Mallorca es una de las islas más bonitas de Europa. Además, ofrece diversidad, contrastes y escenarios inolvidables. Todas tenemos en mente sus cristalinas calas, sus playas turquesas, la cosmopolita ciudad de Palma o el glamour de Portals. Pero hay una Mallorca alternativa, posiblemente mi favorita, que ofrece paisajes de montaña, bosques de pino y panorámicas sobrecogedoras. El interior isleño -que huele a verde, a fresco, a naturaleza- tiene algunos de los rincones más bellos y cuenta con los hoteles más elegantes y distinguidos. Os desvelo mis rincones imprescindibles.

Para conocer la isla a fondo hay que recorrer la sierra de Tramontana (patrimonio mundial de la Unesco). Y hacer una parada en el encantador e histórico pueblo de Valldemossa para perderte entre sus calles empedradas y conocer su arquitectura de postal y sus fachadas cuajadas de flores multicolores. Aquí compuso melodías Chopin y vivió días inolvidables junto a su amante, la escritora francesa George Sand. No te pierdas su museo y la Cartuja. Sus callejuelas están repletas de cafés, terrazas, tiendas y restaurantes. Las que no podáis vivir sin playa, no os preocupéis: el mar está muy cerca. Dos calas imprescindibles a menos de cinco kilómetros, Cala Sa Marina donde además podrás comer casi en la orilla, y Cala de s´Estaca. Si sois amantes de las tapas acercaos hasta Quita Penas un local pequeño (y súper animado) en el se degustan riquísimas tapas que prestan especial atención a los productos locales. No os marchéis de Valldemossa sin probar las típicas cocas de patata (un consejo, hay que tomarlas con un buen chocolate caliente) que vais a encontrar en todos los rincones, aunque la genuina es la de Ca´n Molinas.  A pocos kilómetros y situado entre montañas, se encuentra Deià, que tiene una situación y unas panorámicas que posiblemente sean las mejores de la isla. También debes pasear por Sóller (ubicado en un valle de naranjos) y su puerto.

¿Dónde alojarte? Pernoctar en este entorno de relax, calma y tranquilidad es un acierto. No lo dudes, elige el hotel Valldemossa perteneciente a la cadena Relais&Châteaux. Este refugio consigue hacerte olvidar del resto del mundo. Y hacerte sentir como una princesa entre su especial arquitectura (con terrazas a diferentes niveles) y el sobresaliente servicio. Las suites son espaciosas y decoradas al detalle (te vas a enamorar de sus enormes armarios de madera maciza) pero lo mejor es despertarte en un paraíso con la sensación de que nada malo puede ocurrir. Algunas ofrecen fabulosas panorámicas sobre la sierra y sobre el pueblo. Desayunar, comer o cenar en su fabulosa terraza exterior es inolvidable. Las vistas son increíbles. La cocina es de alto nivel y los fines de semana las amenizan con música en directo (boleros los viernes y piano los sábados). En su espacio wellness tienes a tu disposición tratamientos de belleza y masajes, así como una piscina interior con sauna y jacuzzi. La piscina exterior, entre jardines y árboles centenarios, es un oasis de paz.

El norte es otro de los lugares que tienes que visitar para empaparte de lo más genuino de la isla. Hermosas playas, pueblos antiguos y la omnipresente sierra de Tramontana. Debes conocer los espectaculares acantilados de cala San Vicenç, las largas playas de arena del puerto de Alcudia, el camino hacia el cabo de Formentor y su faro, o la playa de Formentor, con sus aguas verde esmeralda enmarcadas por un espeso bosque de pinos. La bahía y el pueblo de Pollensa, son otra parada imprescindible. Con pasado templario y aspecto medieval, tomar el aperitivo en su preciosa plaza Mayor es una de las actividades obligatorias. Acércate en domingo, cuando se celebra un animado mercadillo que ocupa todo el pueblo. No te olvides de comprar una ensaimada casera en la panadería Ca’n Xim.

El hotel por excelencia en esta zona es Son Brull Santuario Rural, uno de los más lujosos, también perteneciente a Relais&Chateâux. En sus orígenes el edificio fue un monasterio jesuita del siglo XVIII. Sus suites (con techos altos, vigas de madera, sábanas de algodón egipcio y amenities de lujo) son perfectas si estáis planificando una escapada romántica, mientras que las villas con piscina privada, son ideales para un viaje en familia. Muy recomendable su spa con vistas al valle que ofrece tratamientos con ingredientes naturales únicos de Son Brull que invitan a la relajación total y, sobre todo, su piscina a los pies de la montaña. No os perdáis las sesiones matinales gratuitas de yoga para huéspedes ni largo un paseo por los preciosos viñedos que rodean la propiedad.

Su bistró, con una cocina informal y una selección de tapas a precios ajustados, es ideal para cenar al atardecer en el exterior. Si todavía no tenéis planificadas las vacaciones de verano, Mallorca puede ser una opción fabulosa.