Todo sobre Ciudad de México  

Es uno de los destinos más fascinantes en el mundo. La Ciudad de México con sus más de veinte millones de habitantes, es casi un país en sí mismo. Diversa, heterogénea y animada, esta urbe enamora a todo tipo de visitantes por su historia, cultura, arte y la hermosa arquitectura que lo adorna. Calles cubiertas de tradición y una oferta gastronómica a la altura de las grandes capitales, la convierten en un destino repleto de encantos. Su extensión da para muchos días, pero si solo dispones de dos o tres, te aconsejo las paradas obligatorias.

Bosque de Chapultepec. Premiado como el mejor parque urbano del mundo (para que os hagáis una idea, su extensión es siete veces superior al Retiro). Con sus inmensos espacios verdes, su vegetación frondosa, sus lagos y los animales que deambulan con libertad, realmente crees estar sumergida en un bosque. Ofrece estupendas panorámicas de la ciudad. En su interior se encuentra un zoológico, numerosos puestos de comida y de souvenirs a precios muy económicos, el castillo del mismo nombre donde se pueden contemplar los hermosos murales de Siqueiros, el Museo Nacional de Historia o las habitaciones donde vivió el presidente Porfirio Díaz.

El centro histórico y el Zócalo capitalino. Declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por parte de la UNESCO, el centro histórico alberga miles de actividades y sitios turísticos que no debes dejar de visitar. Alrededor de lo que se conoce como plaza del Zócalo está la plaza de la Constitución, los impresionantes edificios virreinales que la rodean y la catedral más grande de América, conocida como catedral Metropolitana con los vestigios de la ciudad prehispánica sobre la que se construyó la ciudad: el Templo Mayor. Imprescindible acercarse hasta el palacio de Bellas Artes, posiblemente el edificio más bello de esta urbe infinita. Aunque no te alojes, pasa a tomar un café en el Gran Hotel: su estilo vintage, ese toque afrancesado y su techo acristalado Tiffany, encandilan.

Barrio de Polanco y paseo de la Reforma. Tienes que dedicar al menos una tarde (si puedes incluso más) a pasear por Polanco. En su famosa avenida Presidente Masaryk se encuentran las mejores tiendas, las firmas internacionales, las boutiques más exclusivas, las sedes diplomáticas y los mejores restaurantes. También hay que caminar a lo largo del bulevar más emblemático de la ciudad, el paseo de la Reforma (¡con sus casi 15 kilómetros de recorrido!), fotografiar el Ángel de la Independencia y el monumento a la Diana Cazadora.

El legado del pasado. Con una extensión de 264 hectáreas, Teotihuacán -a tan solo sesenta kilómetros del centro- es una de las principales atracciones turísticas del país y una de las zonas arqueológicas más importantes. Sus estructuras principales son las pirámides del Sol y la Luna y el Templo de Quetzalcóatl, que datan del primer siglo A.C. Si dispones de más días desplazarte hasta el volcán Nevado de Toluca es todo un acierto.

Xochimilco. Los locales lo visitan a menudo, las parejas lo adoran y no pocas pedidas de mano han tenido lugar entre sus canales. Es un lugar pintoresco en el que hay que caminar por sus mercados llenos de flores o navegar a través de los canales amurallados con jardines a bordo de sus coloridas trajineras, unas embarcaciones típicas.

¿Dónde alojarse? La oferta hotelera es tan extensa como la ciudad, pero por su perfecta ubicación y las fabulosas panorámicas que ofrecen sus habitaciones, una opción ideal si te quieres alojar en la mejor zona, es el hotel Presidente InterContinental Mexico City. Cuidan al máximo la seguridad de sus huéspedes y se sitúa en pleno corazón de Polanco, a pocos pasos del bosque de Chapultepec. Es pet-friendly y cuenta con numerosos restaurantes de diferentes estilos: italiano, francés, neoyorquino, inglés donde sirven el té de la tarde… Pero mi favorito e imprescindible es Chapulín, rodeado de cristaleras y vegetación; ofrece muy buenos platillos tradicionales mexicanos y es frecuentado por los locales. ¡No te pierdas sus sopas y su chile de Nogada en temporada! Otros dos pluses: entra a su tienda La Clásica donde podrás comprar artesanía, bisutería y moda de calidad a precios razonables, y sube al lounge de la planta 39 para disfrutar de unas vistas que cortan la respiración mientras disfrutas de un café o un tentempié.

Anota estos otros rincones con encanto de CDMX:

  • Plaza Garibaldi. Rodeada de cafés y terrazas donde se escucha en vivo la música de mariachi, veracruzana y grupos norteños. Además, puedes pedir tu tema favorito y lo interpretan especialmente para ti.
  • Los mejores churros. Aquí les gusta tanto los churros con chocolate como a nosotros. Haz una parada en El Moro que lleva elaborando esta exquisitez desde 1935 y se los ha servido al mismo Cantinflas.
  • Al rico taco. No has estado en CDMX si no te has comida un taco de pie en un local modesto a altas horas de la noche… En las taquerías del Charro Ugalde prueba los tacos de carnita asada con queso asadero. Los tacos al pastor en Los Güeros de Boturini, considerados los mejores de la capital. En Turix (zona de Polanco) tienes que comer los de cochinita pibil, con carne de cerdo asada lentamente, achiote y salsa de adobo de naranja agria.
  • Un sabor autóctono e irresistible. Los esquites con tuétano de Don Josué. Hay cola para probar este bocado único que lleva vendiendo en su puesto desde hace más de cuarenta años.
  • El barrio Condesa y la zona Rosa. Aquí encontrarás un animado ocio nocturno y un cierto estilo hípster que gobierna estas calles salpicadas de cafés con encanto, shopping, galerías, hoteles boutique, etc.
  • La Casa Azul. Las fanáticas de Frida Kahlo y Diego Rivera, de sus pasiones desbocadas y su arte inmortal, tenéis una parada obligada en Coyoacán y sus edificaciones coloniales. Aquí está la casa en la que vivió la artista; todo se encuentra como ella lo dejó al morir. Cerca se encuentra el Mercado Artesanal, ideal para comprar recuerdos típicos.

