Saddle se ha convertido en tema de conversación recurrente entre todos los que buscan la excelencia gastronómica. ¿Ha llegado el que puede convertirse en un clásico de la restauración? Sus primeros pasos así lo avalan… Después de una reforma integral del espacio que albergó al icónico Jockey (con el que únicamente comparte dirección porque son muy diferentes), Saddle se ha propuesto que cada comensal disfrute de una experiencia de máxima calidad en producto, cocina, servicio y entorno. Os descubro todos los detalles…

El espacio. No se trata de un restaurante al uso. ¡Tiene más de 1.600 metros y varios ambientes diferentes! El salón principal, elegante, amplio y con buena separación entre mesas, está coronado por un gran lucernario que le aporta luminosidad. Para los que buscan intimidad, dedican una planta completa a sus reservados, uno de sus tesoros más preciados. Estos reservados, con recepción propia, van desde los dos hasta los veinticuatro comensales. Se accede a través de unos ascensores privados salvaguardando la privacidad de quienes no quieren dejarse ver por las zonas comunes. El lobby bar es el espacio más casual. Su propuesta gastronómica gira en torno a la barra y al concepto tapeo, pero basado en una excelente materia prima y en dar protagonismo al producto.

La decoración. Construye Capital ha llevado a cabo el proyecto de total renovación del espacio y Studio Gronda se ha encargado del interiorismo. El resultado son diferentes ambientes bien delimitados en los que destacan materiales nobles como maderas, sedas o el bronce. La iluminación natural, gracias al lucernario que la preside y a un coqueto jardín interior, destaca en el salón principal.

El equipo. Está constituido por más de cincuenta profesionales que trabajan bajo la batuta de Carlos García Mayoralas, director del restaurante.

  • El chef. Adolfo Santos se encuentra al mando de los fogones. Su propuesta gastronómica gira alrededor de la tradición bien ejecutada. La temporalidad es otro de los valores que defienden en la cocina. La carta ha sido diseñada dependiendo de la estacionalidad para adaptarse a los productos de temporada. Hay propuestas diarias fuera de carta basadas en las mejores propuestas de mercado. Merece la pena probar estas sugerencias.
  • La sala. El servicio de sala está liderado por Stefano Buscema. ¿Su objetivo prioritario? Que los comensales se sientan como en casa.
  • El sumiller. El encargado del vino es Israel Ramírez que busca una oferta basada en la mejor calidad, pero respetando el arraigo por la tradición.
  • El barman. Alberto Fernández ha diseñado una carta de cócteles que fusiona los códigos clásicos con las tendencias actuales. ¡No os podéis perder sus cócteles! Se divide en tres secciones: sours, clásicos contemporáneos y efímeros, en homenaje también a los productos de temporada; buscan desde distribuidores remotos en la India hasta los locales de la sierra de Guadarrama para sorprender. Hay combinaciones tan interesantes que merecen una visita en sí misma para probarlas.

La cocina. Se basa en el respeto al producto, la tradición y la temporalidad. Todos los platos son servidos con ceremonia y refinamiento. Algunas de las especialidades imprescindibles de la carta (cambia por temporada) son: el pichón Mont Royal, la lasaña fría con buey de mar y bogavante, el lenguado Meunière, el mero salvaje con escabeche de aceitunas y puré de chirivías, el foie gras entier, la gamba roja de Garrucha, el arroz meloso con setas, pato azulón y trufa negra o el rodaballo salvaje. En la carta de invierno probé dos platos sobresalientes: el cardo rojo con beurre blanc ibérica y angulas y los guisantes con salsa de menta, sapietas y papada confitada. ¡Espero que los retomen con el frío! Un acierto de Saddle: hay opción de pedir medias raciones en bastantes propuestas de la carta.

En el lobby se pueden degustar bocados tan apetecibles como anchoas, jamón ibérico, quesos, ostras Amelie, caviar, navajas ligeramente escabechadas, salmón marinado con encurtidos caseros, salazón de corzo o su espléndida gilda (anchoa, navaja, piparra, percebes, gordal y pescado de lonja). La carta de postres es corta pero cuidada, con especial mención a la imperdible selección de quesos. Ojo a Estaciones, su menú degustación que consta de diez pases.

La bodega. Saddle dispone de más de 1.400 referencias entre las que se encuentran auténticas joyas. Lo mejor es ponerse en manos del sumiller y dejarse sorprender por sus propuestas. Además, ofrece una gran selección de vinos por copas, pensados para satisfacer los gustos personalizados de cada comensal. La bodega cuenta con 200 referencias de champán de grandes maisons y pequeños productores. Si sois amantes de los destilados aquí encontraréis vuestro particular paraíso en el carro del restaurante… ¡con más de 460 referencias! Algunas de estas etiquetas proceden de destilerías extintas, lo que supone encontrar botellas únicas.

¿Quién está detrás de este proyecto? Los accionistas son 100% españoles, apasionados de la restauración, aunque sin experiencia previa en este ámbito, donde destacan con participaciones mayoritarias iKasa y Marcapital.

¿Merece la pena? Sin duda es una opción imprescindible para los que buscamos una experiencia gastro que va más allá de la buena cocina, siendo conscientes de que la alta calidad se paga. Aquí se viene a disfrutar del servicio, de los detalles, de los carritos, de la impresionante selección de vinos, destilados y cócteles, de los rituales que acompañan a cada plato e incluso de la manera personalizada de preparar los cafés y los tés.