Hoy os descubro dos nuevas propuestas capitalinas de lo más interesantes que me han conquistado durante mis paseos por la ciudad y que quiero compartir con vosotras: la tienda de perfumes donde os querréis quedar a vivir y un ultramarinos gourmet. ¡Os encantarán!

AquaFlor. El barrio de las Salesas es un pequeño refugio en la vorágine madrileña donde cada recodo esconde cosas bonitas. Un escaparate de la calle Argensola (esquina con Orellana) cuajado de delicados frascos de perfumes me empujó a cruzar el umbral de su puerta. Dentro te aguarda una experiencia sensorial de delicados perfumes. Un lugar exclusivo donde es posible elaborar tu propia fragancia de manera artesanal. Su matriz está en un bellísimo palacio florentino en el que cada estancia está dedicada a un producto: la sala de los perfumes, de los jabones, de la ambientación del hogar… Si vais a Florencia podéis visitarlo en Borgo Santa Croce, 6. ¡Merece la pena! Los perfumes los elaboran con las materias primas más nobles procedentes de todas partes del mundo.  Además, cuenta con una gama extensa de productos: ambientación para el hogar, velas, jabones, cremas corporales, afeitado para ellos, packs de regalo con el mix de productos que más te gusten… y también ofrecen la posibilidad de realizar talleres sobre el interesante arte de la perfumería. En este espacio todo es refinado: el entorno (está ubicada en uno de los locales protegidos más exquisitos de Madrid), obviamente la calidad y variedad de las fragancias, el packaging, la atención, el servicio… Hasta el punto de que en su interior te trasladas a un entorno idílico del que no deseas escapar. Si os queréis dar un capricho propio o quedar como una reina con un regalo digno de diosas, tenéis que visitar AquaFlor.

Sus collares y brazaletes elaborados a mano contienen una pequeña cápsula de madera en el broche para rellenarla con tu fragancia favorita. ¡Conseguirás que tus complementos también huelan a tu perfume!

La Colmada. La calle Espíritu Santo siempre ha sido un foco de sorpresas agradables. Los establecimientos de la zona siempre destacan por su originalidad, colorido y encanto. Es cuna de vanguardia sin abandonar un espíritu genuino, sus raíces de barrio. Ahora acaba de abrir un nuevo establecimiento mitad tienda de alimentación, mitad taberna de tapeo. O mitad ultramarinos gourmet mitad bar de barrio: La Colmada. Todo lo que pruebas en el bar te lo puedes llevar a casa. ¡Y está riquísimo! La zona de entrada está pintada de azul, recordando a un ambiente marino, y el siguiente espacio te sumerge en un universo verde, que rememora los productos campestres. Al fondo encontrarás un pequeño comedor. Pero lo mejor es el producto: las paredes están repletas de latas de conservas artesanas de las mejores marcas, algunas difíciles de encontrar en la capital, hay una zona de charcutería donde podemos pedir al peso las chacinas que se nos antojen (quesos, ibéricos, ahumados…), hay tablas de tostas, picoteo tradicional (atención a la deliciosa ensaladilla rusa con txaca o a la empanada de lacón con grelos) y platos más contundentes (¿quién se resiste a un pollito picantón, unas codornices en escabeche, unas lentejas con foie o unas verdinas con marisco?). Buenos precios en general y, además, entre semana tienen plato del día al increíble precio de… ¡cinco euros!

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