Redescubre el mejor Cancún

Cancún es uno de los lugares del mundo donde el mar despliega todos sus tonos de azul turquesa; un agua que acaricia una arena tan blanca y fina como la harina y a lo largo de sus más de 22 kilómetros de playas, todas ellas ubicadas bordeando el Boulevard Kukulcán, en la zona hotelera. ¿Cuál es uno de sus grandes encantos? Poder disfrutar del Caribe por un lado y de la laguna de Nichupté -compuesta por siete cuerpos de agua- por el otro. Pero, además, cuenta una insuperable diversidad de hoteles, gastronomía internacional de primer nivel, vestigios de la cultura maya, campos de golf, mercados típicos de artesanías, así como espectáculos, bares y discotecas que dan fama a su animada y divertida vida nocturna. En Cancún y sus alrededores destacan también los el entorno natural con los majestuosos manglares, la selva exuberante y los cenotes, unas lagunas subterráneas, abiertas y semiabiertas -sagradas para los mayas- de aguas prístinas rodeadas de vegetación virgen.  Hoy os descubro mis imprescindibles de este enclave único.

De isla en isla. La escapada a isla Mujeres es obligatoria para nadar en aguas cristalinas, entre tortugas y delfines, puesto que se sitúa frente a Cancún y hay varios ferris a diario (unos quince/veinte minutos). No te pierdas playa Norte, la más chic de toda la isla. ¡Y no dejes de probar el arroz caribeño o los ceviches del restaurante Mar Bella! Casa Rolandi es otra excelente opción. Ixchel Beach y hotel Secreto son mis alojamientos favoritos. Si dispones de más días debes viajar a Cozumel, una isla privilegiada para los fanáticos del buceo porque es la segunda barrera coralina del mundo, tras la australiana. Aunque los expertos afirman que el colorido que ofrece el mundo submarino de este rincón mexicano es inigualable. Cozumel está rodeada por formaciones de arrecifes en aguas tan claras que se alcanza una visibilidad de hasta 70 metros. A mí me encanta la zona de la isla del lado contrario a las costas de Cancún; allí el oleaje del Atlántico es más fuerte por tratarse de mar abierto, pero la majestuosidad de las panorámicas merece la pena. Además, la vegetación en esta zona es virgen y está salpicada de pintorescos chiringuitos playeros -como el imprescindible Coconuts.

¿Cuál ha sido mi último descubrimiento hotelero? Un solo para adultos de lujo que te va a enamorar, Live Aqua Beach Resort Cancún. Con todo incluido -pero con mucha calidad- es un complejo con unas vistas excepcionales y unas suites amplias y luminosas con vistas al mar. Además, está junto a La Isla, el mall más famoso de la zona hotelera. Su infinity pool es perfecta para relajarse y hacer unas fotos estupendas, y sus cabañas de playa están rozando la orilla el mar Caribe. Uno de sus puntos fuertes es la amplia variedad gastronómica que ofrece: cuenta con varios restaurantes (cocina japonesa, asiática, italiana, mediterránea …), pero la parada obligada es el restaurante MB de cocina de autor; ¡es perfecto para una cena especial! En sus instalaciones vas a sentirte plenamente segura puesto que han implementado un protocolo que aúna más de 700 medidas de seguridad para prevenir el COVID-19. ¿Un plus adicional? El excelente trato que recibes, los detalles con los que te agasajan y el servicio de Concierge.

Gastronomía. La oferta gastro es infinita y para todos los bolsillos, pero te recomiendo que visites Puerto Cancún, el sitio de moda frecuentado por los locales. Allí, además de hacer shopping, tienes que parar a comer en el elegante Montemar -excelente cocina y con estupendas vistas- o a cenar en Cao con un ambiente más canalla y una carta de platos mexicanos.  También es imprescindible acudir mientras cae el sol a alguno de los restaurantes de la laguna -como Puerto Madero o el japonés Tora-. Además de disfrutar de un entorno genuino, puedes llegar a ver alguno de los dos mil cocodrilos que la habitan.

La vida nocturna. La noche de Cancún dura 24 horas gracias a la intensa fiesta y marcha que se vive en las discotecas, bares y restaurantes que abundan en la zona hotelera. Coco Bongo es el establecimiento más célebre -al menos una noche hay que bailar al ritmo de sus animadores-, pero alrededor hay múltiples opciones de ocio para todos los gustos: bares, salas de fiestas, terrazas, restaurantes, shopping… Y no resulta extraño terminar la fiesta viendo amanecer en la orilla del mar Caribe, que se encuentra a pocos metros de esta zona de ocio ideal para noctámbulas.

Golf. Pok-ta-pok es un campo de golf ubicado entre la laguna y el mar, con dieciocho hoyos, entre los que se ocultan algunas ruinas mayas. Pero en la actualidad no hay que dejar de conocer los campos de playa Mujeres y Puerto Cancún.

Apunta estos consejos.

  • Explora todos los cenotes y ríos subterráneos que puedas.
  • Si buscas una playa más tranquila Xcacel puede ser una buena opción.
  • Si viajas con niños no dejes de visitar los parques temáticos de Xcaret, Xplor, Xel-Ha.
  • Adéntrate en el D-Lounge del Ritz Carlton para degustar alguna de las etiquetas de su colección de más de cien tequilas en un marco incomparable.
  • ¿El paraje definitivo e inexplorado? El paraíso de isla Blanca.

Exprime Madrid en verano

Si te quedas en la capital durante las próximas semanas, algo que será de lo más común en este atípico verano, no te preocupes; hoy te doy las mejores pistas para organizar algunos planes gastro de lo más diverso. ¡Apunta y disfruta!

