Vida de un gladiador

Son personajes oscuros y misteriosos cuya vida ha despertado siempre curiosidad, los Gladiadores romanos. Visitamos uno de los Coliseos en pie más espectaculares y mejor conservados del mundo romano…Está en Túnez, se llama El Jem…En sus galerías descubriremos cómo vivían estos luchadores que en cada combate se dejaban la piel.

El Jem es impresionante. Es impresionante por su tamaño, por su esplendor, por todo lo que transmite ahora que hace siglos que ha perdido su utilidad como edificio de ocio de multitudes. Fue el tercer Coliseo más grande del orbe romano. En sus gradas cabían hasta 30.000 espectadores muchos más que los habitantes que por aquel entonces tenía la población. Se llenaba con la plebe que venía de las poblaciones de los alrededores dispuestos a pasar el día entero viendo luchas de distintos tipos: de hombres contra hombres, de hombres contra bestias, de animales…

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Aquí entrenaban y luchaban los gladiadores. Eran en su mayoría esclavos o prisioneros de guerra. También había algún criminal que buscaba hacer fortuna y subir en el escalafón económico, que no en el social. Ninguna mujer de alcurnia podía casarse o tener una relación pública con ninguna de ellos…Ni siquiera aunque tuvieran un nombre reconocido y fueran famosos. tunez 2

Las bestias sacrificadas se traían de todas las partes de África. En los primeros siglos de dominación romana los combates eran a muerte. O el hombre o la fiera morían en el combate. Después las cosas cambiaron porque el ritmo de sacrificios era tal que no se daba abasto. Además, formar a un buen luchador tomaba mucho tiempo y dinero. Por eso los ‘grafitis’ de los alrededores del Coliseo de ‘El Jem’ estaban llenos de los gladiadores estelares, el ‘dream team’ podríamos decir.

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Las principales figuras del escalafón, al igual que diríamos hoy de los toreros, solo participaban en unos cuantos combates al año. 3 o 4, no más. Pero suficientes para mantenerles cómodamente el resto de la temporada. Eran formados por antiguos gladiadores que se habían retirado ya del oficio por las lesiones o por la edad.

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La que podía ser su última noche en este mundo era una noche de placer y excesos. Así lo enseñan algunos de los mosaicos que han llegado hasta nuestros días. Por ejemplo, uno muy curioso que se puede ver en la sala de música del Museo del Bardo… Comían lo que querían y cuanto querían.

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El Jem, en Túnez, es fabuloso y hay que visitarlo al menos una vez en la vida. Su conservación hace que sea muy fácil ponerse en la piel de un hombre, un esclavo o un prisionero de guerra, que espera angustiado en el sótano su turno para jugarse la vida. En la arena puedes imaginar a la gente rugir pidiendo espectáculo y sangre. Es tan fácil verse dentro de una película cuando estás aquí que no se puede dejar pasar la experiencia…

 

 

 

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