Este agosto el Mediterráneo apetece más que nunca. Por eso hoy te desvelo alguno de mis rincones favoritos de Valencia. La ciudad se ha convertido en un referente gastro con todo el encanto que atesoran las capitales situadas a orillas del mar. ¡Apunta estas direcciones! Te encantarán.

Alta cocina creativa. Ricard Camarena es una parada imprescindible. El establecimiento que lleva su nombre está ubicado en un espacio espectacular, fue una antigua fábrica de bombas hidráulicas. En sus platos se aprecia el respeto a las raíces de su tierra y unas presentaciones cuidadas al detalle. No te pierdas las alcachofas con anguila o a la ostra valenciana. Camarena tiene también un restaurante informal, Canalla Bistró, con un buen nivel en la mayoría de los platos, pero a precios mucho más asequibles.

Estrenando estrella. La Salita, de Begoña Rodrigo, es perfecta para una cena estupenda. Su tratamiento de las verduras te va a emocionar. Los precios de los menús son moderados pese a estar galardonada por Michelin. Hay algunos pases para aplaudir, como el falso risotto de all i pebre o el huevo, guisantes y manitas con mantequilla de cigalas (la chef elabora unas mantequillas riquísimas y originales). Buen servicio y gran puesta en escena que convierten esta visita en una experiencia sensorial.

Muy buenas vistas. En la última planta del icónico edificio Veles e Vents, en pleno puerto, se encuentra La Sucursal, perfecto para visitarlo al mediodía para disfrutar de su luminosidad, su terraza, y las vistas a la ciudad y mar. Destaca la cocina abierta, corazón de la sala. La propuesta se centra en menús degustación a base de productos de temporada. Estupendos los aperitivos que abren el menú, como el dentell de gamba blanca, la corteza de mar, el tomate de rama en tempura relleno de jabugo y kimchi o el pepito de Titaina.

 La paella. En Valencia se come buen arroz en casi todas partes. Pero yo elijo Casa Carmela toda una institución en la ciudad. Un restaurante de los de toda la vida, decorado con azulejos tradicionales y ubicado en la playa de la Malvarrosa. Elaboran la paella a fuego de leña de naranjo, con ingredientes de calidad -conejo, pollo, caracol, alcachofa fresca, garrofó de vaina y el bajocó de ferradura-, el punto justo de socarrat y respetando la receta… ¡de su bisabuela!

El beach club. Imprescindible la visita a La Marina ubicado en la playa de Las Arenas, uno de los mejores complejos de ocio y gastronomía más cool del Mediterráneo, que engloba diferentes espacios conectados entre sí. Su restaurante ofrece una cocina que fusiona tradición y vanguardia, con buenos arroces y pescados. Pero lo mejor es pasar el día en sus piscinas sobre la arena del mar o tomar unas copas por la noche en sus siempre animadísimas terrazas.

El mejor alojamiento. Las Arenas es un balneario de lujo ubicado sobre la arena del Mediterráneo, un establecimiento ideal para disfrutar de un fin de semana de alto standing junto al mar. Cuentan con una oferta culinaria de altura y un área chill out para disfrutar de un atardecer tranquilo en un ambiente elegante. Al lado hay bastantes chiringuitos a pie de playa donde tienes que probar el mítico -y único- arroz rojo del restaurante Neptuno.

La escapada. Cerca de la ciudad no os perdáis esta joya gastronómica y su entorno bucólico. La Alquería de brosquil está situada en un gran caserío con techos de madera y amplios ventanales. Es un lugar de referencia para los valencianos. Atención a su arroz al horno y al meloso de pato, son brutales. Dentro del parque natural de la Albufera puedes elegir la arrocería Duna, a pocos metros del mar y en el interior de una finca de naranjos. Pide la fideuà de fideo fino  y el arroz de cigala con alcachofas. Termina con un gin-tonic para disfrutar de una sobremesa inolvidable rodeada de naturaleza.

Especial golosas. Visita la confitería-bombonería Rosa de Jericó y llévate unas naranjas confitadas, los florentinos y el pan quemado. Y, por supuesto, no puedes marcharte de Valencia sin probar la horchata de chufa. Daniel Alboraya es posiblemente la horchatería más emblemática de la ciudad. En El Tendre la elaboran artesanalmente desde 1949 y otro que nunca defrauda es Agustí; toma nota: allí también tienes que disfrutar de sus helados de leche merengada.