Cuando conoces Singapur te invade una sensación de vértigo. Impresionantes rascacielos, arquitectura de máxima vanguardia, parques temáticos, reminiscencias del colonialismo, eclécticos centros comerciales, decenas de hoteles de lujo, hiperactividad callejera… Esta isla-estado de cinco millones de habitantes fundada hace apenas cincuenta años y convertida en un gigante, te atrapa.

 

Para mí es uno de los tres estandartes asiáticos, junto con Shanghái y Hong-Kong. Será por su fusión de culturas, religiones, etnias, por su variedad gastronómica, intensa vida o la sensación permanente de internacionalidad. Todo en Singapur es hiperbólico y multicolor. La isla ofrece infinitas propuestas, pero os detallaré las imprescindibles para conseguir una visión icónica. Por cierto, la primera buena impresión te la llevas desde el aeropuerto: uno de los mejores del continente.

Comenzad la inmersión por los Jardines de la Bahía. Por un momento vais a pensar que te has trasladado a un escenario de cuento de hadas.  Árboles-botella, baobabs o más de medio millón de especies de plantas y flora en un entorno tan idílico y colorista que pareces haber viajado al planeta de Avatar.

Pasea por Orchid Street, la avenida de las tiendas y los hoteles más exclusivos. Luego dedica al menos dos horas a disfrutar del parque de Merlion: mitad pez y mitad león, es la imagen de la ciudad. En el centro encontrarás dos estatuas suyas. La grande escupe agua a la bahía y es la más famosa. Un consejo: visítalo mejor de noche sin apenas turistas. Es el momento idóneo para conseguir las mejores instantáneas con la imagen de los rascacielos iluminados, la que aparece en las postales. Desde aquí también salen barquitos que navegan por la desembocadura del río. Merece la pena el paseo al atardecer. Este parque proporciona unas panorámicas inmejorables del dowtown y las mejores fotografías del mítico Marina Bay Sand: sí, hay que subir a su planta 57 para observar el skyline singapurense y conocer su piscina, la más alta del mundo.

Para los más sibaritas resulta obligado visitar el Raffles, símbolo del lujo y el glamour colonial; un establecimiento de fama mundial. La grandiosidad de su fachada solamente es comparable a sus fascinantes patios, salones y galerías interiores. Si no puedes alojarte en una de sus 103 suites, acude al Long Bar para probar el Singapur Sling: se inventó aquí. Su tienda de recuerdos ofrece virguerías para mitómanos de los hoteles con historia.

Chinatown es otra visita imprescindible. La arquitectura, el ambiente, los restaurantes y las tiendas son uno de los mejores recuerdos de la ciudad. Te vas a volver loco con los souvenirs de esta zona. Y, sin duda, aquí se come muy bien a precios estupendos. Como curiosidad: en pleno corazón del barrio chino hay dos mezquitas árabes y un templo hindú. También Little India merece una visita. Aunque este barrio es más pequeño que Chinatown, el olor a incienso, especias y las coloridas ropas tradicionales que lucen sus vecinos lo hacen especial. Imperdible visitar alguno de sus coloridos templos: os recomiendo el de Sri Veeramakaliamman.

Cuatro consejos útiles:

  • Salida nocturna. Debes dedicar una noche a disfrutar Clarke Quay. Durante el siglo XIX fue el centro comercial de la ciudad y ahora abarca varias manzanas de antiguos almacenes rehabilitados en animados restaurantes y bares de copas.
  • Parques temáticos. Si dispones de poco tiempo hay opciones mejores en Singapur. Pero Haw Par Villa es quizá el más interesante: sus más de mil estatuas muestran escenas de la historia, leyendas y el folclore chino.
  • La isla artificial. Los cinéfilos encuentran atractivo visitar Sentosa, el mini Disney asiático que acoge unos estudios de la Universal.
  • Saborea el street food. La fusión de la cocina malaya, india y china es brutal. Riquísimos los noodles, los rotis (una especie de crepés), el ramen y cualquier variedad de plato al curry. Visita un hawker centre (os recomiendo Gluttons Bay). Y no te marches de Singapur sin saborear el típico chili crab: cangrejos autóctonos en salsa de chiles (probadlos en Roland Restaurant).