Una velada familiar. Después del confinamiento, apreciamos más que nunca el aire puro, los espacios verdes, los árboles y escuchar el trino de los pájaros a nuestro alrededor. Si quieres disfrutar de un espacio natural, con una coqueta y amplia terraza muy cerca de Madrid (a tan solo diez minutos de plaza de Castilla, entre Alcobendas y San Sebastián de los Reyes), Tejas Verdes es una opción ideal. Se come muy bien y el entorno es de lo más apetecible. Su carta se basa en el mercado y en la estacionalidad del producto, en la cocina casera de toda la vida y los platos tradicionales. ¿Qué puedes pedir? Ahora durante el buen tiempo una rica ensalada de tomate y ventresca, un salmorejo fresquito, ensaladilla, gambas cristal con mayonesa de lima, su tempura de verduras con rabas con romescu, unos bocartes a la bilbaína deliciosos… Ahora estamos en temporada de bonito y lo hacen muy rico. Pídelo a la cantábrica. Entre sus segundos, una lubina a la sal, el tataki de atún rojo o el cogote de merluza; si eres carnívora te puedes decantar por un gran chuletón o el steak tartare elaborado ante el comensal. Y toma nota para cuando llegue el frío: sus salones interiores disponen de dos chimeneas, perfectas para comer o cenar frente al fuego y disfrutar de un contundente plato de cuchara, un guiso o un suculento asado.

Un homenaje gastro (y gluten free).  Uno de mis últimos descubrimientos de la capital y absolutamente recomendable. Eso sí, os aviso: este restaurante es perfecto para los amantes de la cocina vasca y para las que os gusta comer de verdad. ¡Sus raciones no defraudan! Hablo de Nebak, un nuevo restaurante ubicado junto al Congreso de Los Diputados (calle Zorrilla, 11). Una carta repleta de las recetas más tradicionales elaboradas con un producto de excelente calidad. ¿Otro valor añadido adicional? Todos sus platos se elaboran libres de gluten al 100%. Para el verano resultan ideales platos como el timbal de pimientos rojos asados y confitados, con ventresca de bonito, cebolla confitada y anchoas del Cantábrico (para mí un entrante redondo); las almejas finas del Cantábrico a la sartén y al txakoli; su lingote de foie hecho en casa o el salmorejo con tomate de Baserri, guarnición de verduras y txangurro, otro plato excelente. Entre los guisos tradicionales os aconsejo el rabo deshuesado de vaca ahumado y relleno con foie fresco o el arroz caldoso con bogavante en cazuela de barro, que es uno de los platos estrella de esta casa. Otra recomendación: no te pierdas su degustación de bacalao al pil-pil, vizcaína y Club Ranero.  Entre las carnes siempre es una garantía pedir sus chuletones con maduración mínima de sesenta días, acompañados de patatas fritas caseras y pimientos de Guernica. En cuanto a los postres atrévete con dos especialidades vascas muy complicadas de probar en la capital: goxua e intxaursalsa.

Una cena clásica en pleno Serrano. Si lo que prefieres es disfrutar de una cena en pleno barrio de Salamanca, en una terraza elegante en las que la calidad del producto no falla, Hevia es tu opción. Llevan más de cincuenta años dando de comer bien en una atmósfera elegante, con manteles largos, flores frescas e hilo musical, con un estilo que recuerda a las terrazas parisinas.  Podéis comenzar con entrantes ligeros como una buena gamba roja de Denia y blanca de Huelva, unas ostras gallegas o sus cigalitas. A mí me encanta su selección de ahumados con guarnición o el revuelto de tuétano con trufa negra. Dentro de los principales nunca me pierdo el tronco de bonito escabechado en salsa de perdiz, una auténtica delicia, aunque también están muy ricos el lenguado, el solomillo a la brasa con ajitos, el steak tartar -también muy apetecible y fresquito ahora en verano- y los chipirones en su tinta.

Noches de verano en el Club de Campo. ¡Y para todos, no hace falta que seas socio para entrar al restaurante! Estas semanas puedes disfrutar de la cocina de Luke Jang (el chef del más que que recomendable restaurante LUKE) al aire libre y con las vistas estupendas que ofrece este lugar tan privilegiado de Madrid. No te pierdas platos como las kyozas de ternera con mahonesa de wasabi o el bacalao confitado con vinagreta suave de curry rojo. Si prefieres una una experiencia más informal elige los sofás de la terraza; allí tienes a tu disposición la carta de las Tapas del Social, entre los cuales se encuentran bocados tan icónicos de la barra de LUKE como el bao bun y la gilda coreana.

¡Cómete (y disfruta) Valencia!

Este agosto el Mediterráneo apetece más que nunca. Por eso hoy te desvelo alguno de mis rincones favoritos de Valencia. La ciudad se ha convertido en un referente gastro con todo el encanto que atesoran las capitales situadas a orillas del mar. ¡Apunta estas direcciones! Te encantarán.

Alta cocina creativa. Ricard Camarena es una parada imprescindible. El establecimiento que lleva su nombre está ubicado en un espacio espectacular, fue una antigua fábrica de bombas hidráulicas. En sus platos se aprecia el respeto a las raíces de su tierra y unas presentaciones cuidadas al detalle. No te pierdas las alcachofas con anguila o a la ostra valenciana. Camarena tiene también un restaurante informal, Canalla Bistró, con un buen nivel en la mayoría de los platos, pero a precios mucho más asequibles.

Estrenando estrella. La Salita, de Begoña Rodrigo, es perfecta para una cena estupenda. Su tratamiento de las verduras te va a emocionar. Los precios de los menús son moderados pese a estar galardonada por Michelin. Hay algunos pases para aplaudir, como el falso risotto de all i pebre o el huevo, guisantes y manitas con mantequilla de cigalas (la chef elabora unas mantequillas riquísimas y originales). Buen servicio y gran puesta en escena que convierten esta visita en una experiencia sensorial.

Muy buenas vistas. En la última planta del icónico edificio Veles e Vents, en pleno puerto, se encuentra La Sucursal, perfecto para visitarlo al mediodía para disfrutar de su luminosidad, su terraza, y las vistas a la ciudad y mar. Destaca la cocina abierta, corazón de la sala. La propuesta se centra en menús degustación a base de productos de temporada. Estupendos los aperitivos que abren el menú, como el dentell de gamba blanca, la corteza de mar, el tomate de rama en tempura relleno de jabugo y kimchi o el pepito de Titaina.

