El sudeste asiático está repleto de joyas por descubrir más allá de Indonesia y Tailandia o del universo cosmopolita de Singapur. Hoy os descubro Penang, antiguo refugio de los piratas malayos, una isla ubicada en la costa noroeste de la península de Malaca. Se encuentra unida al continente por un puente de trece kilómetros que es un icono de la arquitectura local. Entre sus calles descubres un crisol de lenguas, religiones y razas (chinos, indonesios, árabes e indios) que fusionan todo tipo de costumbres y ritos. Un destino interesante, alejado de los tradicionales circuitos occidentales y que sorprende por sus playas, gente hospitalaria, sus templos y la gastronomía. Pero, sobre todo, por el arte urbano.

Georgetown es su núcleo urbano y está repleto de contrastes. Debes visitarlo a pie para descubrir sus mansiones coloniales de fachadas pintadas en tonos pastel y los asombrosos templos con tejados ornamentados. Mientras caminas vas a encontrar multitud de galerías, tiendas, terracitas y cafés semiescondidos donde detenerte para disfrutar una Tiger -la cerveza local- bien fría. Te vendrá bien para sobrellevar la humedad (a veces supera el 90%). Georgetown es un museo al aire libre en el que sus paredes esconden murales que son pequeñas obras de arte. El motivo de esta insólita exposición callejera se debe a un proyecto de embellecimiento de la ciudad que surgió cuando la UNESCO la declaró Patrimonio de la Humanidad. En la ciudad te facilitan los mapas de street art para que puedas realizar el recorrido de los murales al completo. La obra más fotografiada es la que representa a unos niños sobre una bicicleta, pero hay otras realmente sorprendentes. También te vas topando en cada rincón con esculturas de forja que recuerdan en su ejecución al estilo de los cómics y que son fabulosas.

Desplázate hasta el templo budista de Kek Lok Si, el más grande de Penang, en el que te van a enamorar sus diez mil budas tallados sobre una gigantesca pagoda y un bullicioso mercado de puestos de recuerdos y artesanía en los alrededores (os aviso: vais a traer la maleta repleta de souvenirs porque son vistosos y muy baratos).

Otra de las visitas imprescindibles en la isla es su Parque Nacional. Cuenta con senderos cuajados de vegetación y entornos selváticos que finalizan en las dos de las playas más representativas de la isla, Turtle y Monkey Beach. A lo largo del recorrido es habitual cruzarte con monos, enormes lagartos, cientos de aves -incluidas el milano brahmán y el águila culebrera chiíla-, mariposas multicolores y hasta tortugas.

Capítulo especial merece la gastronomía de Penang. La diversidad cultural se refleja en la variedad de platos y sabores especiados, potentes y baratísimos. En los puestos callejeros se pueden degustar noodles deliciosos por menos de medio euro… Es fácil probar buenos masalas, cocina china, cantonesa y las imprescindibles especialidades locales como los rotis -similares a nuestros pancakes– o el nasi kandar -un arroz acompañado de una selección de carnes y verduras.

Tres consejos imprescindibles:

  • Cena en Red Garden, un mercado de comida al que acuden los malayos y en el que probarás cocina internacional de todo tipo. Tiene escenario en el cual actúan artistas locales desde que cae el sol.
  • Alójate en el Eastern&Oriental Hotel, fiel reflejo del glamour de la época colonial inglesa. Por alguna de sus cien suites han pasado ilustres huéspedes como Rudyard Kipling.
  • Te llamará la atención su culto a los gatos: les dedican grafitis, souvenirs y hasta tiendas temáticas.