Santander es una de mis ciudades favoritas de España. Lo tiene casi todo excepto un clima excepcional; eso sí, sus días despejados y soleados son inolvidables. Un fabuloso paseo marítimo, la playa casi virgen de El Puntal, el surf en Somo, moda estupenda, la tradición del vermut, unos alrededores de ensueño y una gastronomía -tanto de tapeo como de mesa y mantel- increíble. Si elegís la capital cántabra este verano (absolutamente recomendable) comparto con vosotras algunas visitas que nunca me pierdo. ¡Tomad nota!

Oda al pescado. Mejor acudir después del desayuno, cuando los más de 80 puestos están repletos de género. Vais a contemplar los mejores frutos del Cantábrico recién pescados. Pasear por los pasillos del mercado de la Esperanza es un placer. Encontraréis un festival de merluzas, rodaballos, lenguados, rapes, bocartes, atunes, bonito, machotes, percebes, cigalas, zamburiñas, centollas, bogavante, caracolillos, almejas…

El tapeo. En la zona del Cañadío, Puerto Chico y en Río de la Pila, hay decenas de locales para tapear. Acude a El Diluvio para disfrutar su tortilla de patatas con callos, el pincho de mollejas con setas, el de pisto con patatas o el de filete ruso con salsa de queso. Tampoco hay que perderse los mejillones y los arroces del Machi. Y otra parada imprescindible para las tapas: Casa Lita. Su barra es un paraíso de los pinchos.

El vermut. A mí me encanta. Y en Santander existe tradición de salir a tomarlo al mediodía, así que yo feliz de mimetizarme con las costumbres locales…  Lo preparan fenomenal y lo acompañan de gildas, rabas recién hechas, gambas… El Solorzano (la vermutería por excelencia de la ciudad), bodega La Montaña o La Gilda (y sus deliciosos mejillones) son mis recomendaciones.

Para todos los bolsillos. El Puerto Pesquero cuenta con una zona de restaurantes para pedir platos de cuchara, pescado y marisco a precios más que aceptables. Los Peñucas es el restaurante más popular y su arroz marinero, la parrillada o su marmita de temporada son indispensables.

Al rico marisco. Marucho siempre es una garantía. Excelentes almejas -su salsa verde es magnífica-, maseras, cigalas, percebes, besugos o rodaballos. El inconveniente es que el local cuenta con muy pocas mesas y conseguir una es complicado.

De chiringuitos. Imprescindible conocer la playa de El Puntal, solo accesible por barco. Salen lanchas diarias a todas horas en verano desde el paseo de Pereda. Hay un chiringuito a poco más de diez metros de la orilla y del embarcadero, que ofrece todo tipo de buenas raciones y de pescado fresco. Hay otro segundo chiringuito (su bonito es gloria bendita) más tranquilo al que se llega después de un paseo de una media hora.

De tiros largos. Imprescindible El Serbal con estrella Michelin. Elaboran platos de alta cocina basados en la materia prima de la tierra (buenísimo el arroz con canetón). Para los amantes de la cocina especializada en marisco, recetas caseras y pescado fresquísimo, El Puerto y La Mulata son excelentes opciones.

¡Al rico cocido montañés! Imperdible probar este contundente plato de cuchara -o el lebaniego-, servido en casi todos los restaurantes santanderinos y a puchero completo.  En Fuente De cuesta menos de diez euros.  Las raciones de este local como el queso picón, los pimientos del piquillo, el lacón o las croquetas caseras, son abundantes y baratas. Un consejo: hay que terminar con su “digestivo” té del puerto…

La escapada romántica. Una casa señorial del siglo XVII en un entorno montañés con ambientación de cuento. Así es Camino Real de Selores, un hotelito ubicado en una aldea del valle de Cabuérniga (el lugar merece una visita) donde se disfruta de pura naturaleza. Su restaurante ofrece un entorno íntimo, con velas en las mesas y buena cocina con productos de la tierra.

Las excursiones gastro. Una de las más reconocidas marisquerías está en la playa de Somo, punto de encuentro de surferos. En El Galeón no dejes de pedir las almejas gordas a la sartén, el salpicón, las cigalitas vivas fritas, el tartar de atún rojo de Balfegó, el arroz con bogavante, los judiones con changurro, el bonito en temporada o la lubina del Cantábrico. La langosta la preparan sobresaliente. Los amantes de conocer estrellas Michelin tienen una parada obligada en El Cenador de Amós. Ubicado en una preciosa casona-palacio del siglo XVIII de Villaverde de Pontones, solamente por el entorno ya merece la pena el desplazamiento.

Una cena especial. Para una velada para dos elige Deluz. Está a cinco minutos de El Sardinero, en un coqueto chalet de los años 50 rodeado de un jardín inglés que fue la residencia de los abuelos de los propietarios. Todavía conserva muchos detalles de la decoración original. Una atmosfera íntima, ideal para celebrar.