 La paella. En Valencia se come buen arroz en casi todas partes. Pero yo elijo Casa Carmela toda una institución en la ciudad. Un restaurante de los de toda la vida, decorado con azulejos tradicionales y ubicado en la playa de la Malvarrosa. Elaboran la paella a fuego de leña de naranjo, con ingredientes de calidad -conejo, pollo, caracol, alcachofa fresca, garrofó de vaina y el bajocó de ferradura-, el punto justo de socarrat y respetando la receta… ¡de su bisabuela!

El beach club. Imprescindible la visita a La Marina ubicado en la playa de Las Arenas, uno de los mejores complejos de ocio y gastronomía más cool del Mediterráneo, que engloba diferentes espacios conectados entre sí. Su restaurante ofrece una cocina que fusiona tradición y vanguardia, con buenos arroces y pescados. Pero lo mejor es pasar el día en sus piscinas sobre la arena del mar o tomar unas copas por la noche en sus siempre animadísimas terrazas.

El mejor alojamiento. Las Arenas es un balneario de lujo ubicado sobre la arena del Mediterráneo, un establecimiento ideal para disfrutar de un fin de semana de alto standing junto al mar. Cuentan con una oferta culinaria de altura y un área chill out para disfrutar de un atardecer tranquilo en un ambiente elegante. Al lado hay bastantes chiringuitos a pie de playa donde tienes que probar el mítico -y único- arroz rojo del restaurante Neptuno.

La escapada. Cerca de la ciudad no os perdáis esta joya gastronómica y su entorno bucólico. La Alquería de brosquil está situada en un gran caserío con techos de madera y amplios ventanales. Es un lugar de referencia para los valencianos. Atención a su arroz al horno y al meloso de pato, son brutales. Dentro del parque natural de la Albufera puedes elegir la arrocería Duna, a pocos metros del mar y en el interior de una finca de naranjos. Pide la fideuà de fideo fino  y el arroz de cigala con alcachofas. Termina con un gin-tonic para disfrutar de una sobremesa inolvidable rodeada de naturaleza.

Especial golosas. Visita la confitería-bombonería Rosa de Jericó y llévate unas naranjas confitadas, los florentinos y el pan quemado. Y, por supuesto, no puedes marcharte de Valencia sin probar la horchata de chufa. Daniel Alboraya es posiblemente la horchatería más emblemática de la ciudad. En El Tendre la elaboran artesanalmente desde 1949 y otro que nunca defrauda es Agustí; toma nota: allí también tienes que disfrutar de sus helados de leche merengada.

 

¿Escapada a Roma? Apunta estas seis paradas con encanto

Este año, seguramente, vamos a tener que dejar atrás nuestros sueños de viajes lejanos y exóticos. Pero que no cunda el desánimo: además de los inigualables rincones de España las principales capitales europeas son una maravilla. Una escapada para visitarlas es un plan tan bienvenido como apetecible. Hoy os descubro algunas de mis paradas obligatorias en Roma. ¡Toma nota!

Un desayuno con vistas. Lo confieso: el majestuoso edificio del Panteón es uno de mis favoritos del mundo entero. Siento absoluta fascinación por su arquitectura, pero… ¿quién no? Junto con el castillo del Ángel y la plaza Navona son mis tres visitas imprescindibles siempre que visito la ciudad: jamás me cansaré de contemplar su belleza. A pocos pasos se encuentra La Casa del Caffe muy popular y que, además, tiene unos precios por debajo de los habituales en la ciudad. Es un pequeño café con encanto, siempre animado y muchos romanos paran aquí para saborear su taza matutina.

El café legendario. Otro de los lugares a los que vuelvo en cada ocasión. Inaugurado en 1760, el Caffè Greco está considerado el café más antiguo de la ciudad y el segundo más antiguo de Italia (detrás del veneciano Florian, que abrió sus puertas en 1720). Se encuentra en plena Via Condotti -atención a sus tiendas y escaparates-, junto a la plaza de España. En cuanto lo pisas retrocedes en el tiempo. Su decoración es una oda a los detalles vintage y a las pequeñas de obras de arte. Un consejo: pide su vermut porque lo acompañan de una torre de aperitivos.

 

Las encantadoras tabernas romanas. Cuando viajas a la capital italiana tienes que conocer sus osterias; locales en los que se prueba comida rica y casera a precios populares. Casi ninguna defrauda, pero os recomiendo dos:

  • Margutta, cerca de la Vía del Corso con su ambiente romántico y vintage. Es ideal para una cena.
  • La Carbonara lleva abierta más de un siglo. ¡No te marches sin escribir un mensaje en sus paredes! Es su seña de identidad.

Los ultramarinos (o salumerias). Si te gustan las delicatessen y productos tradicionales, este es tu sitio. Son establecimientos similares a nuestros ultramarinos en los que se sirven bocados típicos de calidad. En un entorno auténtico se prueban los mejores quesos, panes recién horneados, embutidos, aceites, conservas o vinos. Acude a Salumeria Roscioli, inaugurada en 1824. En sus tres espacios podrás disfrutar de más de trescientos tipos de quesos, cien tipos de embutidos o la extensa bodega que alberga más de tres mil etiquetas.

 

La cocina de la mamma. El Quadraro Vecchio merece una parada: este barrio es una joya. Aquí se ubica Grandma Bistrot una osteria coqueta, con flores frescas en las mesas, pan casero y una carta que incluye recetas de toda la vida con un toque contemporáneo. No faltan las propuestas veganas y una interesante selección de cervezas artesanales y vinos. Los domingos sirven un brunch que merece la pena.

Al rico helado. En Il Gelato di San Crispino serás feliz: copas, tarrinas, bolas, sorbetes, merengues… Todos se elaboran con productos naturales y la variedad de sabores es interminable: melón, uva, frutos rojos, Marsala, café, nata, bergamota, cítricos, cacao, gorgonzola, Amaretto, caramelo, Armañac… La estrella es el helado gourmet de San Crispino con crema de miel.

