Además, ofrece diversidad, contrastes y escenarios inolvidables. Todas tenemos en mente sus cristalinas calas, sus playas turquesas, la cosmopolita ciudad de Palma o el glamour de Portals. Pero hay una Mallorca alternativa, posiblemente mi favorita, que ofrece paisajes de montaña, bosques de pino y panorámicas sobrecogedoras. El interior isleño -que huele a verde, a fresco, a naturaleza- tiene algunos de los rincones más bellos y cuenta con los hoteles más elegantes y distinguidos. Os desvelo mis rincones imprescindibles.

Para conocer la isla a fondo hay que recorrer la sierra de Tramontana (patrimonio mundial de la Unesco). Y hacer una parada en el encantador e histórico pueblo de Valldemossa para perderte entre sus calles empedradas y conocer su arquitectura de postal y sus fachadas cuajadas de flores multicolores. Aquí compuso melodías Chopin y vivió días inolvidables junto a su amante, la escritora francesa George Sand. No te pierdas su museo y la Cartuja. Sus callejuelas están repletas de cafés, terrazas, tiendas y restaurantes. Las que no podáis vivir sin playa, no os preocupéis: el mar está muy cerca. Dos calas imprescindibles a menos de cinco kilómetros, Cala Sa Marina donde además podrás comer casi en la orilla, y Cala de s´Estaca. Si sois amantes de las tapas acercaos hasta Quita Penas un local pequeño (y súper animado) en el se degustan riquísimas tapas que prestan especial atención a los productos locales. No os marchéis de Valldemossa sin probar las típicas cocas de patata (un consejo, hay que tomarlas con un buen chocolate caliente) que vais a encontrar en todos los rincones, aunque la genuina es la de Ca´n Molinas.  A pocos kilómetros y situado entre montañas, se encuentra Deià, que tiene una situación y unas panorámicas que posiblemente sean las mejores de la isla. También debes pasear por Sóller (ubicado en un valle de naranjos) y su puerto.

¿Dónde alojarte? Pernoctar en este entorno de relax, calma y tranquilidad es un acierto. No lo dudes, elige el hotel Valldemossa perteneciente a la cadena Relais&Châteaux. Este refugio consigue hacerte olvidar del resto del mundo. Y hacerte sentir como una princesa entre su especial arquitectura (con terrazas a diferentes niveles) y el sobresaliente servicio. Las suites son espaciosas y decoradas al detalle (te vas a enamorar de sus enormes armarios de madera maciza) pero lo mejor es despertarte en un paraíso con la sensación de que nada malo puede ocurrir. Algunas ofrecen fabulosas panorámicas sobre la sierra y sobre el pueblo. Desayunar, comer o cenar en su fabulosa terraza exterior es inolvidable. Las vistas son increíbles. La cocina es de alto nivel y los fines de semana las amenizan con música en directo (boleros los viernes y piano los sábados). En su espacio wellness tienes a tu disposición tratamientos de belleza y masajes, así como una piscina interior con sauna y jacuzzi. La piscina exterior, entre jardines y árboles centenarios, es un oasis de paz.

El norte es otro de los lugares que tienes que visitar para empaparte de lo más genuino de la isla. Hermosas playas, pueblos antiguos y la omnipresente sierra de Tramontana. Debes conocer los espectaculares acantilados de cala San Vicenç, las largas playas de arena del puerto de Alcudia, el camino hacia el cabo de Formentor y su faro, o la playa de Formentor, con sus aguas verde esmeralda enmarcadas por un espeso bosque de pinos. La bahía y el pueblo de Pollensa, son otra parada imprescindible. Con pasado templario y aspecto medieval, tomar el aperitivo en su preciosa plaza Mayor es una de las actividades obligatorias. Acércate en domingo, cuando se celebra un animado mercadillo que ocupa todo el pueblo. No te olvides de comprar una ensaimada casera en la panadería Ca’n Xim.

El hotel por excelencia en esta zona es Son Brull Santuario Rural, uno de los más lujosos, también perteneciente a Relais&Chateâux. En sus orígenes el edificio fue un monasterio jesuita del siglo XVIII. Sus suites (con techos altos, vigas de madera, sábanas de algodón egipcio y amenities de lujo) son perfectas si estáis planificando una escapada romántica, mientras que las villas con piscina privada, son ideales para un viaje en familia. Muy recomendable su spa con vistas al valle que ofrece tratamientos con ingredientes naturales únicos de Son Brull que invitan a la relajación total y, sobre todo, su piscina a los pies de la montaña. No os perdáis las sesiones matinales gratuitas de yoga para huéspedes ni largo un paseo por los preciosos viñedos que rodean la propiedad.

