Un destino otoñal perfecto si resides en la capital o en sus alrededores es la ciudad de Ávila. Centro histórico monumental, paseos alrededor de la muralla, el museo de Santa Teresa, sus legendarias yemas y una gastronomía contundente pero deliciosa: patatas revolconas con torreznos, judías del Barco, sopa castellana y, por supuesto, la jugosa y tierna carne de los chuletones abulenses. Desde hace poco, además, este destino castellano cuenta con un aliciente más: un alojamiento de lujo y con una carga histórica única. Alojarte en La Casa del Presidente supone revivir nuestro pasado más reciente desde una perspectiva muy personal.

La cadena Fontecruz ha rehabilitado la que fue la casa del presidente Adolfo Suárez. Y lo ha hecho a lo grande, sin escatimar en detalles y mimando cada rincón. La residencia únicamente cuenta con diez habitaciones (elige la suite Felicidad, abuhardillada y con un baño precioso), pero ese es precisamente uno de sus principales encantos. Te olvidas de que estás en un hotel porque parece que estás en tu propia casa durante tu estancia. Es una escapada perfecta para pasar un fin de semana relajado o romántico. El check in se realiza en el que fue el despacho de Suárez. Conserva su biblioteca y además ofrece una sorpresa inesperada, una puerta secreta que se construyó para facilitar su huida en caso de alguna emergencia o peligro. Aunque no está contrastado se afirma que en dicho despachó cerró con Carrillo el acuerdo que legalizaba la Partido Comunista y que la puerta secreta la utilizaba el emérito Juan Carlos I para entrar en la residencia del presidente.

Los salones y estancias comunes están decorados con auténtico lujo, pero sin perder el encanto y la esencia de un hogar familiar. En el porche puedes pasar horas leyendo y escribiendo mientras escuchas el canto de los pájaros y disfrutas de un té calentito, un café con una tarta casera o una buena copa de champán. Los jardines son una maravilla y la piscina, en contacto directo con la muralla, una verdadera joya. En verano se organizan allí barbacoas al aire libre.

Uno de los aspectos que más han cuidado es el desayuno que se sirve en la que antaño fue la cocina. Trabajan con productos de altísima calidad, todos de cercanía. Los panes y croissants llegan desde la centenaria Tahona del Sotillo y están buenísimos, las mermeladas y la miel (excelente) son del Barco de Ávila, los quesos de El Barraco de Elvira García, los yogures están elaborados con leche de vacas abulenses y se acompañan de semillas y frutas de Gredos. También te preparan al gusto huevos variados (fritos, revueltos o escalfados) y tortillas. No dejes de probar (si te queda hueco) el bizcocho casero de zanahoria. Por supuesto no faltan el jamón ibérico de bellota, la fruta del día recién cortada, el zumo de naranja natural o el tomate para las tostadas.

Por la noche debes visitar restaurantes como Los Candiles (uno de los mejores chuletones), La Bruja, Siglo Doce (uno de los más antiguos de la ciudad), Las Cancelas o el Almacén. Si eres de las que prefieres tapear acércate hasta la zona de terrazas (en la calle de San Segundo, frente a la muralla) y disfruta de los bocados de El buen yantar o El rincón del Jabugo, muy frecuentados por los locales.