Un cóctel al caer la tarde. Imperdibles estas dos direcciones. ¡Sus panorámicas son ideales para subir a Instagram!

  • Hotel Raphaël. Un Relais&Châteaux de lujo situado cerca de la plaza Navona. Tiene un jardín interior precioso y una terraza para disfrutar de la puesta de sol mientras contemplas las cúpulas y tejados de la Ciudad Eterna. Si quieres organizar una cena romántica, su restaurante es ideal.
  • Atlante Roof Garden. Es una de las terrazas más bonitas de Roma, no solamente por sus espléndidas vistas sino por su decoración elegante, cuidada al detalle y cuajada de flores y vegetación. Muy recomendable también el brunch dominical.

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El restaurante del que todo el mundo habla en Madrid.

 Saddle se ha convertido en tema de conversación recurrente entre todos los que buscan la excelencia gastronómica. ¿Ha llegado el que puede convertirse en un clásico de la restauración? Sus primeros pasos así lo avalan… Después de una reforma integral del espacio que albergó al icónico Jockey (con el que únicamente comparte dirección porque son muy diferentes), Saddle se ha propuesto que cada comensal disfrute de una experiencia de máxima calidad en producto, cocina, servicio y entorno. Os descubro todos los detalles…

El espacio. No se trata de un restaurante al uso. ¡Tiene más de 1.600 metros y varios ambientes diferentes! El salón principal, elegante, amplio y con buena separación entre mesas, está coronado por un gran lucernario que le aporta luminosidad. Para los que buscan intimidad, dedican una planta completa a sus reservados, uno de sus tesoros más preciados. Estos reservados, con recepción propia, van desde los dos hasta los veinticuatro comensales. Se accede a través de unos ascensores privados salvaguardando la privacidad de quienes no quieren dejarse ver por las zonas comunes. El lobby bar es el espacio más casual. Su propuesta gastronómica gira en torno a la barra y al concepto tapeo, pero basado en una excelente materia prima y en dar protagonismo al producto.

La decoración. Construye Capital ha llevado a cabo el proyecto de total renovación del espacio y Studio Gronda se ha encargado del interiorismo. El resultado son diferentes ambientes bien delimitados en los que destacan materiales nobles como maderas, sedas o el bronce. La iluminación natural, gracias al lucernario que la preside y a un coqueto jardín interior, destaca en el salón principal.

El equipo. Está constituido por más de cincuenta profesionales que trabajan bajo la batuta de Carlos García Mayoralas, director del restaurante.

  • El chef. Adolfo Santos se encuentra al mando de los fogones. Su propuesta gastronómica gira alrededor de la tradición bien ejecutada. La temporalidad es otro de los valores que defienden en la cocina. La carta ha sido diseñada dependiendo de la estacionalidad para adaptarse a los productos de temporada. Hay propuestas diarias fuera de carta basadas en las mejores propuestas de mercado. Merece la pena probar estas sugerencias.
  • La sala. El servicio de sala está liderado por Stefano Buscema. ¿Su objetivo prioritario? Que los comensales se sientan como en casa.
  • El sumiller. El encargado del vino es Israel Ramírez que busca una oferta basada en la mejor calidad, pero respetando el arraigo por la tradición.
  • El barman. Alberto Fernández ha diseñado una carta de cócteles que fusiona los códigos clásicos con las tendencias actuales. ¡No os podéis perder sus cócteles! Se divide en tres secciones: sours, clásicos contemporáneos y efímeros, en homenaje también a los productos de temporada; buscan desde distribuidores remotos en la India hasta los locales de la sierra de Guadarrama para sorprender. Hay combinaciones tan interesantes que merecen una visita en sí misma para probarlas.

La cocina. Se basa en el respeto al producto, la tradición y la temporalidad. Todos los platos son servidos con ceremonia y refinamiento. Algunas de las especialidades imprescindibles de la carta (cambia por temporada) son: el pichón Mont Royal, la lasaña fría con buey de mar y bogavante, el lenguado Meunière, el mero salvaje con escabeche de aceitunas y puré de chirivías, el foie gras entier, la gamba roja de Garrucha, el arroz meloso con setas, pato azulón y trufa negra o el rodaballo salvaje. En la carta de invierno probé dos platos sobresalientes: el cardo rojo con beurre blanc ibérica y angulas y los guisantes con salsa de menta, sapietas y papada confitada. ¡Espero que los retomen con el frío! Un acierto de Saddle: hay opción de pedir medias raciones en bastantes propuestas de la carta.

En el lobby se pueden degustar bocados tan apetecibles como anchoas, jamón ibérico, quesos, ostras Amelie, caviar, navajas ligeramente escabechadas, salmón marinado con encurtidos caseros, salazón de corzo o su espléndida gilda (anchoa, navaja, piparra, percebes, gordal y pescado de lonja). La carta de postres es corta pero cuidada, con especial mención a la imperdible selección de quesos. Ojo a Estaciones, su menú degustación que consta de diez pases.

La bodega. Saddle dispone de más de 1.400 referencias entre las que se encuentran auténticas joyas. Lo mejor es ponerse en manos del sumiller y dejarse sorprender por sus propuestas. Además, ofrece una gran selección de vinos por copas, pensados para satisfacer los gustos personalizados de cada comensal. La bodega cuenta con 200 referencias de champán de grandes maisons y pequeños productores. Si sois amantes de los destilados aquí encontraréis vuestro particular paraíso en el carro del restaurante… ¡con más de 460 referencias! Algunas de estas etiquetas proceden de destilerías extintas, lo que supone encontrar botellas únicas.

¿Quién está detrás de este proyecto? Los accionistas son 100% españoles, apasionados de la restauración, aunque sin experiencia previa en este ámbito, donde destacan con participaciones mayoritarias iKasa y Marcapital.

