Hoy os voy a descubrir mi rincón favorito de la Riviera mexicana, un destino alternativo, alejado de la masificación y los resorts de todo incluido, un refugio de moda entre las celebrities del continente americano (poco frecuentado por españoles) donde puedes pasar unas vacaciones de ensueño siempre con unas omnipresentes -y fascinantes- vistas del mar Caribe. Os hablo de Tulum. El ambiente es cool, selvático, aislado y relajado. Para mí es uno de los mejores lugares del mundo para escaparte a un destino paradisíaco que ofrece todo lo que buscamos de un entorno tropical. Yo repito una y otra vez, y espero seguir haciéndolo por muchos años.

En sus proximidades vas a encontrar una naturaleza virgen de extraordinaria vegetación -la riqueza paisajística del Yucatán es infinita-, yacimientos arqueológicos mayas, cenotes -subterráneos y al aire libre-, una gastronomía deliciosa y la selva a tan solo unos metros de la costa.  En Tulum no faltan restaurantes que ofrecen excelentes experiencias culinarias (no os perdáis Hartwood -imprescindible reservar con mucha antelación-, Banana, Gitana y La Rosa Negra), cafés y coctelerías bajo palapas, jardines secretos, centros de masaje, tiendas de moda y artesanía, clases de yoga a pie de playa, animación nocturna con las olas como música de fondo y unos alojamientos especiales (aquí no hay hoteles al uso): cabañas de ultra lujo al borde del Caribe.

La Zebra, (perteneciente a Small Luxury Hotels) es posiblemente el mejor alojamiento de la zona. Cuidan cada detalle para que te sientas como en casa, pero en medio del paraíso. Veintinueve cabañas amplias, lujosas y diseñadas con mucho gusto te saludan sobre una arena tan blanca que da pena pisarla. Por las noches te duermes escuchando el sonido de las olas y puedes observar el amanecer sobre el mar desde tu misma cama king size. ¡Una experiencia inolvidable!

Muchas de estas cabañas son suites con piscina privada a escasos metros del Caribe. Sus desayunos, elaborados al momento con productos locales y que te sirven a pie de aguas turquesas, son memorables: no dejes de probar los huevos rancheros y toda su carta de smoothies. En general su gastronomía de especialidades mexicanas es sobresaliente. Si puedes, elige la experiencia Chef´s Table para disfrutar de una cena única. Si te alojas en domingo podrás conocer una de las veladas más animadas de Tulum: sus fiestas nocturnas en la playa reúnen hasta doscientas personas. Acude también a su spa para darte un masaje con técnicas ancestrales de piedras calientes. Además, desde su servicio de concierge te organizan todas las experiencias que puedas imaginar para disfrutar de tu estancia: avistamiento de aves, paseos para observar a las tortugas desovar -yo tenía un nido al lado de mi cabaña- pesca, buceo, clases de cocina, talleres de vida saludable para familias, monitor de yoga o un día de shopping para conocer a los mejores artesanos locales. Y su personal hace todo lo posible para que seas feliz. ¿Lo único complicado? Alejarte de allí…

Vídeo Entrevista

Fotografía: Sofía Fernández

Si lo que buscas es un alojamiento romántico, tu sitio es Mi Amor. Un hotel boutique solo para parejas ubicado sobre un acantilado salpicado de palmeras (y de enormes camas balinesas) en la reserva natural de Tulum. Cada detalle está pensado para salvaguardar la intimidad de los huéspedes. Suites con piscina privada, una infinity pool de postal, tratamientos en el spa especiales para dos, un fantástico restaurante de cocina mediterránea con toques mexicanos para que no tengas que salir del hotel si no te apetece -prueba su ensalada de pulpo y los pescados locales y a la parrilla, son deliciosos-, velas y flores en cada rincón… En definitiva, el paraíso ideal para los enamorados.

Si queréis hacer alguna excursión la visita imprescindible, además del yacimiento arqueológico, es Sian Ka´an. Su traducción al español desde la lengua maya ya lo dice todo: puerta al cielo. Un espacio protegido, reserva de la biosfera. Allá donde termina el área de Tulum comienza una experiencia inolvidable. Tendrás que realizar el recorrido en jeep puesto que no hay asfalto. Tras dos horas atravesando la selva, cruzándote con manatíes, todo tipo de aves, alguna serpiente y hasta enormes cocodrilos, alcanzarás sus playas cristalinas, arrecifes coralinos y sus piscinas naturales.  Llega hasta Punta Allen, una comunidad de pescadores que habita un entorno privilegiado, un rincón virgen sin apenas turistas.