Venecia es la ciudad a la que siempre quiero volver. Y allá regreso siempre que puedo porque cuando me alejo tengo la sensación de que me ha quedado todo por ver, que lo que ella me muestra es una primera capa superficial, que lo espléndido está camuflado tras esa primera versión permitida. La ciudad de las máscaras es el laberinto de las mil caras: siempre descubres detalles, rincones, canales, pasajes, puentes o perspectivas hasta entonces desconocidos para tu memoria. Para una primera visita, sin duda, resultan imprescindibles los clásicos: San Marcos, el Campanile, el Gran Canal, Santa Maria della Salute, el Palazzo Cantarini del Bobolo, el Palacio Ducal, Ca d´Oro, el Casino, la Bienal, el puente de Rialto, el Harry´s o el Danieli.

Pero hoy os descubro una Venecia más chic y cosmopolita, ideal para una segunda o sucesivas visitas a esta urbe mágica. Una Serenissima menos transitada de turistas, con campos repletos de terrazas y edificaciones encantadoras (aquí no hay plazas, solo San Marcos se denomina como tal) ideales para disfrutar de un delicioso café o un Martini al atardecer, boutiques vintage y las mejores colecciones de arte. Me refiero al distrito de Dorsoduro (si te ubicas en el centro del Gran Canal, es el lado en que se encuentra Santa Maria della Salute). Aquí tienes que disfrutar de Punta della Dogana, el triángulo que te regala algunas de las mejores vistas de toda la ciudad: si lo rodeas por la parte contraria a la basílica, encontrarás restaurantes con terrazas a pie de agua perfectos para una cena especial (como Linea Dombra o el restaurante de Pensione Calcina). Aquí el arte es el protagonista con la Galería de La Academia -la mayor colección de arte veneciano del mundo que contiene obras maestras de pintores como Tiziano, Veronés, Canaletto o Bellini- y la imperdible colección de Peggy Guggenheim -una de las más importantes de Europa de arte europeo y americano de la primera mitad del siglo XX-. Debes acercarte hasta Ca’ Rezzonico, uno de los pocos palacios de Venecia que se pueden visitar y que actualmente alberga el museo del Settecento Veneziano. Por supuesto también resulta imprescindible una parada en el Campo Santa Margherita, posiblemente el más animado de toda Venecia. Mientras caminas por esta zona te sorprenderá su torre inclinada: es el campanario de la iglesia de San Esteban. Las mejores puestas de sol se observan desde la Giudecca. Os podéis acercar hasta el Bauer, un convento restaurado del siglo XVI con vistas fabulosas a San Marcos. Pero el atardecer inolvidable se sitúa entre las impresionantes balconadas del Cipriani.

Si eres una apasionada de Mariano Fortuny y te quieres dar un capricho, tu sitio es Venetia Studium: este estudio es una oda al buen gusto, al diseño y a la obra del maestro.

¿Dónde alojarse? No lo dudes, elige el Centurion Palace, perteneciente a Small Luxury Hotels of the World. Es un hotel boutique de lujo ubicado en el corazón del Gran Canal con impresionantes vistas al mismo, situado frente al mítico Gritti y repleto de detalles, especialmente en su colección de suites. Si es posible, reserva alguna de las que cuentan con vistas al canal porque ofrecen unas panorámicas memorables. Y entre ellas elige una de estilo loft, con doble altura, techos de más de cinco metros y unas inmensas ventanas venecianas que te obligan a fotografiar sus panorámicas y sus balconadas una y otra vez. También cuenta con un muelle privado para las llegadas y salidas en taxi acuático, aunque lo que más vas a apreciar es disfrutar del desayuno en el epicentro del Gran Canal, una experiencia al alcance de muy pocos establecimientos en la ciudad. Otro de los aspectos que más sorprende es la combinación entre la fachada de inspiración gótica del antiguo edificio (el Palazzo Genovese, construido en 1892) y el acertado diseño contemporáneo de sus interiores. En el Centurion no hay espejo, lámpara, escultura o cuadro que no sea una pequeña obra de arte.