¿Merece la pena? Sin duda es una opción imprescindible para los que buscamos una experiencia gastro que va más allá de la buena cocina, siendo conscientes de que la alta calidad se paga. Aquí se viene a disfrutar del servicio, de los detalles, de los carritos, de la impresionante selección de vinos, destilados y cócteles, de los rituales que acompañan a cada plato e incluso de la manera personalizada de preparar los cafés y los tés.

 

¡Apunta lo mejor de Menorca!

Sin duda, Menorca es una de mis islas favoritas no solo de España sino de Europa. Es una pequeña, pero llena de historia y misterios: la isla del viento y la tramontana. Tranquilidad, paisajes únicos, aguas cristalinas y una estupenda gastronomía la convierten en un destino privilegiado. ¿Qué hacer en esta isla balear, una de las más paradisíacas del Mediterráneo? Hoy os doy las mejores pistas.

Las calas. Son uno de sus principales encantos. La mayoría solo son accesibles por mar o caminando a través de senderos agrestes y atravesando bosques de pinos. Algunas de las imprescindibles:

  • Trebalúger. De arena blanca, con dunas y un pequeño manantial flanqueado por un bosque de pinos.
  • Cala Pregonda. Un rincón mítico por los contrastes del azul del agua, el dorado de la arena, el rojizo de las rocas y el verde de los pinares.
  • Cala Galdana. Es una de las playas más grandes de la isla. Rodeada de hoteles, restaurantes (como El Mirador con unas panorámicas sublimes) y cafeterías.
  • Una de mis favoritas; una cala virgen de aguas turquesas que me recuerdan al mar Caribe.
  • Cala Font. ¡Aquí se viene a comer! Es una pintoresca cala de pescadores ubicada en Es Castell repleta de restaurantes cerca del agua.
  • Macarella y Macareta. Macarella es la cala más conocida de Menorca, al menos su imagen es la habitual en las postales. Está junto a Macarelleta, su hermana pequeña y nudista, situada en la misma bahía.
  • Cala en Porter. Su agua azul, su arena blanca y su geografía, con grandes acantilados a ambos lados, la convierten en una de las más fascinantes. Recomendable comer Club Menorca, literalmente suspendido sobre las rocas del acantilado. Y se puede ir caminando a un imprescindible: Cova de´n Xoroi, una cueva situada en un enorme acantilado que cuenta con diversas terrazas y miradores a distintas alturas.

Los restaurantes de obligada visita.

  • Sa Pedrera d’es Pujol. Para mí el número uno de la isla. Tradición payesa, excelentes materias primas locales y una apuesta por el sabor.
  • Jágaro. Parada obligada en el puerto de Mahón. Ricos pescados, arroces, pero sobre todo hay que probar su creación exclusiva: la langosta frita con huevo y patatas fritas.
  • Es Molí de Foc. Obligatorio para las más arroceras. También deliciosos el atún, el conejo, y la fideuá negra de níscalos, rape y calamar.

Mis tres alojamientos preferidos (y con distintos estilos).

  • San Ignasi. Semilujo en un entorno idílico. Ocupa una casona restaurada del siglo XVIII en las inmediaciones de Ciudadela. Cuenta con ese encanto irresistible que mezcla lo rural con lo más chic.
  • Barceló Hamilton. ¡Solo para adultos! Cuenta con una privilegiada ubicación sobre acantilados que dan a la bocana del puerto de Mahón. Desde su fabulosa azotea, se disfruta de una de las vistas más espectaculares de la entrada a la capital menorquina.
  • Insotel Punta Prima. Suites de lujo en primera línea de playa. Con un estilo típicamente menorquín, cuenta con 52 espaciosas prestige suites.

¡De shopping! Imposible no llevarse el delicioso queso autóctono de Mahón, las ensaimadas tradicionales (sin relleno o de chocolate, sobrasada, cabello de ángel, dulce de leche…). Y por supuesto las comodísimas y artesanales abarcas: de piel, bordadas, de fantasía, animal print… Lo confieso: soy una fan devota de este calzado. ¡Las colecciono!

Un plus, sus faros. A pesar de su tamaño, Menorca tiene cinco faros. El de la isla del Aire, ubicado al sudeste de la isla; el de Punta Nati; el del cabo de Artrutx, muy cerca de Ciudadela, de gran altura, y que en los días claros ofrece espléndidas vistas de Mallorca; el de Favaritx, dentro del único parque natural. Pero el más peculiar y visita obligada, es el faro de Cavallería, en la parte más septentrional de la isla, sobre el cabo de igual nombre, reposando en un acantilado de casi cien metros. Al atractivo del espectáculo del entorno natural y de unas inolvidables puestas de sol, se añade la belleza del camino.

Mis imprescindibles de Santander

 

Santander es una de mis ciudades favoritas de España. Lo tiene casi todo excepto un clima excepcional; eso sí, sus días despejados y soleados son inolvidables. Un fabuloso paseo marítimo, la playa casi virgen de El Puntal, el surf en Somo, moda estupenda, la tradición del vermut, unos alrededores de ensueño y una gastronomía -tanto de tapeo como de mesa y mantel- increíble. Si elegís la capital cántabra este verano (absolutamente recomendable) comparto con vosotras algunas visitas que nunca me pierdo. ¡Tomad nota!

Oda al pescado. Mejor acudir después del desayuno, cuando los más de 80 puestos están repletos de género. Vais a contemplar los mejores frutos del Cantábrico recién pescados. Pasear por los pasillos del mercado de la Esperanza es un placer. Encontraréis un festival de merluzas, rodaballos, lenguados, rapes, bocartes, atunes, bonito, machotes, percebes, cigalas, zamburiñas, centollas, bogavante, caracolillos, almejas…

El tapeo. En la zona del Cañadío, Puerto Chico y en Río de la Pila, hay decenas de locales para tapear. Acude a El Diluvio para disfrutar su tortilla de patatas con callos, el pincho de mollejas con setas, el de pisto con patatas o el de filete ruso con salsa de queso. Tampoco hay que perderse los mejillones y los arroces del Machi. Y otra parada imprescindible para las tapas: Casa Lita. Su barra es un paraíso de los pinchos.

