Queridas amigas: no hay una Venecia, hay miles de venecias. Tiene tantas caras como canales. Y como observadores y viajeros. Si una se deja llevar, empapándose de lo que ve, tendrá una Venecia solo para ella. No me atreveré a describirla acertando con mis palabras porque han escrito sobre ella los mejores: Shakespeare, Brodsky, Hemingway, Pound, Byron… Atesora tanta inspiración literaria que existen multitud de lugares que cuando entras por primera vez es como si ya hubieses estado. Pero sí puedo aconsejaros sobre algunas visitas indispensables durante un fin de semana perfecto en la ciudad de las máscaras.

En Venecia debéis perderos en sus recovecos, escondites, callejones, ruinas, rincones ocultos, canales estrechos, puentes singulares, pero son imprescindibles para una primera toma de contacto: San Marcos, el Campanile, el Gran Canal, Santa María della Salute, el Palazzo Cantarini del Bobolo, el Palacio Ducal, Ca d´Oro, elCasino, la Bienal o Rialto. Y un momento único para parejas enamoradas: el paseo en góndola al atardecer.

Para el aperitivo del sábado. Es más que obligado -casi un ritual-  acudir al Harry´s a saborear un Bellini -que sea doble-. El local es pequeño, sencillo, pero cargado de Historia y de historias, siendo casi tan protagonista como los propios personajes en la novela de Hemingway Al otro lado del río y entre los árboles y punto de encuentro de otros tantos escritores míticos: Scott Fitzgerald, Truman Capote, Stein, Noel Coward…

Comida del sábado. En la terraza del Gritti, en pleno Gran Canal, con las mejores vistas a Santa María della Salute de toda la ciudad, en una ubicación privilegiada, a pocos pasos de San Marcos, pero en una callejuela no tan transitada. Ofrece una de las terrazas más exclusivas de Venecia. El hotel Gritti es calificado por muchos como el impecable, una de las opciones más recomendables para hospedarse al menos una vez en la vida.

 

Cena del sábado. Una buena idea es acudir al restaurante de la última planta del Danieli y organizar una cena para dos. Posiblemente su terraza regala una de las mejores panorámicas que un restaurante de pedigrí puede ofrecer. También es aconsejable hospedarse en alguna visita a Venecia -al menos por una noche- en el Danieli. Su interior es el reflejo exacto de lo que la ciudad ofrece por fuera: lujo, exceso, esplendor, romanticismo, estridencia, impacto, contraste y decadencia.  Puestos a elegir, que la habitación se ubique en el Palacio Dandolo -el hotel se compone de tres palacios unidos por puentes.

Desayuno del domingo. Hay que sentarse en el café más antiguo de Venecia y uno de los más emblemáticos del planeta: el Florian. Presidiendo San Marcos se saborea el capuccino más caro del mundo, servido en bandeja de plata y con toda la parafernalia propia de la época de los duxes, escuchando acordes de piano y violín mientras disfrutas con un decorado tan perfecto como engañoso -parece cartón piedra por su armonía.

Comida del domingo. Callejeando alejados del circuito más turístico, abandonado el glamour, debéis conocer la Osteria Zucca, restaurante con capacidad para tan solo treinta comensales. Es coqueto, recogido, entrañable y un paraíso para los amantes de las verduras. La lasaña, el pastel de calabaza y el pesto son magníficos.

Las mejores puestas de sol. Las que preferís evitar el bullicio del epicentro veneciano podéis elegir la Giudecca y su Bauer, un convento restaurado del siglo XVI con vistas fabulosas a San Marcos. Dispone de pocas habitaciones, todas elegantísimas, en un ambiente tranquilo, a cinco minutos del centro, distancia que se recorre en barco privado que pone a disposición el hotel. Algunas de las mejores puestas de sol de la ciudad pueden observarse desde aquí. Otro atardecer inolvidable -no dejéis de observar cómo muere el sol sobre el Gran Canal brindando con champán- se sitúa entre las impresionantes balconadas del Cipriani.

La Venecia más contemporánea. Si tenéis inquietudes culturales o sois mujeres en búsqueda de lo más cool tenéis que visitar los Grassi, el Palazzo y la Palazzina. El Palazzo fue construido por el coleccionista francés Francois Pinault para mostrar su formidable colección de arte contemporáneo, que incluye obras de Jeff Koons, Damien Hirst o Takashi Murakami. El diseñador Philippe Starck diseñó el interior de la Palazzina, un hotel de lujo distinto a los típicos venecianos: las habitaciones tienen espejos que cubren el techo, sillas inspiradas en pop-art, predominando los colores minimalistas como el blanco y cromo.

¿Una excursión? Si todavía os queda tiempo tenéis que conocer Burano: es una isla de la laguna de Venecia famosa por sus encajes y sus preciosas casas de colores.