Soy una apasionada de las islas griegas. Es un destino relativamente cercano, apetecible, mediterráneo (con la complicidad y afinidad que eso conlleva para los españoles), colorido, acogedor y con una gastronomía estupenda. Además, el azul intenso del Egeo es embriagador. Lo más conveniente es dejarse llevar durante dos semanas de una isla a otra, pero si no hay tiempo, ¿cuál elegir entre las dos más famosas? Ambas son maravillosas, islas bellísimas cuya fama es bien merecida, pero si planificas una escapada romántica en la que respirar tranquilidad y relax, elige Santorini. Si viajas con amigas y buscas movimiento y alegría, tu destino es Mykonos.

Santorini es una isla volcánica cuyos pueblos están en la cumbre. Impresiona desde que ves por primera, sobre todo si llegas por mar. A Fira, la capital, se accede por funicular. Las panorámicas desde arriba son esplendorosas, mires por donde mires. Aquí hay mucho que hacer: recorrer las calles repletas de tiendas de souvenirs, joyerías, cerámica, telas… O salir a tomar algo a los bares, restaurantes, terrazas y clubes nocturnos. Te recomiendo alojarte en Oia. Desde este pueblo de cuento vas a contemplar unas de las mejores puestas de sol de toda Europa. Os aconsejo realizar excursiones en barco: a la caldera del volcán, a la isla de Thirassia, navegar para disfrutar de los atardeceres… Puedes alquilar veleros, yates pequeños, catamaranes o goletas. Si podéis, decantaros por esta última opción. También es posible hacer mini cruceros hacia otras islas griegas con itinerarios personalizados. ¡Una gozada!

 

Si sois de las que buscáis rincones genuinos, debéis visitar el puerto de Armeni. Se encuentra cerca de Oia y se llega a través de una estrecha carretera. Hay tabernas de pescadores poco turísticas para cenar riquísimos pescados al carbón y a las brasas, regados con buenos vinos blancos o un Vin Santo de la zona.

En esta isla no hay largas playas, pero merece la pena conocerlas. Casi todas son de arena negra. Os recomiendo Kamari, la más famosa. Otras muy frecuentadas son la playa Roja, cerca de la antigua ciudad de Akrotiri; la playa de Perissa y la de Perivolos, con sus aguas cristalinas.

Un alojamiento ideal para un viaje romántico de verdad es el hotel On the Rocks. No querrás salir de allí…

 

Mykonos me enamoró tanto como Santorini; ambas son islas luminosas de casitas blancas, tejados y puertas multicolores, vegetación y flores en cada rincón (hay millones de buganvillas), y pueblitos de calles serpenteantes. Pero Mykonos incita a la hiperactividad y no tanto a la desconexión. Chora es su capital, repleta de callejuelas empedradas, estrechas y laberíntica, ideales para perderse y para hacer muchas compras; os aviso, las tiendas de esta isla son una perdición. Dan ganas de comprarlo todo. No dejéis de acudir a alguna de las terrazas del Puerto Viejo a comer o incluso a desayunar: como es de esperar, los baklavas y yogures son deliciosos. También tenéis que acudir a la pequeña Venecia para disfrutar de una cerveza Mythos literalmente sobre el agua y para pasear entre los míticos molinos, situados justo enfrente.

Hay playas para todos los gustos: las más famosas son las de Elia, Kalafatis y Panormos (su restaurante es monísimo), hay una nudista muy animada que se llama Kapari y para las que vayáis buscando música y diversión a cualquier hora, vuestras playas son Paradise, Súper Paradise y Paraná. Aunque, sin duda, para una cena estupenda os tenéis que dejar caer por Platys Gialos, un entorno tranquilo en el que hay unos restaurantes preciosos y coquetos para cenar a la luz de las velas. En esta playa suelen fondear los yates más espectaculares que recalan por la isla.

Si puedes alójate en el hotel boutique Kensho. Y un último consejo: si eres una viajera inquieta como yo, reerva un ferry hacia Naxos, Paros o Delos (una isla con un impresionante emplazamiento arqueológico).