El vermut. A mí me encanta. Y en Santander existe tradición de salir a tomarlo al mediodía, así que yo feliz de mimetizarme con las costumbres locales…  Lo preparan fenomenal y lo acompañan de gildas, rabas recién hechas, gambas… El Solorzano (la vermutería por excelencia de la ciudad), bodega La Montaña o La Gilda (y sus deliciosos mejillones) son mis recomendaciones.

Para todos los bolsillos. El Puerto Pesquero cuenta con una zona de restaurantes para pedir platos de cuchara, pescado y marisco a precios más que aceptables. Los Peñucas es el restaurante más popular y su arroz marinero, la parrillada o su marmita de temporada son indispensables.

Al rico marisco. Marucho siempre es una garantía. Excelentes almejas -su salsa verde es magnífica-, maseras, cigalas, percebes, besugos o rodaballos. El inconveniente es que el local cuenta con muy pocas mesas y conseguir una es complicado.

De chiringuitos. Imprescindible conocer la playa de El Puntal, solo accesible por barco. Salen lanchas diarias a todas horas en verano desde el paseo de Pereda. Hay un chiringuito a poco más de diez metros de la orilla y del embarcadero, que ofrece todo tipo de buenas raciones y de pescado fresco. Hay otro segundo chiringuito (su bonito es gloria bendita) más tranquilo al que se llega después de un paseo de una media hora.

De tiros largos. Imprescindible El Serbal con estrella Michelin. Elaboran platos de alta cocina basados en la materia prima de la tierra (buenísimo el arroz con canetón). Para los amantes de la cocina especializada en marisco, recetas caseras y pescado fresquísimo, El Puerto y La Mulata son excelentes opciones.

¡Al rico cocido montañés! Imperdible probar este contundente plato de cuchara -o el lebaniego-, servido en casi todos los restaurantes santanderinos y a puchero completo.  En Fuente De cuesta menos de diez euros.  Las raciones de este local como el queso picón, los pimientos del piquillo, el lacón o las croquetas caseras, son abundantes y baratas. Un consejo: hay que terminar con su “digestivo” té del puerto…

La escapada romántica. Una casa señorial del siglo XVII en un entorno montañés con ambientación de cuento. Así es Camino Real de Selores, un hotelito ubicado en una aldea del valle de Cabuérniga (el lugar merece una visita) donde se disfruta de pura naturaleza. Su restaurante ofrece un entorno íntimo, con velas en las mesas y buena cocina con productos de la tierra.

Las excursiones gastro. Una de las más reconocidas marisquerías está en la playa de Somo, punto de encuentro de surferos. En El Galeón no dejes de pedir las almejas gordas a la sartén, el salpicón, las cigalitas vivas fritas, el tartar de atún rojo de Balfegó, el arroz con bogavante, los judiones con changurro, el bonito en temporada o la lubina del Cantábrico. La langosta la preparan sobresaliente. Los amantes de conocer estrellas Michelin tienen una parada obligada en El Cenador de Amós. Ubicado en una preciosa casona-palacio del siglo XVIII de Villaverde de Pontones, solamente por el entorno ya merece la pena el desplazamiento.

Una cena especial. Para una velada para dos elige Deluz. Está a cinco minutos de El Sardinero, en un coqueto chalet de los años 50 rodeado de un jardín inglés que fue la residencia de los abuelos de los propietarios. Todavía conserva muchos detalles de la decoración original. Una atmosfera íntima, ideal para celebrar.

Este verano me quedo en nuestras islas

¡Por fin empezamos a ver la luz! Han sido unas semanas durísimas para todos y somos conscientes de que este año el verano será diferente y tendremos que planificar escapadas a destinos cercanos. Pero, afortunadamente, España es uno de los mejores países del mundo para viajar. Contamos con rincones maravillosos en cada provincia. Por eso hoy os recomiendo tres de nuestras islas. Espero que os puedan inspirar para vuestras vacaciones. ¡Allá vamos!

 

Diversidad tropical. Desde la primera vez que pisé las Islas Canarias me enamoraron. Buscamos destinos lejanos, pero nuestro archipiélago tiene casi todo lo que soñamos de un paraíso tropical. Y un clima increíble durante todo el año. Gran Canaria se está preparando ya para el regreso del turismo. Las más urbanitas podrán disfrutar de su capital de vanguardia, Las Palmas. Pero no os perdáis sus playas del sur y la Reserva Natural de Maspalomas, con sus kilómetros de arenas, las dunas y sus pequeños oasis de palmeras. Durante los últimos días acapara titulares porque han recuperado su esplendor debido a la ausencia de pisadas y vuelve a lucir sus ondulaciones naturales. Toda la zona de la Reserva es un valioso espacio natural. Muy cerca, la Playa del Inglés es una de las más animadas. No os perdáis el pueblecito marinero de Arguineguín; Patalavaca, Puerto Rico, urbanización pionera en la oferta náutica y Mogán, una encantadora villa marinera con su puerto pesquero y deportivo; a mí me encanta y siempre me reservo una mañana o una tarde para visitarlo. Aunque soy adepta al mar, reconozco que el interior es sorprendente con sus barrancos, desfiladeros, bosques, cráteres, fincas de plataneras, sus más de cien especies de flora y fauna local. Una de las fotos obligatorias la vais a encontrar en la Caldera de Tejeda: allí contemplaréis el Roque Nublo, una roca basáltica en forma de monolito de gran altura surgida como consecuencia de la actividad volcánica y la erosión. Y un aviso: su gastronomía os va a encantar.