Su bistró, con una cocina informal y una selección de tapas a precios ajustados, es ideal para cenar al atardecer en el exterior. Si todavía no tenéis planificadas las vacaciones de verano, Mallorca puede ser una opción fabulosa.

Lo mejor de Londres en tres días

La capital británica siempre apetece. ¡Mucho más ahora que hay vuelos económicos desde España y que la libra se encuentra casi a la par que el euro! Londres ofrece miles de atracciones y actividades de ocio que llevar a cabo. En visitas breves siempre nos quedan cosas por hacer y rincones por descubrir. Pero también es posible disfrutar al máximo vuestra escapada visitando los lugares que os recomiendo a continuación y que os he agrupado por cercanía. ¡Comenzamos!

 

Área Hyde Park-Palacio de Buckingham-Parlamento. Con más de 140 hectáreas de extensión, Hyde Park es el parque imprescindible. Además de pasear entre paisajes verdes y caminos repletos de flores, patos y cisnes, en este oasis urbano se pueden hacer picnics, tomar el sol, remar en el lago, patinar, montar en bici y practicar otros muchos deportes.  Cerca se encuentra el palacio de Buckingham. Desde allí nos podemos acercar hasta las riberas del río desde donde se pueden obtener unas buenas vistas del Big Ben, el famoso reloj de las Casas del Parlamento convertido en uno de los principales símbolos de la ciudad. La torre, construida en 1858, constituye un peculiar edificio de estilo gótico que alberga cuatro enormes relojes situados en cada una de sus caras.  A su lado, la impresionante abadía de Westminster.

South Kesington/ Knightsbridge. ¡La zona ideal para las más sibaritas y para el shopping!  Además de numerosas embajadas y consulados, aquí se encuentra Harrods, uno de los más lujosos almacenes que existen: no dejéis de visitar la sección de alimentación, una de las mejores del mundo. Allí se pueden encontrar cualquier tipo de delicatesen, platos preparados para paladares gourmet y los manjares más exóticos. Sus dulces, galletas y bombones son una delicia, aunque nada baratos. A pocos pasos de Harrods se encuentra Sloane Street, la calle más elegante que alberga las tiendas de moda más exclusivas y las residencias de élite.

Eye of London. Construida en el año 2000 para celebrar el nuevo milenio, la noria London Eye se ha convertido en un icono londinense. Ofrece unas vistas panorámicas impresionantes y en los días claros es posible alcanzar una visibilidad de 40 kilómetros. Desde aquí parten también las embarcaciones que realizan cruceros por el Támesis y que permiten visualizar los principales monumentos desde el agua, como, por ejemplo, el Tower Bridge. Cruzando el puente de Waterloo se puede tomar un cóctel en uno de los bares de hotel más prestigiosos del globo: el American Bar del Savoy, con una decoración al estilo de los años 20. En este enclave tan glamuroso se enamoraron los protagonistas de mi última novela histórica, Amor es la respuesta.

Covent Garden/Soho/Chinatown. La primera es una de las zonas más animadas. Rodeada de teatros, la ópera, restaurantes y tiendas, se caracteriza por los numerosos artistas callejeros. Al lado se encuentra el Soho, una buena zona para salir de fiesta. Y muy cerca, el Barrio Chino que te transporta a Oriente en pleno corazón de Europa. Hay muchos establecimientos para probar la comida china auténtica, pero uno de mis preferidos es el Leong´s Legend con sus especialidades taiwanesas. En el centro de Chinatown se encuentra uno de los hoteles más lujosos de Londres: el W. Y también os aconsejo hacer una parada para conocer una de las últimas tendencias gastronómicas londinenses: Lobster&Burguer. ¡A mí me encanta!

Portobello y Candem. Son los dos mercadillos más famosos de la ciudad. Portobello es un mercado clásico que destaca por las antigüedades y las piezas vintage. Es recomendable dar una vuelta por el barrio en el que se ubica, Notting Hill, para observar sus casas victorianas y sus jardines floridos. Candem y su mercadillo, sin embargo, representan lo alternativo y vanguardista.

