Cultura rastafari, acordes acompasados de reggae, playas caribeñas, naturaleza selvática y la leyenda de Bob Marley convierten a esta isla en un destino muy apetecible y repleto de matices. Os develo qué hacer y qué visitar en este enclave caribeño. Eso sí, os advierto que es una isla grande y las distancias son considerables (aunque hay buenas infraestructuras y carreteras).

Comienzo por una de las zonas más conocidas, Montego Bay. En la ciudad puedes caminar por la plaza principal donde se erige una estatua en recuerdo del líder de las rebeliones de esclavos del siglo XIX. Paseando por sus alrededores se encuentra The Cage una antigua cárcel de esclavos. Si sois fanáticas de Bob Marley debéis visitar el centro dedicado al músico para conocerlo todo sobre su vida y sobre el reggae.  A poco menos de una hora en coche está Martha Brae River, una experiencia divertida que consiste en tumbarte en una balsa de troncos de bambú y dejarte conducir por el curso del río.

Negril es una de las zonas más animada y concurrida. Aquí se encuentran algunas de las mejores playas de Jamaica y uno de los locales míticos: el Rick’s Café. Entre imponentes acantilados los jamaicanos y los viajeros más valientes realizan increíbles saltos; el café ofrece unas excelentes vistas sobre el mar y una puesta de sol inolvidable al ritmo de los acordes de bandas de reggae. Eso sí, suele estar repleto de gente y esto le resta encanto. Pero si preferís un entorno más salvaje y genuino (como es mi caso) tenéis que visitar el Floyd´s Pelican Bar: ¡un árbol-bar situado en medio del mar! Ideal para tomarte una cerveza y darte un baño entre pelícanos y mantarrayas en aguas cristalinas. Solo se puede llegar en barco.

Seguimos nuestro recorrido y llegamos a Ocho Ríos, crisol de culturas indígenas: cataratas espectaculares, frondosos parques naturales y ricos fondos marinos. Sus playas cubiertas de palmeras y aguas turquesa son el lugar perfecto donde disfrutar del saber vivir jamaicano. Hay que visitar la desembocadura del Dunn River, que cae al mar desde 180 metros de altura en una espectacular catarata y disfrutar del paisaje de Dunn’s River Beach, una de las playas más bonitas de la isla.

Kingston es la capital y la mayor ciudad de habla inglesa de todo el Caribe. Se encuentra en una amplia llanura con el mar al sur y la montaña de San Andrés como telón de fondo. Es una mezcla de tradición y modernidad, salpicada de casas tradicionales con balcones elaborados y calados, llenos de flores y de plantas, mansiones clásicas del siglo XVIII. Pero, ojo: Kingston también tiene barrios marginales y muy peligrosos.

Si sois aventureras y preferís hacer excursiones resulta imprescindible visitar un poblado de rastafaris en el que conoceréis su música, su cocina, sus saltos al mar o las barcas que usan para salir a pescar. Si sois amantes de los animales tenéis que acudir al Santuario de Aves de Rocklands en la que son visibles casi 200 especies de aves de llamativos colores, algunas de las cuales podrás alimentar con tus propias manos. Pero, sobre todo, os recomiendo acudir a uno de los más bellos espectáculos nocturnos que ofrece la naturaleza: Glistening Waters, una laguna en la que se produce un curioso espectáculo luminoso provocado por un microbio fosforescente que adquiere luminosidad con el movimiento. ¡Al paso de barcos, peces o de tu propio cuerpo el agua se ilumina!

¿Y qué hay de la gastronomía jamaicana? Es una mezcla entre la cocina africana y la inglesa. La mayoría de sus platos tienen un sabor intenso debido a la gran cantidad de condimentos que se usan para marinar los platos. La base se compone de pescado, pollo, arroz, verduras, frutas y especias. Debéis probar el patty jamaicano, una empanada típica que contiene varios rellenos y especias. El ackee y salfish es conocido como el plato nacional: se compone de bacalao salteado con ají cocido, cebolla, boina escocesa, tomate y especias. Suele servirse para desayunar junto con frutipán, un pan de masa dura o plátano verde cocido.  Otros dos platos que están muy rico son la carne de cerdo con pimienta, trozos de papaya, mango y jengibre marinada en jugo de tamarindo, vinagre y chile y el conejo al ron. Un último consejo: como en cualquier destino tropical, los zumos y batidos de frutas naturales están deliciosos, ¡probadlos todos!