Especial senderistas. Permanecemos en las Canarias, aunque ahora me centro en un destino que hará las delicias de las que vayáis buscando naturaleza pura. La Palma, Reserva de la Biosfera, es abrupta, semivirgen, bella, sorprendente… Cuenta con una amplia diversidad paisajística y climática que hacen de ella una isla fascinante. Sus paisajes, y fauna y flora autóctona resultan inolvidables. Es un destino maravilloso para las que busquéis rutas de senderismo. Os recomiendo la ruta de Marcos y Cordero (aunque es para expertos) por sus caminos de laurisilva, túneles con agua, barrancos vistas asombrosas y los trece túneles que hay que atravesar. Imprescindible el Parque Nacional de la Caldera con sus extraordinarios paisajes cuajados de cumbres, arroyos y cascadas. Existen diversos senderos en su interior, pero uno de los mejores es el que empieza en Los Brecitos. Otra caminata imprescindible empieza en el Roque de Los Muchachos, el punto más alto de la isla. Es un sendero exigente que regala unas panorámicas espectaculares.

La Mallorca más auténtica. Sabéis de mi preferencia por esta isla de la que ya os he hablado en alguna ocasión. Adoro su interior: la Tramontana, Deià y, sobre todo, Valldemossa, cuya visita no me cansaré de recomendar, así como mi alojamiento favorito: el que lleva el nombre del municipio, el hotel Valldemossa. Si pernoctáis en Palma, la capital, os recomiendo que visitéis comercios genuinos, familiares, que reflejan la historia y la identidad de la ciudad. Como, por ejemplo, el Horno Santo Cristo. Fundado en 1910 aquí se pueden encontrar los más auténticos productos típicos de la isla, elaborados de forma artesanal, con fidelidad a las recetas tradicionales. Además de las ensaimadas (lisas, con cabello de ángel, crema, sobrasada, chocolate, mazapán, crema quemada, albaricoque, sobrasada con miel, dulce de leche…) podéis probar empanadas, robiols, cocas, mini cremadillos o la deliciosa sobrasada de cerdo negro mallorquín. Si queréis disfrutas de la artesanía del vidrio, tenéis que acudir a Vitrales Fiol. Esta empresa familiar ha diseñado más de 10.000 obras artísticas únicas. Especializados en emplomados y técnicas como el Tiffany, fusing y las grisallas, fabrican figuras típicas mallorquinas, lámparas, joyas, platos decorativos y bandejas ideales para decorar nuestras casas. ¡Y ayudamos al comercio local!

Los mejores restaurantes de Madrid en tu mesa

El cambio de hábitos que estamos experimentando durante estas semanas -muchos de los cuales han llegado para quedarse- ha llegado a todos los ámbitos. Acabo de hacer un descubrimiento que me ha encantado y que comparto con vosotras. ¡La alta cocina madrileña también se ha apuntado al servicio a domicilio!

Horcher. Obviamente no es para que pidamos comida allí a diario, pero puede ser una opción excelente para las celebraciones especiales que nos estamos viendo obligados a celebrar encerrados: cumpleaños, aniversarios, nacimientos… El emblemático restaurante madrileño nos trae a nuestra mesa una selección de su carta. Entre los platos que podemos disfrutar dentro de este servicio, incluyen en su propuesta entrantes como jamón de Guijuelo, terrina de foie de oca con higos picantes, salmón marinado a la rusa, anguila ahumada con salsa de rábano picante (¡me encanta!), ensalada de bogavante, gazpacho Horcher, salpicón de bogavante o arenques a la crema. En los platos principales se pueden encontrar ragout de lenguado con carabineros, codillo con chucrut y puré de patata, goulash a la húngara con puré de patata, langostinos al curry verde con arroz salvaje, steak tartar (de los mejores de la capital), escalopines vienesa con ensalada de patata, Stroganoff a la mostaza de Pommery con Spätzle (uno de sus platos míticos) o pollito de grano a la bonne femme con puré de patata trufado. Para endulzar la comida, su famoso Baumkuchen con salsa de chocolate y crema Chantilly, junto al strudel a la vienesa y el crumble de manzana, entre otros. También disponen de una selección de vinos por botella, además de champanes y cavas. Para poder disfrutar de Horcher en casa los encargos se deben hacer el día anterior antes de las 20:30 horas a través del teléfono 91 522 07 31. La entrega se realizará entre las 12:00h y las 14:00h. El pedido mínimo para efectuar el servicio a domicilio debe de ser superior a 60 euros, aunque podéis recoger en el propio restaurante sin pedido mínimo.

Viridiana. La cocina de Abraham García es de esas experiencias inolvidables que hay que probar, al menos, una vez en la vida. Creo que es primer chef español que hizo fusión de altura cuando ese concepto ni existía. Su sartén de huevos de gallina con mousse de hongos y trufa fresca rallada es uno mis platos memorables favoritos de todos los tiempos. Pues bien, Viridiana también se ha apuntado a servirnos sus delicatessen a domicilio con su propuesta “Caprichos compartidos”. Entre la selección de platos que podemos disfrutar en nuestro salón se encuentra el gazpacho de fresones con jamón ibérico, el tartar de arenques del Báltico marinados, las lentejas al curry con langostinos y toque de sobrasada balear (otra de las recetas de Abraham que merecen un monumento), las albóndigas de bonito al cilantro con arroz thai o la carrillera de vaca al amontillado con arroz y guisantes.  ¿Cómo pedir? Por teléfono en el 915 23 44 78 y reparten en todo el perímetro de la M30.

La Ancha. Aunque no es alta cocina, sino gastronomía tradicional de toda la vida, lo incluyo porque es uno de los clásicos capitalinos y de mis favoritos desde siempre. Me encantan sus platos de cuchara y ahora te llevan a casa sus deliciosas lentejas y su pote gallego (en cuanto añadan las alubias de Tolosa de su huerta ya será la felicidad máxima). También soy muy fan de sus tortillas, sobre todo de la trufada, de la que coronan con pulpo a la gallega y de la tortilla guisada con callos, completamente recomendable; todas ellas ahora las podemos disfrutar en casa. Sin olvidar el emblema máximo de esta casa: el escalope Armando, complemente imprescindible para quien no lo haya probado nunca. Un escalope de ternera muy finito, pero de dimensiones XXL y con un punto perfecto. ¡Os aseguro que está riquísimo! Podéis disfrutar de estos platos de toda la vida pidiendo en www.escalopearmando.com