Área Oxford/ Regent/ Baker Street. Piccadilly Circus es el punto de encuentro por excelencia de la ciudad, fácilmente reconocible por los carteles luminosos y por la fuente de Eros. Desde aquí se puede ir caminando hacia Regent Street, una de las principales áreas de compras de la capital. Merece la pena destacar la tienda de juguetes Hamleys, quizá solo comparable con la juguetería FAO Schwartz de Nueva York. Y desde Regent hay que tomar Oxford Street, la calle más comercial de la capital británica. ¿Mi parada favorita? Selfridges, los fabulosos almacenes cuyos escaparates son todo un espectáculo. Para los amantes de la literatura en la cercana calle de Baker Street se ubica el apartamento, el museo y la estatua de casi tres metros del detective más universal: Sherlock Holmes.

Un último consejo:  debéis dejar un hueco para el British Museum y recrearte con sus secciones del Antiguo Egipto; la National Gallery, la exposición de arte más importante de Londres, y para la Tate Modern, el museo de arte moderno más visitado del mundo.

 

Las paradas obligatorias (y más cool) de Lisboa

Lisboa siempre apetece. Situada a apenas una hora de vuelo, la capital del país vecino es una ciudad que resulta ideal para una escapada y que nunca te cansas de visitar. ¡Si hasta Madonna la ha elegido para vivir! Hoy os descubro los rincones imprescindibles en vuestro próximo viaje.

      El hotel emblemático. Es una de las primeras preguntas que nos hacemos al planificar un viaje. ¿Dónde me alojo? Sin dudar os recomiendo el que posiblemente cuente con la mejor ubicación. El Pestana Pousada de Lisboa (un hotel Small Luxury Hotels) está situado en el centro de la plaza del Comercio, corazón de la ciudad. Un enclave de lujo que se complementa con unas instalaciones decoradas con mucho estilo, las maquetas originales de muchas obras de arte reales (el hotel parece un museo en miniatura), unos desayunos estupendos y un servicio de altura. También ofrece una interesante propuesta gastronómica: prueba sus deliciosas carnes en un ambiente cosmopolita y con unas privilegiadas vistas a la plaza en Rib Beef&Wine.  Y déjate aconsejar para un  maridaje perfecto con vinos portugueses (no te vayas sin probar su vino verde).

      Shopping y picoteo. Merece la pena visitar el Mercado Da Ribera para conocer a fondo los productos típicos y las especialidades del país. Además de todos los puestos de frutas y verduras frescas de la planta baja, es uno de los mejores lugares para comer. ¡Y con precios para todos los bolsillos! Tiene decenas de puestos con bocados tradicionales, cocina de autor, street food o caprichos gourmet. También podrás traer en la maleta los mejores productos típicos: latas de conserva, vinos, quesos, chocolate…

       ¿Eres sushi adicta? Entonces tienes que acercarte hasta SeaMe, posiblemente la mejor de barra de sushi lisboeta. Un establecimiento ideal para amantes de los productos del mar servidos de todas las maneras posibles: crudos, al horno, ahumados, a la brasa, a la plancha, cocidos… Tú eliges cómo los prefieres. Los ceviches también están muy buenos. Una advertencia: los fines de semana suele haber cola para entrar. Es uno de los sitios de moda.

El brunch. Ubicado en plena avenida de la Liberdade (la Milla de Oro de Lisboa), el hotel Valverde (recién incorporado a la prestigiosa lista de los Relais&Chateaux) ocupa un elegante edificio de fachada clásica, con columnas de voluta y frisos ornamentales esculpidos. Sus interiores te van a enamorar por su decoración impecable. Destaca su gran patio interior, un oasis urbano con una exuberante vegetación ideal para tomar cócteles o disfrutar de la hora del té. Pero, sobre todo, no te pierdas su brunch de los domingos. Amenizado con música en directo, ofrece unos platos estupendos, muy abundantes y un servicio de lujo.

       Una escapada obligatoria. Desde la estación central lisboeta salen continuamente trenes que en apenas cuarenta minutos te dejan en el centro de Cascais. Un pueblecito marítimo de cuento, perfecto para caminar junto al mar, hacer shopping, fotografiar sus mansiones señoriales del siglo pasado o saborear las especialidades gastronómicas portuguesas. Si prefieres los entornos glamurosos y alejados del bullicio turístico, te recomiendo el sitio perfecto: traspasa las puertas de la histórica ciudadela y elige la Taberna Da Praça. En un ambiente glamuroso vas a comer de maravilla por un precio moderado en el restaurante del hotel Pousada Ciudadela &Art District. Te resultará complicado elegir mesa entre las situadas en la terraza del patio histórico o las del acogedor interior que simula una biblioteca.

