Biltmore, el hotel de Al Capone

Es uno de los gánsters más famosos de todos los tiempos, uno de los hombres que plantó cara al gobierno durante la ley seca y teniendo dinero para alojarse en cualquier sitio, hizo del Biltmore su centro de operaciones en Miami. Al Capone no eligió mal…El complejo es un hotel exclusivo con una fascinante historia que repasamos y un prometedor presente que le convierte en uno de los lugares de referencia de la ciudad. Unas vacaciones en el Biltmore os llenarán de experiencias y os harán sentir una estrella…

Su construcción ya fue una obra de ingeniería fabulosa sustentada en el empeño de George Merrick, un constructor visionario que soñó con hacer de los cayos un auténtico paraíso en la tierra. Comenzó levantando esta mole con la forma de una torre que recuerda a la Giralda porque en ella, efectivamente, se inspiró. Su amor por todo lo Español, que en la época ya le valió el reconocimiento de Alfonso XIII, se ve en muchos detalles del hotel y también en todo Coral Gables donde las calles no tienen nombres con números sino con ciudades Españolas: Granada, Sevilla, Toledo,…

-Es el único lugar en el que pongo el GPS, me dice Henry, mi chófer, si no, no hay forma de enterarse porque no hay lógica ninguna…

Este es el ambiente que eligió nuestro gánster para alojarse: la suite ‘Everglades’ situada en el cielo de la torre, piso 15. Se accede a ella por un único ascensor al que le colocaron espejos para que Capone pudiera evitar las trampas al salir. Se colocaba en una esquina mientras sus hombres de confianza se enfrentaban al exterior en cuanto se abrían las puertas…Arriba espera una enorme habitación con chimenea en la que se dice que se produjo uno de los episodios más sangrientos del lugar, una pelea que acabó con el asesinato de uno de sus guardaespaldas, Fats Walsh. Todavía están las huellas de los balazos que todos los huéspedes de la exclusiva suite de 2000 euros la noche, fotografían sin parar. No se saben muy bien las causas del enfrentamiento, pero es probable que estuviera relacionado con la sala de juego clandestino que, dicen, se esconde tras uno de los paneles de madera; o puede que con los negocios turbios que el gánster tuvo entre manos: prostitución, droga, juego, alcohol,…

En rastro de esa época es todavía tan poderoso que hay quien cree que el alma del guardaespaldas muerto pulula desde entonces por el hotel; y que mueve muebles y hace ruido en su triste penar. Quién quiera seguir los pasos de este mafioso apodado ‘cara cortada’ que murió, dicho sea de paso, de sífilis, que se acerque unas cuadras más allá y pase una tarde en la piscina Veneciana, un complejo al que se accede pagando una módica cantidad de dinero y que está casi como en esa época. Era la favorita de Capone, comentan, porque todavía no se había construido le increíble pileta que actualmente se encuentra en el Biltmore. Se tarda una semana en llenar y se asegura que todavía hoy es la más grande de todo Estados Unidos. Ella sola tiene una gran historia porque aquí fue profesor de natación el Tarzán más conocido, el que nos viene a la cabeza cuando hablamos del ‘rey de los monos’, Johnny Weissmüller.

El nadador fue una auténtica estrella del Hollywood de los años 30 y 40 donde recaló después de haber sido un deportista de élite con un palmarés de primera división: en su carrera se cuentan 5 medallas de oro y una de bronce olímpicas y hasta 67 récords mundiales…Quizá por eso y por lo que gustaban sus espectáculos acuáticos a la exclusiva clientela del Biltmore los gerentes de aquellos años le perdonaron más de un desmán. Weissmüller tenía fama de ángel de día y diablo de noche. Con todos estos antecedentes comprenderéis que solo el hecho de bañarse en esta piscina es una experiencia inigualable que hace que te sientas toda una sirena…

Él no fue la única gran estrella que desfiló por el Biltmore. Esther Williams, protagonista de taquilleras películas por su dominio de la natación sincronizada y conocida por las generaciones posteriores como la madrastra de Lorenzo Lamas, también hizo sus espectáculos en esta alberca cuyo estilo, como el de todo el lugar, ha tomado el peculiar nombre de ‘mediterráneo renacentista’. Ginger Rogers, Bing Crosby, Judy Garland y los Duques de Windsor con la divorciada Wallis a la cabeza, fueron otros de los habituales del lugar.

Por si alguien todavía no le encuentra suficiente historia, recordemos que en la Segunda Guerra Mundial el Biltmore tuvo que ser transformado en un hospital que acogía y curaba a los heridos de la contienda. Un edificio con ese back-ground no es cualquier cosa y eso se siente desde que pones un pie en él. Tiene personalidad y encanto…Está lleno de rincones con sabor y de espacios cargados de energía que otorgan a su presente una fuerza especial.

Su spa también es de primera. Buenas marcas y buenos tratamientos basados en aromaterapia, una técnica con aceites esenciales que ayudan a todo el cuerpo porque se dirigen directamente a los centros nerviosos. Otro de sus puntos fuertes es el gimnasio, que posee 1500 miembros permanentes además de los clientes ocasionales. Su servicio y su monitores son ejemplares, y ofrecen clases de, por ejemplo TRX, un sistema de cintas atadas a la pared, que es una auténtica gozada. Felipe, nuestro experto monitor comienza su tarea a veces a las 6.30 de la mañana, cuando sus clientas comienzan bien el día.

El Biltmore es grandioso, es un símbolo de la ciudad, quizá el más reconocible…Un lugar en el que siempre encuentras refugio, como invitado, como huésped, como vecino, incluso como novios a punto de comenzar una nueva vida. Vienen a retratarse entre sus magníficas paredes con techos abovedados. Quizá tienen la esperanza de que su amor y su matrimonio sea tan firme como este edificio con el que no han podido ni los más fieros huracanes.

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