El hotel perfecto para desconectar y reconectarte. Porque Ibiza es mucho más que playas, fiestas animadas y puestas de sol. La isla también cuenta con espectaculares parajes naturales, abruptos acantilados, montañas, bosques de pinos (de ahí su nombre, Pitiusa) y encantadores pueblos interiores. Y porque también tiene mucho que ofrecer cuando la temporada estival finaliza: es completamente recomendable durante todo el año. Yo acabo de descubrir uno de esos rincones mágicos y atemporales de este universo genuinamente ibicenco; un lugar donde el aire huele a limpio y el trino de los pájaros y las cigarras se convierte en la banda sonora que te acompaña durante tu estancia. Me refiero al hotel rural Can Lluc, protagonista del último spot de Mango rodado aquí. Ubicado en pleno corazón de la isla, domina un tranquilo valle de gran valor ecológico, rodeado de bosques de pinos, árboles frutales, algarrobos y olivos milenarios. ¿Y qué me decís de su plantación de dos mil parras? Un privilegio que nos conquista en plena naturaleza. Su emplazamiento idílico plasma el espíritu mediterráneo en cada detalle de sus instalaciones que combinan tradición y vanguardia.

Pero como suele ocurrir con los lugares especiales, Can Lluc tiene su propia historia. En el año 2000 el matrimonio formado por Tina Soriano y Lucas Prats comenzó a moldear lo que terminaría por convertirse en uno de los agroturismos ibicencos más aclamados. Decidieron poner en marcha el proyecto junto a un arquitecto local, José Torres. Su misión era transformar una antigua casa de campo, propiedad del abuelo de Lucas y que había pertenecido a la familia durante siglos, en un hotel boutique en pleno campo. De hecho, en la casa payesa original Lucas pasó gran parte de su niñez. La finca se halla en la falda de la montaña denominada Atalaya de Sant Rafael, frente a una zona denominada tradicionalmente Coll den Lluc. Desde este lugar vas a contemplar unas asombrosas vistas panorámicas: todo el paisaje hasta Sa Talaia de Sant Josep, el monte más alto de la isla, así como la bahía de Sant Antoni, la isla Conejera y parte de la zona protegida de Es Amunts, en la parte norte de la isla.

La arquitectura del complejo está muy bien ideada y los diseños modernos contrastan con las vigas de antaño y las antiguas paredes, que cobran protagonismo en esta propiedad salpicada de detalles tradicionales que combinan con el lujo y la comodidad que buscamos cuando viajamos. El hotel dispone tan solo de veinte habitaciones en las que se respeta y mucho la sensación de privacidad; aunque uno de sus grandes aciertos son sus ocho villas con jardín propio, puesto que van mucho más allá del concepto de habitación: son amplias suites en plena naturaleza, entre flores, almendros y vegetación.

Frente a la vivienda principal hay una zona de césped y palmeras que da acceso a la piscina infinity que tiene una entrada de agua permanente como en los antiguos estanques del campo ibicenco con el tradicional color “aumanga” (rojo intenso), que se ha utilizado en otros elementos del establecimiento. El agua de la piscina se trata mediante electrólisis, proceso que genera el cloro de forma natural y ofrece una sensación distinta al bañarse, permitiendo además su uso a cualquier hora. Pero si algo me ha conquistado, además de sus rincones estratégicos (el de la siesta, el de la puesta de sol, el huerto ecológico…) son sus desayunos: servidos al aire libre y elaborados al momento con productos de la tierra. También cuentan con gimnasio, spa, Concierge, y masajes y tratamientos en colaboración con Ibiza Massage; y organizan escapadas de relax, románticas, bodas a medida… Si estás pensando en un evento único, puede ser una opción perfecta.

Can Lluc se encuentra a unos diez minutos de Ibiza y de San Antonio y a menos de tres kilómetros del pueblo de Sant Rafael. Entre sus principales atractivos destaca su iglesia fortificada, cuya silueta domina todo el valle, así como sus restaurantes, sus artesanos ceramistas y la granja criadero de caballos de pura raza española, denominada Yeguada Los Olivos que cuenta con más de un centenar de yeguas, caballos y potros.

Un nuevo templo para foodies. Su mismo nombre ya da una pista: Casa Jondal está ubicado en la cala del mismo nombre, uno de los enclaves imperdibles de la isla. De la mano de Rafa Zafra (su Estimar se ha convertido en lugar de culto en la capital para los amantes del pescado y el marisco), es un restaurante ideado para disfrutar de los mejores pescados de la lonja, cigalas, percebes, carabineros, cangrejo real, bogavante, ostras, caviar, almejas… Todo servido a pie de playa y rodeado de ambientazo. Eso sí, los precios son acordes a la calidad y a la temporada ibicenca de verano. Pero si te quieres dar un capricho marinero, este es tu sitio.