    La parada dulce. En Lisboa vas a encontrar una pastelería en cada rincón. Visita la antigua confitería de Belem donde elaboran los famosos pasteles de Belén con una receta secreta que se mantiene inalterada desde hace siglos. Déjate caer por Versailles para probar sus pastelitos de nata y sé la reina de Instagram subiendo imágenes de la fachada y el interior de la Confitería Nacional, una de las más antiguas de Europa.

    Una copa con vistas. Después de un día intenso, nada mejor que subir hasta las alturas para disfrutar de un gin-tonic fresquito o de un cóctel bien elaborado. Elige el Sky Bar del hotel Tivoli. Una azotea cosmopolita, con unas panorámicas fantásticas de la ciudad y siempre frecuentado por gente guapa.

Si te gusta el street art esta es tu isla

El sudeste asiático está repleto de joyas por descubrir más allá de Indonesia y Tailandia o del universo cosmopolita de Singapur. Hoy os descubro Penang, antiguo refugio de los piratas malayos, una isla ubicada en la costa noroeste de la península de Malaca. Se encuentra unida al continente por un puente de trece kilómetros que es un icono de la arquitectura local. Entre sus calles descubres un crisol de lenguas, religiones y razas (chinos, indonesios, árabes e indios) que fusionan todo tipo de costumbres y ritos. Un destino interesante, alejado de los tradicionales circuitos occidentales y que sorprende por sus playas, gente hospitalaria, sus templos y la gastronomía. Pero, sobre todo, por el arte urbano.

Georgetown es su núcleo urbano y está repleto de contrastes. Debes visitarlo a pie para descubrir sus mansiones coloniales de fachadas pintadas en tonos pastel y los asombrosos templos con tejados ornamentados. Mientras caminas vas a encontrar multitud de galerías, tiendas, terracitas y cafés semiescondidos donde detenerte para disfrutar una Tiger -la cerveza local- bien fría. Te vendrá bien para sobrellevar la humedad (a veces supera el 90%). Georgetown es un museo al aire libre en el que sus paredes esconden murales que son pequeñas obras de arte. El motivo de esta insólita exposición callejera se debe a un proyecto de embellecimiento de la ciudad que surgió cuando la UNESCO la declaró Patrimonio de la Humanidad. En la ciudad te facilitan los mapas de street art para que puedas realizar el recorrido de los murales al completo. La obra más fotografiada es la que representa a unos niños sobre una bicicleta, pero hay otras realmente sorprendentes. También te vas topando en cada rincón con esculturas de forja que recuerdan en su ejecución al estilo de los cómics y que son fabulosas.

Desplázate hasta el templo budista de Kek Lok Si, el más grande de Penang, en el que te van a enamorar sus diez mil budas tallados sobre una gigantesca pagoda y un bullicioso mercado de puestos de recuerdos y artesanía en los alrededores (os aviso: vais a traer la maleta repleta de souvenirs porque son vistosos y muy baratos).

Otra de las visitas imprescindibles en la isla es su Parque Nacional. Cuenta con senderos cuajados de vegetación y entornos selváticos que finalizan en las dos de las playas más representativas de la isla, Turtle y Monkey Beach. A lo largo del recorrido es habitual cruzarte con monos, enormes lagartos, cientos de aves -incluidas el milano brahmán y el águila culebrera chiíla-, mariposas multicolores y hasta tortugas.

Capítulo especial merece la gastronomía de Penang. La diversidad cultural se refleja en la variedad de platos y sabores especiados, potentes y baratísimos. En los puestos callejeros se pueden degustar noodles deliciosos por menos de medio euro… Es fácil probar buenos masalas, cocina china, cantonesa y las imprescindibles especialidades locales como los rotis -similares a nuestros pancakes– o el nasi kandar -un arroz acompañado de una selección de carnes y verduras.

Tres consejos imprescindibles:

  • Cena en Red Garden, un mercado de comida al que acuden los malayos y en el que probarás cocina internacional de todo tipo. Tiene escenario en el cual actúan artistas locales desde que cae el sol.
  • Alójate en el Eastern&Oriental Hotel, fiel reflejo del glamour de la época colonial inglesa. Por alguna de sus cien suites han pasado ilustres huéspedes como Rudyard Kipling.
  • Te llamará la atención su culto a los gatos: les dedican grafitis, souvenirs y hasta tiendas temáticas.