Imaginad por un momento que nos hemos trasladado a tierras escocesas o a la campiña inglesa: iglesias centenarias, cielos cenicientos, fortalezas medievales, callejuelas empedradas, estampados de tartán, épicas historias de clanes y… ¿por qué no? Disfrutar del ritual del afternoon tea, una tradición imprescindible en las islas británicas. Desde el mediodía hasta bien entrada la tade se disfruta de un tentempié servido con ceremonia, pompa y glamour: en torres y sobre delicadas porcelanas.

Pero, ¿en qué consiste exactamente el afternoon tea? Se inició a mediados del siglo XIX en los salones de la élite aristocrática. Su invención se atribuye a Anna Russell, duquesa de Bedford, pero la misma reina Victoria llegó a celebrar recepciones a media tarde para más de doscientos invitados, convocados alrededor del té y de una exquisita selección de emparedados y dulces. En nuestros días estos bocaditos se presentan en una coqueta bandeja de varios pisos. Lo correcto es ir degustando de abajo a arriba. Se comienza con un surtido de mini sándwiches. ¿Los más típicos? Los de salmón ahumado y de pepino con crema de queso. ¿Los más ricos? Los de jamón asado con salsa de mostaza antigua o el de pastrami con pepinillo. Se continúa con esos pastelitos típicos denominados scones, que suelen acompañarse de mantequilla y mermelada casera. Por último, las bandejas superiores se destinan a un festival para los más golosos: degustación de tartas, pastelillos variados (no suelen faltar los de canela), pastas y macarons de numerosos sabores (y colores). Tanto manjar culinario se acompaña del protagonista originario, el té, aunque en los establecimientos de lujo resulta indispensable también el champán de calidad. Una aclaración para los que os vayáis a iniciar en este delicioso ritual: cuando en la carta leáis “high tea” significa que además de todo lo anterior también sirven un plato caliente (generalmente huevos pochados, revueltos, benedictine…).

¿Dónde se puede degustar un buen afternoon tea Madrid? Lo cierto es que no hay muchos establecimientos que lo ofrezcan en la capital, pero acabo de descubrir uno que lleva poco tiempo sirviéndose y es altamente recomendable.  Me refiero al del Rosewood Villa Magna, una de las propiedades más emblemáticas e históricas de Madrid, que ha reabierto sus puertas hace pocos meses bajo la bandera del lujo refinado. Y lo han hecho por todo lo alto, porque desde todos los ámbitos se alaba unánimemente su renovación que muestra un claro compromiso con el diseño contemporáneo, la arquitectura y el arte, al tiempo que respeta la esencia tanto del antiguo Palacio Anglada: este edificio del siglo XIX fue el primero en ocupar el sitio donde ahora se erige del hotel.  El nuevo interiorismo se caracteriza por un ambiente cálido y acogedor que rememora el ambiente de residencia privada, elegante y atemporal. 

 

Flor y Nata, es un espacio acogedor que ofrece una propuesta única de pastelería fina. Es donde sirven el afternoon tea. Un ambiente tranquilo presidido por una gran chimenea donde también se puede tomar un café, una merienda o almuerzos ligeros. También puedes llevarte sus especialidades a casa. Respecto al ritual inglés, resulta un planazo altamente recomendable para pasar una tarde única -y con mucho charme– con amigas. Comenzaréis por los sándwiches salados servidos en una torre (junto con otros pastelitos del día) que están todos increíbles, con especial mención al de pollo con manzana y cebolla crujiente. Adictivos también los cannelé, que se deshacen en la boca. Los scones, esos pastelillos típicos ingleses que son deliciosos si están bien hechos, son servidos con crema agria y mermelada casera de fresas. Llegan aún calentitos a la mesa y son una perdición…

Pero todavía hay más. Porque a continuación, en un trolley, llega una nueva torre, esta vez con los pasteles de Belém, también llamados pastéis de nata, bombones variados, la tarta del día y macarons de sabores (buenísimos los de café). Todo se elabora a diario y de manera artesanal en la pastelería del Villa Magna. Por supuesto el afternoon tea, que dura más de dos horas, viene acompañado de una selección de tés y cafés, así como de una copa de champán para los que lo deseen. Y para que la tarde sea redonda, disponéis de tres horas de parking gratis cuando reserváis en cualquiera de las opciones de restauración del hotel. Un lujo de velada que no os podéis perder.