Como algunos de los partidos más relevantes del Mundial se celebran allí, todo el mundo habla estos días de San Petersburgo. Os confieso que yo soy una enamorada de la ciudad de los zares, uno de esos lugares del mundo tocados por una varita mágica que consigue sorprenderte en cada nueva estancia. Tuve la oportunidad de conocerla a fondo cuando me documentaba para mi última novela histórica, Amor es la respuesta. La trama se desarrolla entre Estambul, Madrid, Londres y San Petersburgo a lo largo de tres siglos, pero destaca la presencia de la ciudad rusa (tanto durante la época de la corte de los Romanov como en nuestros días). Los lectores consideran a San Peter (como lo llaman los peterburgueses) como un protagonista más de la novela.

Cada rincón, canal, plaza y recoveco esconden un tesoro. Podrías permanecer un año al completo entre sus calles y no descubrirías ni una pequeña parte de lo que la ciudad puede ofrecerte. Las panorámicas de la ciudad por sí mismas ya constituyen todo un espectáculo. Os recomiendo las visitas imprescindibles.

  • San Salvador sobre la sangre derramada. Es un monumento de arquitectura multicolor y con un estilo puramente ruso, construida sobre el lugar donde Alejandro II fue asesinado. Las cinco cúpulas en diferentes colores y su fachada con detalles dorados, impresionan.
  • La catedral de San Isaac. La más grandiosa de las iglesias de la ciudad sobrepasa los cien metros, tiene más de cien columnas de granito en sus pórticos y una cúpula recubierta de oro puro en su totalidad.
  • San Pedro y San Pablo. Situada en una isla sobre el río Neva ofrece uno de los emblemas de la ciudad: la aguja de su campanario de 122 metros coronada por una veleta en forma de ángel. Es el panteón de los zares rusos.
  • Avenida Nevsky. A lo largo de sus cuatro kilómetros y medio, la cruzan tres canales y en ella se ubican numerosos hoteles emblemáticos, terrazas, restaurantes y tiendas. Hay que caminarla de arriba abajo y recrearse con la catedral de Nuestra Señora de Kazán.

  • La plaza del Palacio. Grandiosa, impresionante, monumental, te deja sin palabras. La genuina fachada azul verdosa y blanca del Palacio de Invierno de los zares a un lado, el edificio del Estado mayor al otro (coronado por una impresionante cuadriga en bronce de seis caballos) y la solemne columnata de Alejandro de cincuenta metros en el centro, la convierten en una de las plazas más memorables del planeta.
  • El Hermitage. Visualizar sus más de tres millones de piezas llevaría años a cualquier visitante. Solo el complejo arquitectónico que alberga al museo es una joya: el palacio de Invierno, el pequeño Hermitage, el viejo Hermitage, el teatro del Hermitage, el nuevo Hermitage y parte del edificio del Estado Mayor dejan sin respiración. La colección consta de antigüedades romanas y griegas, arte oriental, una colección de vestuario de la nobleza y de los zares rusos, piezas arqueológicas, cuadros y esculturas de Europa Occidental, arte ruso y una de las mejores pinacotecas del mundo.
  • Un palacio de verano. De entre las imponentes residencias de verano de los zares Peterhof es posiblemente la más representativa con estilo muy versallesco. Pero si sois amantes de la historia tenéis que conocer el palacio de Alexander, la residencia familiar de los últimos zares de Rusia y sus cinco hijos: Olga, Tatiana, María, Anastasia y Aleksei. Es uno de los escenarios principales de Amor es la respuesta.

Respecto a las experiencias imprescindibles os aconsejo tomar un café en la Casa Singer. Ubicada en un magnífico edificio de estilo Art Nouveau, es librería más famosa de San Petersburgo. En su planta superior cuenta con un café donde degustar unos deliciosos blinis de salmón o roast beef. Las enormes cristaleras con vistas sobre la catedral de Kazán son inmejorables. Tampoco podéis dejar de navegar al atardecer (y brindar con vodka) sobre el río Neva. La sucesión de palacios de colores en sus orillas y a lo largo de los canales y los ocasos interminables (durante el verano no oscurece por completo hasta alcanzar la medianoche) son de una belleza indescriptible.

 

Tenéis que acudir a una representación del ballet ruso. Aunque San Petersburgo cuenta con más de 40 teatros, lo más acertado es disfrutar de una velada en el histórico Mariinski. Ir al teatro en Rusia es toda una experiencia: las salas son inmensas, las representaciones fantásticas y el ambiente único.

Un consejo para las viajeras más gourmet: no os privéis de comer caviar. Bien sea el rojo procedente del salmón o el exclusivo caviar negro elaborado de las huevas del esturión salvaje del Mar Caspio.

Y, por supuesto… ¡tenéis que comprar matrioskas! Se encuentran en cualquier punto de la ciudad. Los precios oscilan desde unos pocos rublos hasta cifras desorbitadas. Las elaboradas a mano que merecen la pena comienzan a cotizar a partir de los 70-80€. Si las han pintado artistas de renombre pueden alcanzar fácilmente los 5.000€. Tampoco os resistiréis a las cajas lacadas y a las réplicas de los huevos Fabergé.